En todo este proceso, aquí en España, la oposición del Partido Popular se ha regido por actitudes muy alejadas de sus responsabilidades como entidad que aspira a la gobernación del Estado. Su obsesión, un tanto patologizada, por hacerse con el poder, le ha llevado a utilizar cualquier recurso para desprestigiar y denigrar al núcleo gobernante, no pocas veces "ad hominem", en la persona de Rodríguez Zapatero. Cualquier ocasión o circunstancia le ha sido propicia. Con todo ello ha mostrado una notoria ausencia de criterios que respondieran al interés general, guiándose exclusivamente por sus implicaciones partidarias a corto plazo. Después de pasarse meses hablando de reformas en la contratación o en el presupuesto, cuando esto llega votan en contra y se dicen "los defensores de los trabajadores" (carcajadas). Su objetivo no era otro que provocar la convocatoria de elecciones anticipadas que les lleven al poder. En estricta ortodoxia neoliberal esto es un contradiós. Tampoco se comprende su ansiedad por llegar al gobierno en esta circunstancias, ¿qué es lo que buscan?
Lo que sigue es la patética soflama de todos los días contra todo aquello que ha costado tanto conseguir en el proceso civilizador. También la desinformación sistemática. Una periodista o lo que sea, titulaba: "La convocatoria de elecciones nos hará salir de la crisis" (carcajadas múltiples). Se ha recrudecido el ataque feroz contra los sindicatos, sin coto ni freno. No dicen que desaparezcan, tan solo que sean mansos y se pongan a las órdenes de los amos oscuros. Parece que un vértigo de irresponsabilidad les sacuda. El gobierno sucumbe y uno de sus ministros, vicesecretario además del PSOE, el señor Blanco, proclama: "En este país se ha acabado considerar que hay cosas que son gratis". Al parecer poco importa que los ciudadanos con sus impuestos, sean quienes sostienen el sistema sanitario, el educativo, la protección social y una partecita pequeña de la cultura.
En este páramo, una leve luz: El diario Público (20-VI-2010) ha puesto nombre y foto a siete tiburones de las altas finanzas que han urdido el complot especulativo contra la economía española. Algo es algo. Tienen rostro y una piedra implacable en el cerebro al servicio de ganar dinero. Poco importa el sufrimiento del común. Esta es la naturaleza de un sistema que si no se cambia, tan solo genera inhumanidad. Ya pueden sonreír con suficiencia los Fernando Fernández, Pedro Schwartz, Bernaldo de Quirós y tantos otros. Lo suyo es ante todo ser los mamporreros del gran capital y de su inhumanidad.