El ejemplo es sencillo: desde entonces, con la derrota de los intentos de los ilustrados por el cerrilismo de la alta nobleza, la Inquisición los elementos retrógrados de la Iglesia y el apoyo de un pueblo mantenido en la ignorancia, el servilismo y el fanatismo, se garantizaba la promoción de los mediocres, el imperio de los mediocres, y esa mediocridad iba a presidir la vida española, con escasos periodos de Ilustración renovada. Entre tanto, los hijos más ilustres de España, los más sabios, los más eficaces, los más tesoneros, los más capacitados, los más lúcidos, los más generosos en el esfuerzo, los que sí querían el desarrollo de España en el progreso y la civilidad, se veían recluidos a estar en los márgenes. Y así nos ha ido y nos va.