No obstante les recordaré que los reunidos en Davos, tan entusiastas del mercado y con el negocio puesto entre las cejas antaño, han concluido lo siguiente en su último encuentro: La causa de la crisis ha sido el capitalismo salvaje, la búsqueda de beneficios a corto plazo y a costa de lo que sea. Proponen recuperar el valor del trabajo y el esfuerzo -¡cuántas veces lo habremos dicho en estos desérticos páramos repletos de "listos"!-. Por último, lo más contundente: No hay que salvar a los bancos sino a la humanidad.
Apliquemos de inmediato este programa y verán ustedes como las medidas que se requieren son revolucionarias, o cuando menos contundentes y tenaces. Verán ustedes también los estragos que provoca entre las gentes aprisionadas por la mentalidad generada por lo que se ha hundido. ¡Ironeia!