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ADE-Teatro 97 ADE-Teatro

María Teresa León y la Guerra Civil española (De teatro y otros textos)

por Gregorio Torres Nebrera
ADE-Teatro nº 97, septiembre-octubre 2003

Número de páginas: 5
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María Teresa León fue una total convencida de la dignidad estética y moral que debía adornar y generar la escena en los días de cerco y lucha. Por ello sacó fuerza de flaqueza y logró un espectáculo como el de Numancia, en el que todo un clásico de nuestro teatro se sentía como el contemporáneo más comprometido con la realidad pura y dura que se empeñaba en hacer de la cercada Madrid un espacio absolutamente equiparable con el espacio ficcional que María Teresa levantó -con la ayuda de Ontañón- en el escenario del Teatro de la Zarzuela: la vida real y la vida fingida del teatro se hacían una en el ánimo y la experiencia de los sufridos espectadores y ciudadanos: numantinos todos. Y no sólo acudió -para hacer del teatro un inmejorable ejemplo de moral y resistencia en la dignidad de los que tenían toda la razón de su lado- al ejemplo del pasado remoto, sino que también echó mano de casos del pasado inmediato que venían a insistir sobre esa conexión -más que nunca necesaria- entre lo visto y lo vivido, entre escena y compromiso cotidiano. Así fue, y así se explica, la elección de una de las muchas obras del agit-prop soviético que admiró y difundió María Teresa, la Tragedia optimista de Vichnievski , el segundo espectáculo de altas miras estéticas y políticas que María Teresa León dirigió, al frente de la compañía "Teatro de Arte", en uno de los históricos escenarios de Madrid. Y en uno de esos artículos sobre teatro de guerra explicó y justificó claramente la oportunidad de su elección y de su montaje en el Madrid que tanto ejemplo a seguir podía recibir de aquel otro caso de heroica resistencia bolchevique: "Ahora nosotros aprovechamos una obra soviética para mostrar los problemas de nuestra guerra". Aquella comisaria (María Teresa encontró su debilidad feminista en aquel texto de Vichnievski) que muere y proyecta ejemplo y lección en el desmoralizado destacamento que dirige, "es el símbolo del sacrificio consciente, de la vida entregada a la gran idea de salvación humana. ¡Tantos han muerto en esta tierra de España de esa misma admirable muerte!". María Teresa dirigió con pericia y con amorosa entrega una obra que para ella resultaba ser el símbolo de la misma lucha en la que también la mujer debía implicarse en primera fila (lo que poco después desarrollaría en la novela antecitada Contra viento y marea) y por tanto "cuando algunos meses más tarde levantamos el telón de la Zarzuela para representar en español esa misma obra, una gran emoción me ganaba al paso de las escenas". La tragedia optimista fue uno de los escasos, pero sobresalientes, ejemplos del teatro de guerra (en la guerra) que León fue persiguiendo en aquella cruzada personal por la calidad estética aunada con la eficacia pedagógica ("un teatro culto, real, lleno de enseñanzas") consiguiendo la primera victoria en la batalla contra "lo chabacano, lo inculto, lo mediocre". Tal vez un exceso de confianza en la labor de extensión cultural que ocupó a la República en la encrucijada de la Guerra le hizo creer y proclamar a María Teresa que "un campesino nuestro comprende cualquier obra de teatro clásico; tiene los oídos llenos de canciones antiguas magníficas, que es una cultura que los siglos dejaron y transmitieron de padres a hijos". El hispanista Robert Marrast se hace eco, en su importante estudio sobre el teatro durante la guerra civil de 1978 (El teatre durant la Guerra Civil espanyola, pág.57) de una entrevista realizada a María Teresa en el diario Ahora del 24 de octubre del 37, en la que la directora del espectáculo que comento se mostraba enormemente satisfecha por haber dado a conocer un texto que era paradigma de lo que había defendido en el artículo arriba aludido "Gato por liebre": ofrecer piezas que fueran una inteligente síntesis entre vanguardia y compromiso ideológico, ejemplos de verdadero "teatro de masas" en el que la calidad no estuviese reñida con la eficacia comunicativa en una dirección ideológica determinada: "La Tragedia Optimista nos ha parecido una obra de vanguardia -¡fuera los "ismos" donde se oculta la ineptitud!-, de un teatro actualísimo, de gran valor artístico, aun cuando cumpla preceptos de orden social, que también la humana y virtual sociología es arte, y tienda a hacer una propaganda efectiva en las conciencias, pero no una propaganda de visos pornográficos y tempestuosos, ni frases de latiguillo mitinescas".
Pero fueron las "Guerrillas del Teatro" lo que más ganó el ánimo y el corazón de la luchadora María Teresa León, desde la plataforma valiosísima que fue la Alianza de Intelectuales Antifascistas. En aquellos escritos de los primeros años del exilio en los que se iba ejercitando la memoria de María Teresa, en un proceso preparatorio de su ulterior Memoria de la Melancolía, hubo un artículo sobre aquellas "Guerrillas", el grupo de actores-soldados del que, al final de su vida de escritora, su directora e inspiradora pudo decir orgullosa: "si a algo estoy encadenada es al grupo que se llamó Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro". En aquel artículo inserto en la revista bonaerense Latitud (abril del 45) María Teresa reconstruye el propósito de la formación ("fuimos hacia nuestros espectadores con una gran preparación sentimental. El amor y la fe eran las características de aquellos días. Estábamos seguros de que el instinto de nuestro nuevo público sabría comprender nuestros propósitos, que -¡oh sueño del retorno teatral a sus orígenes inocentes!- estaban basados en restituir el teatro al pueblo") y la experiencia que enriqueció aquel propósito ("nos pareció que aquellos hombres cansados, que nos proponían como espectadores, no tenían su espíritu propicio para ejercicios estéticos, puesto que parecían haber regresado a una edad incierta de la infancia, donde el miedo ocupaba otra vez un gran lugar. ¿Con qué lenguaje hablarles a los que volvían de burlar la muerte? ¡Qué extraño espectador! Se agrupaban todos iguales, con una sola cara, uniformados de ojos y maneras. ¿Qué hacer para entregarles nuestra mercancía? Mercancía de papel de colores y trajes rutilantes, mercancía de bailes, música y palabras, consuelo de niños, gracia de las metamorfosis. Se sentaron dócilmente, y comenzó la representación y el milagro"). La identificación -mutuo reconocimiento- entre aquellos cómicos/guerreros de la legua y los espectadores tan extraños a los teatros al uso fue tan espontánea como sincera: se reconocían mutuamente en el marco de un mismo compromiso histórico:
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