www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
ADE-Teatro 97 ADE-Teatro

María Teresa León y la Guerra Civil española (De teatro y otros textos)

por Gregorio Torres Nebrera
ADE-Teatro nº 97, septiembre-octubre 2003

Número de páginas: 5
imprimir

Basta planear con rápida ojeada sobre la mayor parte de la obra literaria de María Teresa León para entender que la experiencia de los tres años de guerra, vividos en la "capital de la gloria", fue la más intensa y decisiva de su vida, tanto por los antecedentes de que se vio anunciada -las seis semanas de la peligrosa y romántica aventura en los montes ibicencos- como por la larga memoria que la acompañó durante la travesía del exilio.
La Guerra -o mejor, los "desastres de la Guerra" (en clave de Goya)- ocupó una buena parte de las imágenes que María Teresa seleccionó desde la atalaya iluminadora de su memoria. Y en la Guerra nuestra autora mantuvo una actividad continua y de primer orden, ejerciendo con la máxima dignidad y eficacia las responsabilidades que asumió como secretaria de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, como vicepresidenta del Consejo Central del Teatro y como una de las responsables de la evacuación y salvación del patrimonio artístico español.
La Guerra como tal la empezó a vivir María Teresa León en el espacio paradisíaco de una isla mediterránea -Ibiza- llena de vestigios fenicios, de rebaños de hermosas y níveas borregas, frondosas higueras y olorosas ramas de pino parasol. El impacto de aquella casual (y providencial, al tiempo) ocultación a la pareja de civiles que se desplazaron al molino donde veraneaban los dos destacados escritores y militantes de izquierdas como eran Rafael Alberti y María Teresa León, dejó dilatada huella en la literatura de ambos. Alberti la transformó -apenas diferente de como fue, y la ha reconstruido documentalmente Antonio Colinas- en un relato de guerra -Historia de Ibiza- incluido en el único (e importantísimo) número de la revista Cuadernos de Madrid, una espléndida publicación auspiciada por la Delegación de Propaganda de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, impresa (febrero del 39) cuando ya la guerra estaba casi perdida y para amparar el número cuadragésimo séptimo -y último- de El Mono Azul, periódico de guerra en el que María Teresa tuvo importante protagonismo en cuestiones relacionadas con la situación del teatro en los tres años de contienda.
Como se decía en la anónima hoja preliminar de "presentación" de la revista antecitada, aquella Madrid a punto de sufrir el decisivo golpe de Casado, que la ponía en las manos del rebelde Franco, era ya un terreno vivencial y cultural que se sentía herido y aislado, y clama por un compromiso ético en torno a su significación y su suerte: " Hace ya más de dos años que los escritores españoles, cerrando sus oídos al llamamiento interior de la vocación, escucharon el estrangulado grito de su sangre pisoteada y salieron de sí para publicar, unificando su voz, la verdad española contra viento y marea". Una pequeña fotografía de un monumento madrileño y castizo, como la Puerta de Toledo, preside la cubierta del único número habido, una puerta -arco de triunfo que se hizo levantar el represor Fernando VII- rodeada (defendida) por sacos terreros. La guerra está presente en toda la publicación, que por ello se abre con un recorte de la vida del leal Miaja o una reseña de Louis Aragon acerca de la visión de la guerra que dejó plasmada el católico francés Bernanos en su novela Los grandes cementerios bajo la luna o el poema dramático de Bleiberg -un ejemplo notable del teatro de guerra que aunaba compromiso y calidad- titulado Amanecer. Como decía allí está incluida la memoria- apenas disimulada en forma de relato novelado -del estallido del conflicto en la Ibiza en la que estaban veraneando María Teresa y Rafael.
Durante tres años la comprometida mujer que fue María Teresa León vivió día a día las continuas exigencias que las perentorias circunstancias iban marcando sin pausa. Desde su puesto de responsabilidad en el palacete de los Heredia Spínola, en la madrileña calle de Marqués del Duero, en las proximidades de la fuente de Cibeles cubierta hasta su cima por un protector castillete de ladrillos y arena contra la metralla, aquella mujer que siempre defendió el juego limpio de la lealtad y la heroicidad, trabajó incansable por mantener una limpieza en materia de arte y literatura que tan difícil era de sostener en aquellos días de tenebrosa cotidianidad llena de sobresaltos continuos.
En la cita anterior sacada de la hoja que presentaba Cuadernos de Madrid había una expresión de voluntariedad -"contra viento y marea"- que nuestra autora hizo suya como lema y título de su primera manera de narrar aquellos días de guerra -desde el entusiasmo épico del asalto al cuartel de la Montaña a los bombardeos que arrasaron su barrio- de niña y de mujer -de Argüelles. En efecto, Contra viento y marea es una de las más tempranas rememoranzas (y mejor, testimonio casi en vivo) de lo que había sido la guerra desde la mirada de una mujer, ya perdedora, ya exiliada, cuando empezaba a echar raíces nuevas en tierras americanas: y dada la fecha temprana de su edición -1941- es verosímil pensar que una buena parte de esta larga novela -la que recupera los primeros meses del cerco madrileño- fue redactada en las noches de escaso sosiego de aquellos días rojos y difíciles, cuando la escritora se recreaba en los espejos complementarios de dos personajes femeninos -la proletaria y la burguesa-, entre los que María Teresa repartió el mucho coraje que puso sobre el tablero de una experiencia que se resistiría siempre a olvidar, a silenciar... mientras la memoria la acompañó y la consoló.
Son muchas las páginas que María Teresa dedicó a la experiencia personal -y también colectiva- de la guerra en su impagable Memoria de la melancolía. En ese libro la escritora teje la escenografía de sus recuerdos bélicos y el elenco de personajes que compartían la escena de una ciudad sitiada (que ella misma ayudó a identificar con el símbolo de Numancia). Este párrafo, por ejemplo, referido al palacete incautado en donde se instaló la Alianza, equivale a la acotación inicial de un drama que tuvo a María Teresa entre sus más destacados personajes:
" Aquellos salones solemnes y oscuros, pesados de muebles que seguían conservando su negrura a pesar de nuestra risa, fueron durante tres años nuestro escenario".
Número de páginas: 5
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Jueves, 3 de Julio de 2008 03:58:14