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Turia 75 Turia

Philip Roth: la imaginación de los recuerdos

por Manuel Górriz Villarroya
Turia nº 75, junio-octubre 2005

Número de páginas: 6
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Notatio naturae et animadversio peperit artem.
(Cicerón, Or . 55, 183)
Profesor universitario, novelista, editor, ensayista..., de modales atentos, corteses, serios. Actualmente reside en Connecticut, pero ha vivido en Chicago, Nueva York, Londres y Roma. Es un cronista de la inocencia y la desilusión americanas que lleva cinco décadas transformando la experiencia en ficción, a puro de lenguaje y sensibilidad moral, convencido de que los recuerdos del pasado no son los recuerdos de los hechos, sino los recuerdos de nuestra imaginación de los hechos. Y eso que a principios de los sesenta advertía la dificultad de hacer literatura realista, pues la realidad le parecía menos «realista», más extravagante que cualquier mundo creado por el escritor: lo real superaba a lo ficticio en capacidad de sorpresa. Tan ambigua y extrema era la vida ya entonces. Sin embargo, no le ha ocurrido como a otros novelistas veteranos, cuyas dotes han menguado con el tiempo; él no sólo ha mantenido el nivel de su producción, sino que se ha superado a sí mismo, como lo demuestra el gran número de premios relevantes que recibió en la década de los noventa, así como el hecho de que se halle en la lista de candidatos escogidos para el Nobel. En veintitantas novelas de amplia gama temática y narratoria, un autor implícito que lo mismo aparece como humorista irónico que lleva a cabo meditaciones sobre la identidad, cual analista posmoderno, o realiza exploraciones sociológicas, rendirá ese delicado y raro equilibrio entre la recepción popular y la aclamación de la crítica. Si el objeto de la literatura es alterar la conciencia, producir variaciones en la visión de la realidad y poner en duda las convicciones morales, el lenguaje habrá de ser complejo y expansivo; el estilo, penetrante y reflexivo, y el destino de los personajes se enredará con las fuerzas sociales que modelan la vida cotidiana. Surgirán héroes (o antihéroes) aplastados por el espíritu de los tiempos y desgarrados por la dicotomía deber/deseo; alter egos que se llaman como el autor y vuelven su vida del revés para que podamos contemplarla y juzgarla; narradores que filtran los eventos biográficos y crean una existencia medio imaginaria a partir del drama real de la vida, pues, como afirma uno de ellos, el novelista debe ser, ante todo, un «personificador». Las historias veteadas con los asuntos vitales, a un tiempo nuestras invenciones y las invenciones de nosotros mismos, señalan el vínculo entre el individuo y su momento histórico, la relación entre lo privado y lo público.
Todo ello en manos de un escritor que considera a William Faulkner y a Saul Bellow como las piedras angulares de la literatura norteamericana del siglo XX ; el mismo que, adaptando la división de literatos que hace Philip Ravh -«pieles rojas» y «rostros pálidos»: bulliciosos y anárquicos, los primeros; estirados y mojigatos, los segundos-, propone una tercera categoría, la de «rostros rojos», como síntesis subversiva de las otras dos. Un intérprete magistral del deseo y la obsesión eróticos, aunque haya sido etiquetado de misógino. Un observador sagaz del entramado sociopolítico que, con mirada cínica y grandes dosis de ingenio -«Seriedad Absoluta y Guasa Total son mis amigos más íntimos»-, estudia la psicología judía americana, aunque también lo han llamado antisemita, tal vez porque el sarcasmo se extiende más allá. Philip Roth es uno de los principales representantes de la novela judeoamericana, una escuela de orientación urbana, norteña y liberal (o radical); de tenor irónico y humor amargo; preocupada por los temas de la identidad y la seguridad personal y moral; poblada por schlemiels o schlimazels , héroes candorosos y, no obstante, solapados; trágicamente desdichados en un dominio ridículo y absurdo; marginales quijotescamente sacrificados, desconcertados e ineficaces, pues, aunque luchan y se esfuerzan, están siempre en camino, destinados a no llegar nunca. He aquí una sugestiva sinopsis con la que el profesor Pérez Gállego introduce un estudio de la «novela judía»: «El "judío" domina la narrativa actual. Es un tópico tantas veces repetido que conviene no olvidarlo. Saul Bellow en Herzog mpuso muchos de los códigos de comportamiento moral de numerosas ovelas posteriores. Neurosis y alienación, soledad y amargura se funden en una búsqueda obsesiva de valores reales, que en autores como Malamud tampoco se encuentran y que le conduce hasta el apocalipsis que se vislumbra en God's Grace . Es la época del psicoanálisis, y Freud se funde con Borges para dar paso a la soledad que exhiben las obras de Philip Roth, Irving Shaw o Joseph Heller. El dominador y el sometido, el verdugo y la víctima, todo ello en un cuadro de nihilismo atroz donde la existencia humana es difícil y supera los postulados que ya Isaac B. Singer había marcado. La moral yiddish se enfrenta con un marco realista, donde héroes desorientados, como Moses Herzog, buscan una explicación a sus vidas» [ 1 ] .
La tradición se habría fijado con Henry Roth, Abraham Cahan, Michael Gold e Isaac Bashevis Singer, entre otros, para adquirir un nuevo sentido en la posguerra: un modo más franco y experimental, a la hora de hacer compatibles los recuerdos del holocausto con un nuevo arraigo en una sociedad abierta, como vemos en las obras de Saul Bellow o Bernard Malamud, dos de los grandes prosistas americanos actuales. Y así se empezó a hablar de la literatura del «renacimiento judío» como fenómeno sociológico y racial, una clasificación contra la que se pronunciaría el propio Bellow [ 2 ] : son los críticos y los profesores de literatura los que han metido en el mismo saco a autores muy diferentes entre sí, atendiendo sólo a su origen étnico, lo que, en cierto modo, es como encerrarlos en un gueto literario. Las técnicas artísticas son tan diversas que producen un canon ficcional muy heterogéneo, incluso en un mismo autor, lo cual dificulta la tarea de calificar sus proyectos y sus logros. Es el caso de Philip Roth, quien, como observa McDaniel [ 3 ] , ha sido llamado moralista judío y lo contrario, romántico y realista, polemista, satírico, manierista, sentimental...; ha sido aplaudido por mantener una visión social precisa y crítica, pero también acusado de ofrecer una imagen desvirtuada de la sociedad, o una perspectiva vital meramente personal. Parece que su singularidad se halla vinculada al compromiso con el realismo social: la confrontación del individuo y la comunidad; la disparidad entre el ámbito privado y el público. Las crisis que concibe son más morales que ontológicas, pues, aunque el personaje comienza con un problema de identidad o de personalidad, acaba preguntándose cuál es su relación con la sociedad. La intención es moral; el método, realista, y la temática, social; así que, antes de incluirlo en el círculo de escritores judeoamericanos y discutir si propende a una estructura cerrada o abierta, hacia el héroe víctima o el héroe activista, quizá convenga asociarlo con los novelistas de costumbres que cultivan el realismo moral, como Henry James, por ejemplo, con el que comparte la concepción artística y a cuyo modelo literario se refiere en repetidas coyunturas de intertextualidad. Y es que la literatura no sólo ha de tratar de cuestiones morales, sino que tiene como objeto elevar la conciencia del lector, mediante una exploración realista de la condición humana, a través de unos personajes que descienden al absurdo de la experiencia desde la fantasía, la metáfora o la vida misma.
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NOTAS
  • [ 1 ] Cándido Pérez Gállego, Félix Martín, Leopoldo Mateo, Literatura norteamericana actual , Cátedra, Madrid, 1986, p. 52.
  • [ 2 ] Vid. entrevista de Marc Saporta, Figaro Littéraire (17-3-1969), en Marc Saporta, Historia de la novela norteamericana , Júcar, Madrid, 1976, pp. 290-292.
  • [ 3 ] John N. McDaniel, «Distinctive Features of Roth's Artistic Vision», en Harold Bloom, ed., Philip Roth , Chelsea House Publishers, Philadelphia, 2003, pp. 41-55. El profesor de la Universidad de Tennessee, a quien debemos el primer trabajo extenso sobre Roth, presenta aquí un oportuno resumen de las características de su obra.

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