Incluso una novela de factura policíaca como El animal piadoso, comparte unas mismas características, porque la peripecia, que no defrauda en ningún momento, sin embargo vuelve a sumergirnos en la conciencia de unos personajes destruidos y a menudo atormentados, de modo que al final es la atmósfera intimista lo que se impone. El autor había rondado ya la novela policíaca en Las estaciones provinciales, y luego en Fantasmas del invierno, pero ésta es la vez que más se ajusta al género, con un protagonista policía, ya jubilado, y una peripecia en torno a un crimen antiguo que al final tendrá cumplida resolución. Pese a ello no es una novela de género en su sentido estricto, aunque los componentes argumentales sí se ajusten a la resolución de un asesinato, y aunque sea una novela bastante más narrativa que las fábulas o los Fantasmas del invierno, donde la peripecia se escamoteaba. Aquí no. Pero la peripecia externa nos vuelve a sumergir en los vericuetos de la conciencia y del alma de los personajes creando una atmósfera atormentada y nociva que se impone sobre el lector de la novela como su marca más distintiva.
Y es que el escritor, este incesante urdidor de magníficas historias que narra con una sabiduría que convierte cada nueva novela en una fiesta del contar, al tiempo ha adensado el discurso para explorar, mediante la ficción, en ese oscuro y secreto ámbito del alma humana que le devuelve su lado más desolado.