J. C. : En el editorial del trigésimo aniversario de Sur (1931-1961), Victoria Ocampo recuerda una definición de Drieu la Rochelle ("Una revista es un grupo de hombres que se juntan en su juventud y que dicen juntos lo que piensan juntos") y dice que su modelo es Partisan Review ("Recibe los mismos insultos") y concluye que su revista sirve de "puente entre continentes". El espíritu de las revistas de los años veinte y treinta se ha perdido, como su noción de comunidad. Quimera la hacemos más por email y por teléfono que cara a cara. En cambio, los otros dos aspectos sí que perviven. Las acusaciones infundadas, los insultos (la mayoría basados en lecturas superficiales, de cinco minutos, de pie, en una librería: otro modo de lectura muy de nuestros días). Y sobre todo, espero, el puente: una revista literaria en lengua española debe ser una plataforma de links bidireccionales. Así como una máquina de traducciones.
J.R.Z : Recuerdo nuestro entusiasmo inicial con el hecho de formar un consejo de dirección (¿una comunidad?) virtual: Txetxu Aguado (EE. UU.), Antonio García Vila (Madrid) y Llucia Ramis compartieron con nosotros esos caóticos intentos. A menudo nos encontrábamos con dificultades prácticas debido a la diferencia de horarios o de agenda, y el sistema nunca terminó de funcionar, así que finalmente asumimos la responsabilidad los que vivimos en Barcelona. Y creo que precisamente eso facilitó que los puentes se tendieran con mayor rapidez y agilidad. También es cierto que, aunque ya no exista esa noción de comunidad y sin duda no sólo no pensamos juntos sino que no pensamos igual, hay una afinidad personal y de criterios que es indispensable para que una publicación funcione. Por lo demás, es interesantísimo el intercambio, cada vez más fluido, con países como Argentina, Perú, México, Venezuela e incluso Japón que, en contextos muy distintos entre sí, viven momentos de renovación cultural y literaria de los que a menudo nos hemos hecho eco.
J.T. : Sí, recuerdo ese entusiasmo inicial, como recuerdo lo mucho que nos ilusionó que Llucia Ramis, por aquel entonces (enero de 2006) redactora jefe de Quimera , nos propusiera colaborar juntos tras el hundimiento de Lateral . No deja de ser curioso, sin embargo, que al final nos hayamos hecho cargo del proyecto los que vivimos en Barcelona. Tal vez sea ése uno de los detalles diferenciales a la hora de hacer una revista en papel: se ha demostrado que es imprescindible el contacto personal entre aquellos que manejan el timón; como es imprescindible el contacto físico, cuando se lee, con una revista de papel. Y que al mismo tiempo eso se haya combinado, de manera natural, con la creación de una amplia red internacional de colaboradores y gente dispuesta a aportar propuestas y participar en el diálogo que propone Quimera .
J.C. : Porque, al cabo, la principal red es la humana. Pienso en el apoyo de Marco Kunz desde Suiza, en el de Juan Francisco Ferré y Vicente Luis Mora desde los Estados Unidos, en el de Jimena Néspolo y Osvaldo Aguirre desde Argentina, en Juan Villoro desde México, en Patricio Pron y Jaime Priede desde otros puntos de la Península. Aunque en algún sentido sea anacrónico, un proyecto colectivo como este sigue buscando su propio sentido. Creo que, de hecho, tenemos mucho más apoyo humano que institucional. El caso de la SGAE, que nos denunció por un artículo de opinión en que se ironizaba sobre su condición de "corsarios", es paradigmático al respecto. Nobleza obliga: Miguel Riera nos apoyó incondicionalmente; de hecho, desde el principio lo que esta revista de escasos recursos ha podido ofrecer ha sido libertad absoluta de opinión. Tanto en las columnas como en las reseñas. No es fácil pensar desde otro lado , casi nunca se consigue aunque se intente, pero sí al menos estar satisfechos de que sólo nos condiciona la autocensura, que no es poco.