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Quimera 277 Quimera

Reconstrucción de un debate. Cataluña en el camino hacia la Feria de Frankfurt 2007

por Michael Ebmeyer
Quimera nº 277, Diciembre 2006

Número de páginas: 4
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Los editores catalanes reaccionaron aterrorizados ante cómo la política se había apropiado del tema. Incluso el presidente de la Asociación de Editores en Lengua Catalana declaró en una entrevista en el diario El País: "¿Por qué esa manía de excluir?". Caterina Mieras, entonces Consejera de Cultura de la Generalitat y como tal políticamente responsable de la representación catalana en Frankfurt, se apresuró a declarar: "Nadie excluirá a nadie de la cultura catalana", y entonces argumentó que todos los escritores catalanes forman parte de la cultura catalana, y, a la vez, que "es evidente" que la literatura catalana se escribe en catalán -cosa que no contribuyó a la aclaración del problema. Carmen Calvo, la Ministra de Cultura, advirtió el peligro de "transformar una gran oportunidad en un conflicto político", y se vio obligada a aclarar la postura desde la que se daba soporte en Madrid a la invitación de Frankfurt: "Cataluña (...) es bilingüe y hay escritores que escriben en catalán y otros que escriben en castellano (...) Donde esté Cataluña estará España".
De modo que ya teníamos todos los ingredientes para la eterna discusión en torno a Cataluña. Por un lado, la ambición de la autonomía cultural, aferrada a la posición de que esta autonomía sólo habla en catalán. Por el otro, el gesto de la instancia superior que declara: os dejamos un buen margen para correr, pero no para escaparos.
El revuelo también provocó las primeras reacciones de los anfitriones. A finales de mayo se declaró desde Frankfurt que la propuesta de invitar a Cataluña había causado polémica en la dirección de la Feria, y la discusión desatada volvía a generar dudas. A esto se añadió pronto la sustitución del director Volker Neumann por Jürgen Boos. La invitación se había hecho pública pero aún no había nada firmado. Y no se tenía la certeza de si el nuevo director compartía con el antiguo el interés por la cultura catalana.
De todas formas, y esto se había obviado en el debate en Cataluña, el mismo Volker Neumann había declarado el día de la nominación oficial del país invitado: "La cultura catalana destaca por su excepcional creatividad y popularidad. Así lo demuestran autores de difusión internacional como Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo o Carlos Ruiz Zafón y artistas como Joan Miró, Salvador Dalí o Antoni Tàpies".
Pero quedémonos un momento en Alemania, puesto que, como la Feria, la prensa también reaccionó -de forma más aislada, pero con más dureza. Así el semanal Die Zeit escribía sobre un "presunto idioma original", de cuyo cuidado unilateral se había obsesionado Cataluña. Precisamente el diario izquierdista Taz citaba, aprobándolo, un comentario de El Mundo, en el que se recriminaba a los nacionalistas catalanes estrechez de miras y provincianismo, refiriéndose a la Feria. La edición online del Handelsblatt resumía su sensibilidad en relación con el debate del plurilingüismo en España con las palabras: "sigue la locura" y además confundía la Feria de 2007 con la de 2005.
Que las aspiraciones independentistas catalanas no disfrutan de una buena imagen en Alemania no es una novedad, y en parte este rechazo se puede relacionar con unos reflejos antinacionalistas que, en un contexto alemán, hay que calificar como saludables. Pero se nota también una actitud de ignorancia agresiva en el momento que España, la destinación turística preferida de los alemanes, exige una capacidad de distinción que va más allá de las playas y los hoteles. Aún habría que añadir cierta dificultad de comunicación que la autonomía catalana tiene en Alemania. Volveré más tarde a este aspecto.
Pero demos una ojeada a una excepción en el tira y afloja informativo de la prensa alemana. Hay que agradecérselo a Paul Ingendaay, corresponsal del Frankfurter Allgemeiner Zeitung en Madrid, nada sospechoso de ser un enamorado de Cataluña. Por ejemplo acusó a la Generalitat, en un largo artículo dedicado a la política lingüística, de "aislamiento, mirarse el ombligo [y] discriminación", cosa que, dicho sea de paso, reproducía maliciosamente el diario ABC. Pero a diferencia de algunos colegas suyos, Ingendaay se toma la molestia de fundamentar sus posiciones en argumentos plausibles en lugar de copiar a la ligera grandes palabras. En su análisis de la polémica en torno a Frankfurt y la cultura catalana, aparecida el 8 de junio de 2005, no sólo aludió a la comicidad de las palabras de Volker Neumann el día en que se hizo oficial la invitación de Cataluña, en las que se refería a tres escritores en lengua castellana, sino también al hecho de que el catalán "es la lengua más grande que no tiene un reconocimiento oficial en la Unión Europea". Ingendaay escribe:
"Que desde hace diez días se debata apasionadamente sobre cómo el catalán cosmopolita debe presentarse en Frankfurt el año 2007 probablemente no es -al contrario de lo que piensan muchos españoles- una señal de estrechez de miras, sino de vitalidad. Es la reacción, repleta de señales de buena educación, a la agresiva expansión del español que para los castellanos resulta obvia, ya sea a través de pretextos para celebraciones vacías de contenido, como el omnipresente año Quijote, o bien por medio de la industria del libro, que gracias a la debilidad de los países latinoamericanos domina un mercado de casi 400 millones de personas. La burocracia cultural madrileña, en 1991, cuando España fue el país invitado a la Feria de Frankfurt, en ningún momento pensó en hacer partícipes a las tres lenguas oficiales: catalán, vasco y gallego. De la España "plural" sólo se oye hablar cuando al gobierno central le conviene. De esta manera, provincianos de Madrid que sin su lengua propia estarían perdidos en cualquier otra, señalan quejándose hacia Barcelona y gritan indignados: ‘¡provincianos!'".
("Pro Provinz", en el Frankfurter Allgemeiner Zeitung, 8 de junio de 2005).
Hasta aquí una de las raras miradas profundas a la complejidad del debate de Frankfurt que se encuentran en la prensa alemana de esos meses.
En Cataluña, tras la resolución del Parlament, pronto se mezclaron voces más moderadas en medio del embrollo de opiniones. Así, Xavier Folch, director entonces del Instituto Ramon Llull y responsable visible de la planificación de la presencia catalana en la Feria, pidió a ambos bandos que pusieran punto y final a la polémica con un apretón de manos. El escritor Sergi Pàmies remarcó que como escritor catalán no quería dejarse enmarcar en una interpretación estrictamente nacionalista del concepto "cultura catalana".
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