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Quimera 244 Quimera

Las obras del obrador. Entrevista con Marcel Bénabou

por Cécile de Bary
Quimera nº 244, mayo 2004

Número de páginas: 3
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Nacido en 1939, Marcel Bénabou es profesor de Historia romana en la Universidad de París 7 y entró en el OULIPO en 1969. Pronto pasó a detentar, hasta hoy, las funciones de Secretario Provisionalmente Definitivo, o Definitivamente Provisional, del grupo. En esta entrevista con la perecquiana Cécile de Bary repasa la historia, la dinámica interna del grupo y los principios de la poética de este grupo que cuenta en siglos sus años de existencia.
El OULIPO y la Historia

­¿Cómo, por quién, para qué y por qué se fundó el OULIPO?
­Empecemos por la fecha. En septiembre de 1960, durante el primer congreso dedicado a Queneau, en un seminario de Cerisy titulado "¿Una nueva defensa e ilustración de la lengua francesa?" algunos de los asistentes sintieron el deseo de crear un pequeño grupo que se ocupase de experimentación literaria. Así el veinticuatro de noviembre de ese año, se constituyó un grupo que primeramente se llamó Seminario de Literatura Experimental (o Selitex) y que reunía más o menos a una decena de personas en torno a Raymond Queneau y François le Lionnais.
­¿Y cuándo entró usted en el grupo?
­Entré mucho más tarde, alrededor del invierno 68-69. Pertenezco a la segunda generación de oulipianos, que se incorporó después de Jacques Roubaud. Raymond Queneau había leído el manuscrito de "signo de pertenencia" de Jacques Roubaud para Gallimard y cuando conoció al propio Roubaud le propuso entrar en el OULIPO. Posteriormente Roubaud sugirió la admisión de Georges Perec y la mía.
­Pero no anticipemos, volvamos al Selitex...
­El Selitex pronto fue rebautizado Ouvroir de Littérature Potentielle (Obrador de Literatura Potencial) a propuesta de Albert-Marie Schmidt ­un profesor de literatura especialista en poesía científica del siglo XVI. Durante las reuniones, el proyecto del OULIPO no tardó en definirse en dos direcciones. En primer lugar, y era lo más importante, el grupo buscaba nuevas formas, nuevas estructuras con el objeto de ponerlas a disposición de los escritores. Sin embargo, no tardamos en percatarnos de la necesidad de tener en cuenta a las literaturas que habían precedido al OULIPO. El grupo se propuso entonces descubrir en ellas elementos hasta entonces inexplorados. Así que el OULIPO decidió asumir el conjunto de la literatura, la pasada y la por llegar.
­¿Respecto a esta cuestión, podría usted definir la noción oulipiana de "plagio por anticipación"?
­En estos trabajos de erudición el OULIPO busca precisamente a sus "plagiarios por anticipación". Por ejemplo, el lipograma ­que consiste en escribir privándose de una letra del alfabeto­ es una estructura oulipiana, y sabemos el jugo que le sacó Perec en El Secuestro. Pero también practicaba el liprograma la literatura griega, en la época alejandrina ; el propio Perec dio cuenta de ello en un artículo erudito que constituye una muy completa "Historia del lipograma" (así se titula y a ella se refiere Bernard Magné en estas mismas páginas).
­Me gustaría profundizar en la relación del OULIPO con el pasado.
­A decir verdad, para el OULIPO el tiempo no existe o, en todo caso, es reversible. Entendemos que lo oulipiano que existió antes del OULIPO sólo cobra sentido con el OULIPO. En realidad nuestra concepción no es demasiado original, es la de los historiadores, quienes consideran que el acontecimiento permite interpretar lo que lo ha precedido. Todo gran autor crea a sus propios antecesores.
­¿Qué antecesores se ha creado el OULIPO?
­Empecemos por la tradición occidental. En Roma, durante el siglo I antes de Cristo, y hasta el siglo siguiente, se retoma este alejandrinismo. Por ejemplo, Marcial protesta contra las difficiles nugae y su necesidad de criticar las "fruslerías difíciles" practicadas por los poetas de su tiempo, demuestra hasta qué punto éstas estaban de moda. Hemos de acordarnos también de los grandes retóricos de finales de la Edad Media. Entre estos dos momentos se mantuvo una cierta tradición en las abadías, sobre todo irlandesas, en torno a los anagramas o a los carmina figurata. No se trata del mismo tipo de juegos, pero siguen siendo juegos con la forma. En fechas más recientes también habría que mencionar a los formalistas rusos (sobre éstas cuestiones remitirse aquí mismo a los trabajos de B. Magné y É. Beaumatin).
Todos estos elementos dispares sólo cobraron sentido con la fundación del OULIPO. A partir de ese momento, la idea hasta entonces marginal, de tomar el lenguaje como herramienta de experimentación, se hace aceptable.
­¿Es esta tradición sólo occidental?
­¡De ningún modo! Se olvida con demasiada facilidad, pero en el origen de todas las grandes tradiciones poéticas, ya sea la tradición árabe, china o india, encontramos juegos verbales. Conocemos El Mapa de la esfera armillar de Su hui, "un poema chino del siglo IV de lectura inversa": mientras los propios chinos ya no lo entendían, su funcionamiento fue redescubierto por la oulipiana Michèle Métail. Redescubrir y comprender todo un ámbito olvidado: esto es lo que el OULIPO permite. Este modo de traer al primer plano el juego con la forma y de explorar sus resultados es, por tanto, absolutamente fundamental. En las poéticas antiguas, era, sino anterior, inseparable de la voluntad de decir.
­¿Y autores como Mallarmé o Valéry?
­¡Eran oulipianos sin saberlo! Cada vez que releo a Valéry encuentro alguna invención totalmente oulipiana. Inventó hasta el "Cuento a su manera". Del mismo modo yo que creía haber inventado el recurso de la antonimia, me frustré cuando releí la reescritura de Pascal propuesta por Valéry: "El barullo intermitente de estos rincones me tranquiliza". A estos grandes autores hay que añadir los nombres de Roussel, Desnos, Leiris....
­¿Y los autores surrealistas?
­Los surrealistas idolatraban a Roussel, pero era por razones bastante equivocadas. Lo que seduce al OULIPO de Roussel es el rigor, el rigor con el que pasa de la arbitrariedad del punto de partida a la absoluta lógica del punto de llegada.
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