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Quimera 274 Quimera

Contener la desaparición y la ausencia: Fotografía y memoria en W.G Sebald

por Txetxy Aguado
Quimera nº 274, Septiembre 2006

Número de páginas: 4
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Nuestro involucramiento en lo leído es el propio de la posmemoria de Marianne Hirsch [ 9 ] . No se está hablando de invalidar la memoria: no se está más allá de ella, ni mucho menos; tampoco se ha pasado el tiempo de su ejercicio, por supuesto que no. La posmemoria hace referencia a la relación mantenida con, por ejemplo, las vivencias de extrañamiento y desintegración personal de los personajes de Los emigrados o de Austerlitz por parte de quienes no las hemos sufrido directamente. Nos involucramos en sus vidas, aunque no sean las nuestras, porque en las mediaciones de la memoria de un otro con su pasado, emerge una carga ética insoslayable. Nosotros, como lectores, somos sus depositarios. No se trata únicamente del ya casi desgastado conocer para no volver a repetir. La posmemoria apunta a la obligación, al compromiso, de conocer lo que ha sido determinante en otros, en reconocer en su dolor el nuestro, para mitigar esa "esa larga lista de calamidades" que es la historia, como apunta el narrador en la penúltima página de Los anillos de Saturno . Igualmente, el proyecto escritural de Sebald, de tener una sola intención, no sería otra que la de escarbar en los escombros del pasado para habitar éticamente el presente, es decir, aún reconociendo sus vacíos y sus ausencias, alumbrarlos, limitarlos, reducirlos a su mínima expresión.
Por eso es acertado referirse a la narrativa de Sebald, siguiendo a McCulloh, como "novela documental", cuya mezcla de elementos visuales y lingüísticos tiene el propósito de mostrar lo que no es visible en la simple apariencia, documentarlo para darle una existencia. Por lo tanto, los vacíos no deberían encubrirse con una abstracción lingüística, como si un fenómeno sublimemente literario se tratase. Ni tampoco olvidar la inefabilidad consustancial de la ausencia. Es así que el primer deber moral del que escribe, como hace Sebald, es el de no mentir: el de no encubrir lo que ha visto y vivido con las capas más tranquilizadoras del lenguaje. El contar más genuino tiene que transmitir la experiencia verdadera, la intensidad de una emoción quizás inasimilable por excesiva, dejando de lado tanto la mirada no preparada para ver más allá de lo imaginado como esa voluntad narrativa acoquinada por el requerimiento verbal excesivo del testimonio.
Las novelas de Sebald no pueden ser otra cosa que documentales, porque hace ya tiempo que se le ha negado a la novela la capacidad para la recreación fidedigna, y no digamos ya para la búsqueda de la verdad o del sentido. La novela hoy en día ya sólo puede levantar un registro, es de esperar que certero, de lo que sucede, como quien no quiere la cosa, como si no se tratara de literatura y tuviera de entrada que pedir perdón por dar cuenta de lo que acontece a nuestro alrededor; como si Vértigo , Los emigrados , Los anillos de Saturno o Austerlitz sólo fueran historias, narrativas para entretener la pereza; como si su aliento literario no apuntase más allá; como si no fueran intentos para contener la desaparición y la ausencia. Winfried Georg Sebald no ha hecho nada diferente en su literatura: desbrozar nuevos sentidos en la historia y en la memoria para acceder a lo que verdaderamente importa.
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NOTAS
  • [ 9 ]

    Léase Family Frames : Photography, Narrative and Postmemory , Cambridge, Massachusetts : Harvard UP, 1997.


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