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Quimera 274 Quimera

Contener la desaparición y la ausencia: Fotografía y memoria en W.G Sebald

por Txetxy Aguado
Quimera nº 274, Septiembre 2006

Número de páginas: 4
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Circula por la escritura de W. G. Sebald el anhelo utópico de hacer visible aquello que no ha dejado más que escasas huellas. Pero no es la suya una obra enquistada en el dolor propio de lo melancólico: Sebald da forma a los vacíos, a esos espacios donde no hay sentido, donde no hay nada porque en el ahora no se tiene noticia de que alguna vez lo hubiera. Sus textos se originan en la tensión por hacer emerger todo aquello que no tiene mayor presencia en los relatos al uso de la historia ni tampoco en nuestro presente. Pero es en la verbalización de esos silencios, en la reaparición de aquello que ha quedado descartado, donde todavía se pueden imaginar configuraciones alternativas al presente.
La escritura de Sebald se constituye como el antídoto para compensar el pánico que, según Michel de Certeau [ 1 ] , sufre la historia a consecuencia de los mayores silencios requeridos para la coherencia de su modelo de representación. Los textos del autor, su constante peregrinar de un lado a otro por las vidas y las circunstancias de los demás, vienen a poner sustancia humana en los agujeros cada vez más clamorosos del modelo de sentido propuesto por la historia. Lo que queda fuera de su discurso comienza a exceder escandalosamente a lo que ha quedado dentro. El autor quiere corregir ese balance.
No es otro el propósito de la indagación en la vidas de Henry Selwyn, de Paul Bereyter, de Ambros Adelwarth o Max Ferber en Los emigrados (1992), o el recorrido por instantes vitales significativos de Stendhal, Robert Walser o Franz Kafka en Vértigo (1990), por poner ejemplos de dos de sus textos. Si los personajes de Javier Marías, sebaldiano entusiasta, prefieren para sorpresa de sus lectores no saber ni conocer, callar [ 2 ] los de Sebald -dado que su experiencia no consigue insertarse propiamente ni en la historia ni en la realidad presente- no pretenden otra cosa que manifestar toda su perplejidad ante lo vital, a pesar de no saber cómo. Si los primeros prefieren escamotearse al tortuoso proceso del entender, quedándose con las certidumbres de lo ya conocido y no atorarse en los laberintos del recuerdo, para los segundos, su saber está compuesto de retazos de memoria, de indagaciones sin respuesta, de casualidades incomprensibles, de sensaciones difusas, de desdoblamientos o de coincidencias sin sentido: todo lo que no tiene cabida en la historia ni en el ahora.
Así le ocurre a Henry Selwyn, obsesionado por la insistencia con que el recuerdo de su amigo Johanes Naegeli, al que no ha visto en años, vuelve una y otra vez sin encontrar una explicación convincente para ello. Como también le ocurre al comensal del Dr. K. al constatar cómo los detalles más insignificantes, y por si fuera poco imperceptibles, lo deciden todo en la vida de las personas; y cómo las voluntades para actuar ceden el terreno al juego de interdependencias desconocidas. Por su parte, para el personaje homónimo de Austerlitz (2001) su historificación de los lugares, de las personas y de los países, es más bien un intento por escarbar en una identidad huidiza, casi olvidada: la de su niñez. Todos estos personajes se sienten habitados por recuerdos que no consiguen descifrar, por extrañezas que sólo consiguen manifestar en las fotografías, en sus escritos o en las conversaciones con el narrador.
Por este lado, el ejercicio de escritura de Sebald se aproxima mucho al del descubrimiento de memorias denigradas como ruinas [ 3 ] , restos de un pasado, ya sea personal o colectivo, sin determinar, oscurecida su significación por un tiempo que ya no las toma en cuenta y las ha condenado a ser mero desecho, un escombro fuera de circulación. No se está hablando de los restos arqueológicos de los museos ni de los hechos más relevantes en la vida de los próceres de la patria, artefactos de memoria juzgados más que respetables por las historias oficiales. Por el contrario, si los recuerdos de los personajes de Sebald son ruinas es porque han perdido su capacidad para ser útiles en el ahora. Es así que si ninguna historia oficial se vanagloria ya con tranquilidad de la explotación colonial, no por eso asume con normalidad el discurso de Casement en Los anillos de Saturno (1995) al revelar su extrema crueldad, cuando no el exterminio sin atenuantes, de la población africana local. De igual manera, en el mismo libro, Waterloo deja de existir en la brillante victoria o en la honrosa derrota de la historia al uso -que todo depende de cómo se mire- para devenir los cuerpos de los 50.000 soldados y 10.000 caballos que encontraron la muerte en unas pocas horas, los gritos de muerte que inundaron el aire en los momentos siguientes, y los huesos y la carne que se encontraron sin tierra con que cubrirse. Waterloo, en suma, es la llamada de atención para mirar sin anteojeras y oler sin mediaciones el pestilente horror con el que la historia se construye.
¿A quién le interesan estos hechos, esta visión alternativa? ¿Quién los aparta para centrarse en lo grandioso de las misiones coloniales o en la heroicidad épica, aleg reme nte ajena al dolor y muerte, de las batallas de turno? No interesa ciertamente a los estados y a sus historias congratulatorias. Por eso su condena a no ser más que ruinas, a no ser más que "tiempo que escapa a la historia" [ 4 ] , en palabras de Marc Augé, y un topos espacial desprovisto de las coordenadas para su comprensión. La ruinas, ya sean las memorias de los emigrantes judíos o los hilos arquitectónicos y emocionales con los que Austerlitz reconstruye su identidad, quedan a la espera de que los textos de Sebald, y sus lectores, los vuelvan a insertar en el devenir de lo histórico, en esa otra historia donde sus personajes encuentren un acomodo. O dicho con otras palabras, las memorias-ruinas quedan a la espera de ser devueltas, de ser actualizadas, en las corrientes del recuerdo significativas para entender el pasado y el momento presente.
Número de páginas: 4
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NOTAS
  • [ 1 ]

    Véase su The writing of History , Nueva York, Columbia UP, 1988, página 39.

  • [ 2 ]

    Por ejemplo, en Tu rostro mañana . 2. Baile y sueño, Madrid, Alfaguara, 2004, página 61.

  • [ 3 ]

    Sigo aquí a Marc Augé. Léase su El tiempo en ruinas , 2003, Barcelona, Gedisa, 2003, página 110.

  • [ 4 ]

    Ibídem, página 110.


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