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Quimera 271 Quimera

La poesía de la normalidad (explicada a los niños)

por Vicente Luis Mora
Quimera nº 271, Mayo 2006

Número de páginas: 2
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Vicente Luis Mora, poeta, crítico y constante animador del debate literario desde internet, ensaya un beligerante e intenso alegato contra las "buenas costumbres" de la poesía española. Según expone en su recientemente publicado Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006), la poesía se ve amenazada por prácticas culturales conservadoras y por una crítica altamente parcializada.
Para explicar qué es la poesía de la normalidad, lo mejor será hacerlo a través de un cuento de Stanislaw Lem, el genial escritor polaco de ciencia ficción que nos acaba de dejar. En el "Viaje vigésimo cuarto" de Diarios de las estrellas , el viajero metafísico Ijon Tichy arriba a un planeta donde llaman su atención unas figuras geométricas de su superficie. Nos cuenta Tichy: "Aterricé guardando toda la precaución necesaria en medio de un terreno desértico, sembrado a intervalos regulares de discos redondos cuyo diámetro no era mayor de medio metro; duros, brillantes y como torneados, se extendían en largas hileras en varias direcciones, componiendo aquellas figuras que antes había visto desde las alturas". Fascinado por esos discos, Tichy se adentra en el planeta para buscarles explicación, y como pasa con todo aquel que busca la verdad, acaba arrepintiéndose de encontrarla. Por unos seres con los que dialoga, se entera de que en el planeta regía el caos hasta que las autoridades encargaron a un ingeniero la construcción de una "máquina de gobernar", para que crease un orden objetivo, impersonal, que buscara la perfección y el buen entendimiento, y cuyas acciones "han de despertar en la gente sensaciones placenteras, satisfactorias aún para las percepciones estéticas más refinadas". La máquina de gobernar, nada más terminada, levantó un palacio majestuoso, brillante desde lejos, y organizó una fiesta de bienvenida a la que fueron invitados innumerables habitantes del planeta. Conforme entraban los invitados, el palacio los convertía en discos duros, brillantes y torneados, que iba expulsando al desierto por la puerta de atrás. Tras conocer los hechos, los demás habitantes se enfrentaron a la máquina, pero ésta contestó que si querían orden y estética, ese era el mejor modo de hacerlo: convertir a todos los seres en objetos iguales, sin cualidades que sobresaliesen o los diferenciara de los otros. Lo más terrible del cuento de Lem es que el resto de los habitantes, aun sabiendo qué es lo que ocurre al entrar en el palacio, esperan frente a sus puertas para penetrar voluntariamente en él, convencidos de que la máquina tiene razón y es la mejor manera de alcanzar el buen orden estético.
Bien, pues con las debidas variaciones y limitaciones de extrapolación, algo así sucede en la poesía española contemporánea. Hay una "norma" no escrita que dictamina que para que sus ciudadanos se sientan "aceptados" dentro del buen orden estético, deben pasar, voluntariamente , por una serie de operaciones que suponen otras tantas limitaciones para su poesía, a fin de convertirla en ese disco duro, brillante, torneado, adaptable a las exigencias del sistema. La descripción de los caracteres generales de este tipo de poesía está hecha, en extenso, en Singularidades , así como el estudio del que podría ser el desgraciado "poema canónico" de este tipo de lírica pautada. En todo caso, estamos ante un fenómeno que es también sociológico. Me explico: en la literatura, como en todas las artes, siempre han existido modas, tendencias, líneas dominantes. Eso está ahí, y la historia nos da innumerables pruebas; la cuestión es que los modelos icónicos que ha difundido la globalización exasperan la necesidad de "existir" a través de una presencia mediática. Y esto, que sí es nuevo en comparación con otras épocas, agudiza el problema de la imitación hasta volverlo estructural. Desde principios del siglo XX, lo que caracterizaba a los poetas jóvenes era la altanería y "deslealtad" a sus mayores, las ganas de matar al padre, la rebelión constante ante modelos heredados. Ahora, por el pánico a no estar, a no aparecer , los jóvenes prefieren la adhesión inquebrantable a los mayores, para no verse privados, ex ante , de su posible incorporación al "Parnaso español". De la rebelión a la sumisión. De ahí que se tome como modelos a los mayores que más han triunfado, y se imiten sus códigos, estudiando cuidadosamente lo que aquellos entienden como poesía y matizando la propia hasta el perfecto ajuste con ese concepto.
Quiero puntualizar algo que no sé si queda demasiado claro en el ensayo que aparece en Singularidades , preocupado como estaba por cuestiones de detalle: no hay nada malo en que un grupo de poetas quiera constituirse como dominante, del mismo modo que las empresas buscan de manera natural el monopolio o un hormiguero el control de toda una zona. Está en nuestros genes. Por eso, no hay que considerar pérfido en sí mismo que un grupo de poetas (primero, llamados de la "nueva sentimentalidad granadina", evolucionados luego, en un círculo más amplio, a la poesía de la experiencia, para aumentar más aún mediante la "ruptura interior" que señaló De Villena, para terminar en el amplísimo círculo de la poesía de la normalidad) intente sostenerse, indefinidamente, como la moda a seguir, la poética de prestigio o como ustedes prefieran denominarla. Esto no es malo. Lo que sí es malo, y mucho, es que haya una crítica literaria militante con éste o con cualquier otro grupo. Es decir, una crítica alineada, parcial, ajustadora de cuentas, que diga que sólo una corriente (como leímos en una increíble reseña de García Posada hace unos años) es la única poesía auténtica que se ha hecho en España desde hace unos años. Esto, lo digo como crítico, me parece intolerable. Ignoro las razones que pueden mover a todo un sector de la crítica a preferir a una línea poética y a sostenerla contra las demás durante casi diecisiete años; pero ése ha sido, en buena parte, el panorama que hemos vivido desde hace más de un decenio.
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