El problema del relato como forma aislada ocupa también parte
del prólogo de la otra antología principal editada en ese
momento, Innovative Fiction. Stories for the Seventies de Jerome
Klinkowitz (1972) Klinkowitz caracteriza el problema del relato como
una desatención a los principios epistemológicos que han inspirado
las vanguardias (1972: 173), haciendo hincapié en las nuevas concepciones
del tiempo (teoría de la relatividad) y de la psicología (esquizoanálisis).
Tras repasar las tendencias principales de la literatura en la época
-que personaliza en Robbe-Grillet en Francia y Vonnegut en Estados Unidos-,
Klinokowitz sugiere que "El relato ha ignorado el problema hasta hoy
mismo" (1972: xix). La tratadística de Klinkowtiz representa,
en este sentido, el extremo del argumento eufórico: más que
devolver al relato lo que es del relato, utiliza la excentricidad histórica
de la forma de la forma para poner en escena una teoría no especialmente
sofisticada acerca de la intercambiabilidad entre realidad y ficción
(1972: xxv). La selección de autores debe entenderse en el marco
del proyecto crítico de Klinkowitz de definir la literatura norteamericana
"post-contemporánea" como una tradición que en su
lectura proviene de Kurt Vonnegut y Richard Brautigan, dos autores cuya
producción de relatos es escasa y difícilmente canonizable,
pero a los que se presenta como cabezas visibles de la antología.
El valor principal de la visión del realto de Klinkowtiz es la elección
sistemática de formas heterodoxas (incluyendo a varios autores de
Fiction Collective, como Sukenick y Steve Katz) independientemente de la
fama de sus autores.
Esta eclosión creativa y teórica de principios de los setenta,
en la que se combinan el reconocimiento de una forma tradicionalmente negligida
con la veneración crítica en torno a ciertos autores -siendo
Borges el caso más significativo- determina la transición
de la idea de vanguardia postergada la de vanguardia elevada al cubo,
en cuya definición se emplea con frecuencia un vocabulario propio
de una cierta euforia futurista: "Precisamente porque el relato fue
una forma convencional durante tanto tiempo, los lectores se han encontrado
doblemente sorprendidos por una innovación tan radical de un género
al que creían muy definido" (Klinkowitz 1972: xix). La idea
de nuevo relato se asocia con la de nueva sensibilidad: "El mundo es
nuevo, y sus experiencias deben ser descritas a partir de una nueva tecnología.
Los autores de relatos experimentan con nuevos sistemas" (1972: XXIII-XXIV).
Como puede comporbarse en el prólogo a otra de las antologías
de la época, SuperFiction de David Bellamy, la teoría
proliferante del relato es inseparable de un cierto asombro crítico
ante el "repertorio de experimentación con las formas del "relato
breve" que habría sorprendido a los maestros del género
que escribieron a principios de siglo" (Bellamy 1975: 4).
En la obra de los autores que empiezan a publicar narrativa breve a lo
largo de los sesenta, la voluntad innovadora que provoca esa doble sorpresa
de la que hablaba Klinkowitz va a manifestarse en la estrecha ligazón
entre el gesto de innovación estética respecto al modelo
del relato moderno- y la representación de la innovación tecnológica
considerando como tal no las tecnologías ultimísimas
de las que se ocupan primero la ciencia-ficción y luego el ciberpunk
sino, más en general, las modalidades de tecnología mediática
que adquieren presencia social significativa. En buena parte de los casos
esta representación adquirirá una forma traumática,
que conjuga la revulsión provocada en el tejido social por la aparición
del medio técnico y las transformaciones en la percepción
y en los principios estéticos que son propios de toda literatura
que se postule como nueva. La doble sopresa, pues, suele plantearse, metafóricamente,
como una irrupción de lo extraño en el espacio que el relato
moderno había sacralizado, convirtiéndolo en su escenario
característico: el hogar y la pequeña comunidad. Si los textos
críticos y manifiestos por la nueva ficción que hemos citado
unas líneas más arriba se muestran siempre más exactos
a la hora de exponer el problema que de plantear estéticas y direcciones
alternativas, en las páginas siguientes nos proponemos explicar sucintamente
de qué manera la tematización y retorización de la
experiencia de las nuevas tecnologías se revela con mucha frecuencia
como el campo de batalla para una postulación reactiva del relato
breve como la más avanzada y vanguardista de las formas literarias
de la segunda mitad de siglo.
La cinta magnetofónica y el rebobinado de la Historia
En las manifestaciones más tempranas del posmodernismo la marca
técnica predominante en la narración breve son las tecnologías
de la grabación acústica, y muy singularmente la cinta magnetofónica
y la radio. En la sección titulada Against Voice de su ya
mencionada antología, Stevick señalaba la transformación
en la naturaleza de la ficción breve que implica la idea misma de
grabación, llamando la atención sobre el elemento de relatividad,
extrañeza y revulsión interna que provoca en el estilo literario
la posibilidad misma de volver al registo oral y ser reproducido mecánicamente.
Esta cuestión la amplía Valentina Valentini en su discusión
acerca del teatro posmoderno, donde señala cómo la presencia
de dispositivos de oralidad que subvierten los principios de cerrazón
formal, perspectiva central, figuración y forma completa que son
propios del escenario naturalista. En las distintas revisiones de la oralidad
que recorren el escenario independiente norteamericano en los años
setenta reconoce Valentini la expresión dramatúrgica de una
concepción de la phoné (la palabra dicha en escena)
en que escritura y expresión gestual se combinan e interpenetran,
adquiriendo la una cualidades físicas -en la modalidad del action
writing- y proponiéndose la otra como un lenguaje no subyugado
a la tiranía de la voz. La disposición oral del espectáculo
da así prioridad a la trama y al empalme de momentos por encima de
la estructura general. Si las performances de Laurie Anderson son
señaladas por Valentini como una de las formas en que aflora el lenguaje
no verbal, otra vertiente de tal proyecto puede verse en su texto "The
Dream Before". Unos Hansel y Gretel en crisis matrimonial se interrogan
sobre el sentido de la palabra "Historia"; la voz de Hansel recita
entonces el fragmento de Walter Benjamin sobre la Historia como ángel
de las ruinas. Cantada por Anderson en tono de balada, la canción
es un ejemplo antológico del discurso high modernist sobre
la Historia -la voz apocalíptica del high modernism- convertido
en fabular, silbable -pegadizo, al cabo. Tras su aparición como canción
-en su álbum Strange Angels-, el texto reaparece en su volumen
Stories From the Nerve Bible y es antologado en la Norton Anthology
of Postmodern Literature bajo el título de "This Storm".