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Quimera 252 Quimera

Balance y memoria del cuento en el exilio

por Javier Quiñones
Quimera nº 252, enero 2005

Número de páginas: 4
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No queremos cerrar esta memoria sin hacer una mención a la narrativa breve catalana, vasca y gallega en el exilio. La literatura catalana tuvo una presencia muy importante en el exilio. En lo que se refiere a la narrativa breve, muy pronto aparecieron libros de cuentos que reflejaban de un modo directo la guerra civil y la difícil adaptación a la nueva realidad que supuso el exilio; así, Xavier Benguerel publicó el libro de relatos Sense retorn , en Buenos Aires, en 1939; poco después, en México, en 1943, el poeta Agustí Bartra, autor de una estremecedora crónica sobre los campos de concentración del sur de Francia titulada Crist de 200.000 braços , publica el libro de cuentos L'Estel sobre el mar ; Ramón Vinyes publica en México, en 1946, A la boca dels núvols . El autor de cuentos más importante de la literatura catalana de este periodo fue Pere Calders, exiliado en México, quien se reveló, con el paso del tiempo, en un auténtico maestro del relato breve; sus libros fueron publicándose en Barcelona, incluso sin haber regresado él, que no lo haría hasta 1963, destacaríamos Cròniques de la veritat oculta , de 1955, Demà a les tres de la matinada , de 1959; Gent de l'alta vall , de 1957, recogidos después, en 1968 en Tots els contes . Mencionar, en fin, la labor como cuentista de Merçè Rodoreda, autora de Vint-i-dos contes , Barcelona, 1948, La meva Cristina i altres contes , Barcelona, 1967; en 1978, en fin, se publicó Semblava de seda i altres contes , donde se recogían algunos cuentos publicados en revistas catalanas del exilio, entre ellos, el impresionante "Orleans, 3 quilòmetres."
En la difusión de la narrativa breve gallega en el exilio tuvieron mucha importancia las revistas; en Galicia Emigrante , se publicaron cuentos del orensano José Núñez Búa; en Romance , el poeta Lorenzo Varela publicó, en agosto de 1940, el cuento de ambiente gallego "El ilusionista"; en fin, en De Mar a Mar , vio la luz "De cómo vino al mundo Félix Muriel". El libro de cuentos más importante de un escritor gallego en el exilio es precisamente el de Rafel Dieste, publicado en Buenos Aires, en 1943, Historias e invenciones de Félix Muriel ; cabría también destacar el libro de relatos de Eugenio Fernández Granell, publicado en México en 1970, Federica no era tonta y otros cuentos. La narrativa breve, como la literatura en general escrita en euskera, en el exilio tuvo que enfrentarse a la dificultad de su difusión por la inexistencia de medios de publicación en esa lengua, de modo que, al igual que la gallega, buscó su refugio en las revistas y en las editoriales creadas por los propios exiliados, entre las que destacan la editorial Ekin, fundada en Buenos Aires, y la revista Euzko-Gogoa . No fue abundante la producción de narrativa breve en vasco durante el exilio. Con todo, mencionaremos los libros de Pedro Ormaetxea Aldama, publicados en Chile los años 1947 y 1948, titulados Ipuintxoak y Bizarren ipuintxoak ; el de Martín de Ugalde, exiliado en Caracas, Iltzalleak , en 1961, y un libro de nueve cuentos para niños que sirvió de material para iniciarse en el estudio del euskera, editado en Zarauz, en 1966, Umeentzako Kontuak ; destacar, en fin, los de Jon Mirande Zinhhopa y Maitharien arnoa , de 1954 y 1956, respectivamente.
Han pasado muchos años desde que formalmente el exilio se cerrara en 1977 y puede decirse que la narrativa breve de algunos de estos autores ha sido sustancialmente recuperada y reintegrada al corpus de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX y hoy los nombres de Ayala o de Aub son fundamentales en el panorama del cuento en España. Otra cosa es que en el caso del exilio se haya prestado más atención a la novela que al cuento -por ejemplo en Barea, Sender o Masip-, siendo éste, como hemos apuntado someramente aquí, tan importante, sobre todo porque complementa y amplía notablemente, en tema, estilo y visión del mundo, el escrito en la España de aquellos años. Quedan todavía buenos libros de cuentos por recuperar, incluso no estaría de más la publicación de una antología no condicionada por la censura como lo estuvo la de 1970, en la que pudieran aparecer juntos los escritores del exilio y los de la España del interior, Ayala y Aldecoa, Barea y Fernández Santos, Cela y Aub, García Hortelano y Sender, Matute y Arana. Pero los escritores, los del exilio también, viven, escriben y publican sus obras en su tiempo, lo que sea después de ellas, la posteridad, es cosa de otros.
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