Durante la década de los sesenta se producen tres circunstancias dignas de reseñar: de una parte, empieza o continúa el regreso, discreto, escalonado, temporal, de algunos autores exiliados; por otra, se publican libros de narraciones breves del exilio en España, normalmente con escaso eco y siempre de cuentos que no aludan a la guerra civil o al pasado republicano, que sigue siendo objeto de fuerte censura; finalmente, en 1963, mencionar la aparición del libro de José R. Marra-López, Narrativa española fuera de España 1939-1961 , en el que se da a conocer al lector español la labor literaria de los escritores exiliados. Mientras en los cuentos escritos en España en esos años la guerra es sólo una sombra, una velada alusión, algo innombrable, recuerdos confusos y vivos al mismo tiempo -puede comprobarse en la antología preparada por Josefina Aldecoa en 1983, Los niños de la guerra -, en el exilio, se producía un cierto cansancio de narrar la guerra y sus consecuencias y asoma ya una severa autocrítica a la posición de los exiliados que vociferan por los cafés en espera de que se muera Franco, acusándose unos a otros de lo que hicieron o no en el pasado. En 1960, en México, Aub publicó uno de sus más famosos cuentos, "La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco", en el cual un mesero de un café de México DF, harto de oír a los refugiados españoles decir "cuando muera Franco...", decide venir a España a cometer el magnicidio durante un desfile de la victoria. Franco muere, pero al volver a su café los refugiados seguían gritando y discutiendo como si tal cosa, como si no hubiera pasado nada; el cuento dio titulo al libro La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco y otros cuentos . En 1963, en la editorial Sur de Buenos Aires, Francisco Ayala publica un libro titulado El as de bastos . Contiene cuentos estupendos, como el que da título al libro y "Baile de máscaras". Destaca en ellos una visión lúdica e irónica sobre el sexo y las infidelidades y es una buena muestra de las innovaciones técnicas que Ayala ya había introducido en su narrativa breve, como por ejemplo la multiplicidad de voces de "Baile de máscaras", fragmentos inconexos, algunos tan breves como "-Adiós, odalisco." o "-Ahora van a ver todos esos quién soy yo, dije entonces. Se pensarían ellos que yo no soy hombre para eso, y para mucho más." En ese ambiente de renovación formal habría que situar el libro de Sender Las gallinas de Cervantes y otras narraciones parabólicas , publicado en México, en 1967, Compuesto de cuatro relatos, quizá habría que llamarlos novelas cortas, el mejor es que da título al libro. En él, la mujer del novelista acaba convirtiéndose, en un proceso lento, en gallina, hasta que va perdiendo el habla y adopta costumbres de gallina, en lugar de acostarse en la cama se posa en la cabecera. Es un relato en el que predomina un humor de tipo casi surreal y en el que hay un hermoso juego literario. Finalmente, Cervantes "salió aquel día de Esquivias y no volvió nunca"; en el cuento también hay una crítica velada a la mezquindad de la llamada clase media española.
Las circunstancias que envolvieron el regreso de algunos exiliados y la visión de la sociedad española a la que se reintegraron, en muchos casos con no pocas dificultades, tuvo también su reflejo en la narrativa breve. Un caso paradigmático fue el de Manuel Andújar, quien regresó en 1967. En el ya mencionado Los lugares vacíos , hay cuentos como "Yacentes" u "Olor a rancio" que, desde un simbolismo algo hermético, arrojan luz sobre la situación extraña y a menudo incómoda en la que se siente un exiliado al reintegrarse a un país del que ha estado ausente muchos años por razones políticas. Lo que llama la atención en este tipo de cuentos es la decidida voluntad de estilo y el simbolismo algo oscuro que los aleja del realismo gastado y empobrecedor. Esta narrativa breve, no sólo la de Andújar, supone desde su complejidad formal una reflexión sobre un mundo confuso, problemático, ante el cual no caben certezas absolutas, sino complejas incertidumbres. Conviene recordar que desde mediados de los años sesenta la influencia de los autores del llamado boom de la narrativa latinoamericana, la mayoría maestros en la escritura de cuentos, se deja notar mucho en los autores del exilio. Por otra parte, la influencia, sobre todo en Andújar del mundo de Kafka es patente. Con ello se pone de manifiesto el deseo de renovación formal, de superación del realismo, que mueve a estos autores y que no encontrará parangón en la narrativa breve del interior hasta unos años después, cuando se produzca el renacer del cuento como género en el principio de la década de los ochenta y en el que la obra de Cortázar tendrá una influencia destacada. Todo ello se advierte en el libro que Francisco Ayala publica en 1971 bajo el título de El jardín de las delicias , una suerte de fresco que tiene como fondo la condición humana, en el que hay textos muy conocidos, como el "Diálogo entre el amor y un viejo." Un año más tarde, en 1972, publica, también en esa línea renovadora, Segundo Serrano Poncela, un volumen de cuatro cuentos bajo el título Un olor a crisantemo . Mientras tanto, en 1969, Max Aub recopilaba sus cuentos sobre la guerra y el exilio en un volumen publicado en Venezuela, Últimos cuentos de la guerra de España.
No queremos, en la parte final de este panorama, dejar de señalar la importancia que tuvieron, en la difusión en España de esa obra cuentística, dos revistas, Ínsula y Papeles de Son Armadans . El formato de revista se prestaba muy bien para acoger en sus páginas los cuentos, de modo que, dado el talante liberal y abierto de ambas, los escritores exiliados publicaron en ellas, aunque Aub se quejara, cuando visitó España en 1969, de que fueran revistas para suscriptores que no leía nadie. La nómina de narradores que publicaron relatos, apuntes, cuentos cortos, es muy extensa, Andújar, Ayala, Aub, de la Colina, Sender, Serrano Poncela, entre otros. Del mismo modo, hay que reseñar, por la importancia que entonces tuvo para la recuperación de la narrativa breve desterrada, la antología publicada por Rafael Conte en 1970, Narraciones de la España desterrada , libro en el que muchos lectores tuvieron conocimiento por primera vez de la valía, en el cuento breve, de los escritores del exilio.
Tras la recuperación de la democracia y el levantamiento de la censura, allá por los años de la transición, se empezó un proceso de recuperación de la obra de estos escritores que dista mucho, lamentablemente, de estar concluido. Andújar pudo reunir su obra cuentística en Cuentos completos, en 1989; los libros de Ayala han sido los que más atención han merecido, al menos en ediciones críticas, Los usurpadores, La cabeza del cordero, Historia de macacos ; Dieste tuvo edición crítica de Historias e invenciones de Félix Muriel en 1985; de Barea se editaron en 2001 los Cuentos completos ; Aub fue editado en dos antologías de cuentos miméticos y fantásticos, Enero sin nombre y Escribir lo que imagino , en 1994; los cuentos de Sender están dispersos en ediciones que convendría revisar y agrupar de algún modo, con todo, Las gallinas de Cervantes se reeditó en 2002; los de Masip no fueron recuperados hasta 1992, El gafe o la necesidad de un responsable y luego en 2002 La trampa y otros relatos ; los de Rosa Chacel , Icada, Nevda, Diada, no se reeditan desde el año 1982, aunque en 1989, Conte editó una selección breve de ellos bajo el título Balaam y otros cuentos y en 1992 se reeditó Sobre el piélago ; los de Arana se reeditaron en 1980, ¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos y lo harán en 2005, coincidiendo con su centenario; Serrano Poncela, José de la Colina, Roberto Ruiz y otros, esperan sosegadamente su turno.