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Quimera 252 Quimera

Balance y memoria del cuento en el exilio

por Javier Quiñones
Quimera nº 252, enero 2005

Número de páginas: 4
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En 1946 escribía Aub: "Creo que no tengo derecho todavía a callar lo que vi para escribir lo que imagino", con lo que ponía de manifiesto su debate interno entre la necesidad del testimonialismo y el vuelo libre de lo imaginación creadora. Buena muestra de que la narrativa breve del exilio, por la circunstancia arriba señalada, empieza a abrirse a otras tendencias, sin olvidar el desastre de la guerra civil, es la publicación en 1955 de dos libros de cuentos del propio Aub, idénticos en sus portadas y en sus títulos, que simbolizan las dos facetas de su narrativa breve, la mimética y la imaginativa, nos referimos a Cuentos ciertos y Ciertos cuentos. De ese mismo año, es el libro de Francisco Ayala Historia de macacos , que sería el primero suyo publicado en España tras la guerra civil, en Revista de Occidente . Ciertos cuentos e Historia de macacos marcan una tendencia nueva en la narrativa breve exiliada, la apertura a nuevas realidades que poco tienen que ver con España. También en esos libros se pone de manifiesto una mayor complejidad estilística y estructural, deudora de influencias narrativas más universales: la multiplicidad de narradores y de perspectivas en un mismo cuento, por ejemplo en "Historia de macacos", su simbolismo más denso y a veces hermético, la huida de un realismo pobre en la forma, el sentido de la ironía y del humor ácido y no pocas veces grotesco, la preocupación, en fin, por dar cabida a temas más amplios que tienen que ver con una visión compleja y problemática del mundo. A lo cual podríamos añadir el empleo de subgéneros del cuento poco cultivados entonces, como el microrrelato en Aub. Como ejemplo, por su brevedad, reproducimos "El monte", incluido en Algunas prosas , de 1954, en el que los personajes aceptan con la mayor naturalidad un hecho del todo insólito:
Cuando Juan salió al campo, aquella mañana tranquila, la montaña ya no estaba. La llanura se abría nueva, magnífica, enorme, bajo el sol naciente, dorada.
Allí, de memoria de hombre, siempre hubo un monte, cónico, peludo, sucio, terroso, grande, inútil, feo. Ahora, al amanecer, había desaparecido.
Le pareció bien a Juan. Por fin había sucedido algo que valía la pena, de acuerdo con sus ideas.
­- Ya te decía yo -le dijo a su mujer.
- Pues es verdad. Así podremos ir más de prisa a casa de mi hermana.
En 1952, Rosa Chacel publica el libro de relatos Sobre el piélago , de corte imaginativo y fantástico, en el que se advierten influencias que tardarían aún en llegar a la literatura española del interior, la de Borges, por ejemplo. De ese libro es un fenomenal relato titulado "Fueron testigos" en el cual asistimos incrédulos a la metamorfosis de un hombre herido en plena calle que se diluye y acaba siendo tragado por una alcantarilla, mientras la ambulancia viene en su socorro, ante los ojos atónitos de quienes contemplan la escena.
Este tipo de relatos no era lo que se escribía entonces en España, anclados los autores en la estética del neorrealismo; sin embargo, fijémonos un instante en el caso de Arturo Barea, que ya había publicado, en 1938, los relatos de Valor y miedo . Tras su muerte en el exilio en Inglaterra, en 1957, su mujer, Ilsa Barea, recopiló una serie de narraciones que publicó en 1960 bajo el título El centro de la pista, en Ediciones Cid de Madrid. No anduvo muy vivo el censor y dejó pasar cuentos en los cuales la denuncia social y la crítica a los poderosos es bien patente. En esos años, se publican en España dos importantes libros de cuentos, Cabeza rapada , de Jesús Fernández Santos, en 1958, y El corazón y otros frutos amargos , de Ignacio Aldecoa, [ 3 ] en 1959. Si comparamos la historia del niño de "El cono", de Barea, con la del protagonista de "Cabeza rapada", de Fernández Santos, encontraremos que la injusticia que se denuncia es la misma, que el desamparo de esos niños y su desolación son los mismos, y que la intención crítica de sus autores, aun perteneciendo a generaciones diferentes, es idéntica, incluso en la escritura realista se pueden encontrar similitudes.
En 1950, en las ediciones de la tertulia Aquelarre, aparece el libro de José Ramón Arana El cura de Almuniaced , una de las mejores novelas cortas sobre la guerra civil, que iba seguida de una serie de cuentos, después ampliada en ¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos (1980), deudores de la tradición narrativa anterior; patente la influencia de Unamuno en el relato "El último sueño de Cervantes." Siguen en esa década apareciendo buenos libros de cuentos de autores que quizá hubieran merecido mejor suerte, como José de la Colina, que publica Cuentos para vencer a la muerte , en 1955, o Segundo Serrano Poncela, que publica Seis relatos y uno más , en 1954. También en esos años cabe señalar la aportación a la narrativa breve de dos grandes poetas exiliados, Luis Cernuda y Pedro Salinas, que publican respectivamente Tres narraciones , Buenos Aires, 1948, y El desnudo impecable y otras narraciones , México, 1951.
Una de las características de la narrativa breve en el exilio es la de la apertura a las nuevas realidades sociales que les tocó vivir a los autores exiliados. En este sentido, hay que destacar el libro de Max Aub, Cuentos mexicanos (con pilón) , de 1959, después publicado en España, en 1964, bajo el título de El zopilote y otros cuentos mexicanos, en la colección "El Puente", que dirigía para EDHASA, Guillermo de Torre, con el añadido de cuentos que no figuran en la edición mexicana. Con todo, el libro más innovador y uno de los que más fortuna ha tenido de entre los de Max Aub es Crímenes ejemplares , que se publicó en 1957. Libro de microrrelatos, en él Aub hace suya la cultura de la muerte, tan arraigada en México, e incluye rasgos lingüísticos y modismos propios del habla mexicana:
"¡Si el gol estaba hecho! No había más que empujar el balón, con el portero descolocado...¡Y lo envió por encima del larguero! ¡Y aquel gol era decisivo! Les dábamos en toditita la madre a esos chingones de la Nopalera. Si de la patada que le di se fue al otro mundo, que aprenda allí a chutar como Dios manda."
También Paulino Masip, en el libro publicado en 1954, La trampa, incluye un cuento titulado "El ladrón", ambientado en Ciudad de México y que podría tomarse como una suerte de homenaje al país que le acogió en su exilio. De igual modo, en el cuento titulado "El zopilote", perteneciente al libro La raya oscura , publicado en Buenos Aires, en 1959, Serrano Poncela reflexiona, a partir de la muerte de un exiliado, sobre las realidades nuevas vividas en Sudamérica. Mencionar, asimismo, el cuento de Rosa Chacel, uno de sus mejores relatos, "Ofrenda a una virgen loca", que da título al libro, que se publicó en México, en 1961. No debe olvidarse, tampoco, el temprano libro de Ramón J. Sender, publicado en 1940, Mexicayotl , compuesto de nueve relatos de carácter mítico y legendario en el que se refleja a través de historias de personajes y elementos del paisaje, animales incluidos, espléndido el relato "El buitre", el México anterior a la conquista. Sender, en su costumbre de rehacer sus libros, incluyó algunos de los relatos del libro de 1940 en otro de 1961, publicado en Nueva York, titulado Novelas ejemplares de Cíbola , también de ambiente americano. Otro tipo de cuentos, relacionados con este ámbito que comentamos, es aquel en el que se narra la historia de personajes que traicionan los ideales que les han llevado al exilio y se convierten, en las nuevas sociedades en que viven, en aquello que tanto odiaban en España. Esa visión crítica de cierto tipo de exiliados es la que expresa ácidamente Manuel Andújar en cuentos como "Para la próxima figura de barro", escrito en 1959 e incluido en el libro Los lugares vacíos , 1971.
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NOTAS
  • [ 3 ] Mejor libro de cuentos español del siglo XX según la citada encuesta elaborada por esta revista.

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