Al recorrer las páginas de uno de los abundantes estudios consagrados a la producción literaria de Cela, una frase de Alonso Zamora Vicente (amigo personal del escritor y gran conocedor de su obra) nos llama la atención por su tono inapelable: «los libros de viaje de Cela no son novelas». Y continúa diciendo: «pero, en cambio, son páginas insustituibles para conocer la andadura mental del escritor. Son páginas donde el escritor se exhibe con loable impudor; donde habla de su propia experiencia y de sus propias debilidades, sus exclusivas preferencias y sus arrolladoras simpatías. Donde le vemos con más claridad, con más nítidos perfiles" ( Camilo José Cela. Acercamiento a un escritor, 1962 ) . Para este crítico los libros de viaje de Cela, además de poseer un marcado carácter autobiográfico, son obras en las que no cabe la mixtificación ni, por supuesto, la imaginación. Es decir, no son relatos de ficción, como la novela, sino relatos eminentemente referenciales. Cabe preguntarse si estas consideraciones sobre el relato de viaje coinciden con la imagen mental que el lector pueda tener de este género. Si preguntáramos a un lector cualquiera qué entiende él por «relato de viaje» obtendríamos, probablemente, este tipo de respuesta: es el relato de un viaje real efectuado por un personaje, que puede coincidir o no con el propio autor. En cierto sentido este tipo de narración puede considerarse como una biografía -y en algunos casos una autobiografía- parcial de un escritor.
En un afán de orientar al futuro lector de sus relatos de viaje, Cela decide instaurar de manera explícita un "pacto de lectura" con sus lectores. En varios prólogos, así como en diferentes artículos publicados en revistas o periódicos, el escritor divulga lo que el lector debe esperar de sus libros de viaje. En primer lugar, Cela declara distinguir tres tipos de viaje: los de altura, los de cabotaje y los de profundidad. Los primeros son viajes con un destino lejano y exótico; el escritor romántico Chateaubriand, autor de Itinerario de París a Jerusalén y Viaje a América, es el prototipo del viaje de "altura". Los viajes de profundidad, practicados por Ortega y Gasset en sus obras Notas de andar y ver y Teoría de Andalucía, se emparentan con el ensayo filosófico; son libros de introspección en los que el viaje no es sino una excusa para reflexionar sobre temas más generales. Cela prefiere los segundos, los de cabotaje, que denomina también "viajecillos": «Pero el viajecillo -por lo menos así lo pensamos- se nos antoja más amoroso, más cauto, más hondamente misterioso, más inequívoca y forzosamente sincero. Cuando no se sale de casa a descubrir nada, porque se van a caminar las sendas que trazaron, valle adentro o ladera arriba, muchos cientos de años de continuo descubrimiento, ha de perfilarse con cautela el rasgo de la escritura porque se va a hablar al lector de su padre y de su madre, y no de aquel tío que nunca conoció y que vive de siempre en los lagos de Tanganika, en la cordillera de los Andes o en la meseta del Tibet» ( Obra completa , tomo X, p. 513).
Con estas breves líneas, Cela orienta al futuro lector proponiéndole unas claves de interpretación de sus libros de viaje. Por una parte, le informa de su voluntad de recorrer únicamente tierras españolas, no le interesa lo exótico, ni lo lejano. Descartando la noción de aventura y de descubrimiento, confiesa que él no sale de viaje para descubrir nada ni con el afán de olvidar la rutina. El objeto de sus viajes determina su manera de escribir ya que los escritores de "viajecillos", de esos viajes de lo familiar, tienen que limitarse a "dejar constancia de lo que ven y lo que oyen, lo que sienten y lo que huelen, lo que palpan y lo que saborean" ( Ibid ., p. 463). Dicho de otra manera, del relato de viaje se excluye la imaginación, la invención; es un género que se aparenta a un acto notarial o a un reportaje, un género regido por la veracidad y la objetividad.
Estas aclaraciones preliminares, además de orientar la lectura y crear ciertas expectativas en el lector, suscitan interrogaciones sobre la fiabilidad de estas afirmaciones. En otras palabras, nos preguntamos si el escritor cumplirá sus promesas, si sus relatos de viaje son "fieles" a los viajes que realizó, si sólo se limita a contar lo que vio de manera objetiva e incluso si los viajes relatados tuvieron realmente lugar. Por fortuna, en el caso de los libros de viaje de Cela contamos con materiales inestimables (documentos de la Fundación Camilo José Cela que ha reunido, en particular, cuadernos de notas, manuscritos y pruebas dactilografiadas) que permiten aportar respuestas a estas cuestiones. Podemos así reconstruir el proceso de escritura de estos relatos desde el viaje real (origen y fundamento del relato) hasta el producto final (la versión definitiva) pasando por diferentes etapas intermediarias (notas, manuscritos, versiones intermedias).
Los viajes de Cela
El autor declara haber visitado la Alcarria, por iniciativa propia, entre el jueves 6 y el sábado 15 de junio de 1946; incluso da cuenta del itinerario preciso del viaje. La autenticidad de estas declaraciones es corroborada por artículos de periódicos de la época que se hacen eco del recorrido del escritor. Contamos también con pruebas gráficas; nos referimos a los clichés realizados por el fotógrafo austriaco Karl Wlasak -que ilustran la edición de la Revista de Occidente- que acompañó, junto a su amiga Conchita Stichaner, a Cela en varias etapas de su recorrido alcarreño.
Por encargo del diario Pueblo , Cela realiza un viaje durante los meses de julio y agosto del año 48; se trata de un recorrido en coche para visitar las "residencias veraniegas de los trabajadores" situadas en diferentes puntos del territorio nacional y así dar cuenta de su funcionamiento en una serie de artículos publicados en este periódico. Dichos trabajos constituyen el embrión de dos relatos de viaje que escribe con posterioridad: Del Miño al Bidasoa y Primer viaje andaluz .
Judíos, moros y cristianos y Cuaderno de Guadarrama no son el resultado de un viaje concreto sino de sus tiempos de retiro veraniego en Cebreros. Cela confiesa que su mediocre situación económica de la época le obliga a pasar los veraneos de toda una década -entre los años 1946 y 1956- en ese lugar por no poder aspirar a un destino más alejado de Madrid.
En esta última fecha, acompañado de don Felipe Luján, del doctor José Luís Baros y del escritor Josep Maria Espinàs recorre el Pirineo de Lérida. De este viaje nacerá, siete años más tarde, su libro Viaje al Pirineo de Lérida.
Casi cuarenta años más tarde, en junio de 1985, vuelve a recorrer tierras alcarreñas; esta vez el itinerario está previsto de antemano y las circunstancias del viaje no son las mismas: no hará el viaje a pie sino en Rolls Royce y con choferesa -como conviene a su mejor situación económica y a la edad del escritor-; tampoco será un viaje solitario ya que se rodea de una especie de corte que ameniza su viaje. En una carta del 21 de mayo de 1985 dirigida a don Francisco Tomey, presidente de la Diputación de Guadalajara, Cela da puntual reseña de las fechas y el itinerario que recorrerá en este su segundo viaje por tierras de la Alcarria.