
Marcel Duchamp, 2002. Gabriele de Matteo |
Un centenar largo de propuestas diversas y en nada acomplejadas que demuestran
fehacientemente que el arte de la pintura es un arte vivo que se mezcla con otras
disciplinas o se reafirma y se yergue poderosa sobre el mundo para hacer del mundo
un mundo nuevo cada vez, y sorprendente. Esto es Vitamin P. Una apuesta espléndidamente
seleccionada por Barry Schwabsky que nos muestra, en apenas trescientas cincuenta
y pocas páginas, lo que hay de destacable y nuevo en el mundo del arte,
documentando con eficacia las preocupaciones, los intereses, las ideas y las tendencias
más recientes, y que la editora británica Phaidon ha tenido el acierto
de lanzar al mercado. 114 autores que demuestran que no ha desaparecido el rigor
ni la inspiración. Que no ha muerto la pintura.
Es el caso, por ejemplo, de autores en los que el color como elemento vivo, dinámico
y brillante, cobra un protagonismo central, como en la obra de Franz Ackermann
(Neumarkt St. Veit, Alemania, 1963) Helicóptero XXI (invitación),
que sumerge al espectador en una especie de nuevo laberinto, o como en Sin título,
de Katharina Grosse (Friburgo, Alemania, 1961), en quien el color lo cubre todo.
Pero también de otros cuya apuesta por la figuración es clara, como
demuestra el "intransigente" en su determinación de que la pintura
siempre existe Yan PeiMing (Shangai, China, 1960) en Buda, Elizabeth Peiton (Danbury,
Connecticut, EE.UU., 1965), en la puesta en escena que es Prince Eagle (Fontainebleau)
o en la obra de Lucy McKenzie (Glasgow, Reno Unido, 1977), en la que todo está
al borde de la esquizofrenia -si no en ella-, como en Eres útil, por lo
que puedes estar (pero sólo un ratito). Kai Althoff (Colonia, Alemania,
1966) es, por su parte, un autor de la memoria y un irredento experimentador de
medios expresivos divergentes, como se ve en sus obras llamadas Sin título.
En Inka Essenhi (Belfonte, Pennsylvania, EE.UU., 1969) lo que destaca es el poder
de la imaginación y el anacronismo, como puede verse en Ceniza volcánica,
en tanto que en Bhupen Khakhar (Maharashtra, India, 1934) la resonancia mítica,
basada en la memoria y en la experiencia, cobra manifiesto interés, como
en Elefantes divirtiéndose en el agua.

Elefantes divirtiéndose en el agua, 1998. Bhupen Kha Khar |
Pero no todo para los nuevos autores es sensitivo, dionisiaco, evocador, sentimental.
También hay en ellos rebeldía, como en Gabriele De Matteo (Torre
del Greco, Italia, 1957), para quien la pintura se revela como un medio de expresión
pobre en la era de las nuevas tecnologías, pese a lo cual pinta obras como
Marcel Duchamp. Vida en imágenes, con ilu.rtracione.r de André Rafray,
el gran cristal; Neo Rauch (Leipzig, Alemania, 1960), un pintor del fracaso de
la utopía del Bloque del Este, cuya obra Felsen dice mucho de esto, o Peter
Rostovsky (San Petersburgo, Rusia, 1970), apasionado por el rock duro de los años
setenta y ochenta, que sublima, un auténtico romántico que no puede
negar influencias del siglo XIX siendo terriblemente moderno, y Epifanía
modelo 2 es un buen ejemplo de ello.
Es, en definitiva, Vítamin P un magnífico ejemplo, una hermosa propuesta
que va más allá de un Who is who cualquiera, una apuesta brillante
y bella, una espléndida demostración que merece la pena, un material
de referencia ineludible tanto para los que ya llevan a sus espaldas largos trayectos
y son, por méritos propios, consumados especialistas, como -por su valor
divulgativo- para quienes tienen la asignatura pendiente de conocer el arte todavía
y quieren subirse al tren del goce.
Ficha del libro: Schwabsky, Barry (editor); W. AA. Vitamin P Nuevas perspectivas
en pintura. Phaidan Press Limited