Ilustradores británicos. Tradición y modernidad, de Ana Ramblas

El Salvador. Tony Ansell |
"La bella apariencia de los mundos del sueño, en cuya creación cada hombre es un artista perfecto, es el presupuesto de todas las artes plásticas e incluso, como veremos, de una mitad importante de la poesía.
Con relación a estos estados artísticos inmediatos de la naturaleza, todo artista es un "imitador", bien un artista apolíneo de los sueños, bien un artista dionisíaco de la embriaguez, o bien, finalmente-como por ejemplo en la tragedia griega-, al mismo tiempo un artista de los sueños y la embriaguez" Friedrich Nietzsche

La librería. Catherine Denvir |
Cuando la prestigiosa Asociación de Ilustradores Británicos comenzó a reunir y a publicar periódicamente algunos ejemplos de las obras realizadas por sus más de un millar de asociados para campañas publicitarias, calendarios, carteles, portadas de libros, revistas, discos, etc., muy pronto se hizo evidente la gran diversidad de formas y técnicas utilizadas, pero también la existencia de algo que compartían todos los artistas, algo que podríamos llamar "el inconfundible estilo británico".
Un original sentido del humor, una particular manera de sentir y usar los hallazgos del surrealismo, una elegancia y un encanto muy personales, y, por supuesto, un nivel, una calidad que testimoniaba de una sólida tradición, pues Gran Bretaña fue pionera en considerar la ilustración como una disciplina artística, lo que facilitó el que artistas prestigiosos no dudaran en cultivar esta modalidad "comercial" de la expresión gráfica. Así, la presencia de obras como las portadas realizadas por Ashley Potter para Penguin Books, algunas de ellas emparentadas con el mejor expresionismo, la certera imagen creada por Gary McCarver para la versión inglesa de la novela de Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada, que publicó Pan Books, o el sombrío pero hermoso paisaje imaginado por Liz Pyle para En la colina negra de Bruce Chatwin, también para Pan Books.

Fiebre del heno. Kathy Wyatt |
Y en lo que respecta a los carteles para el teatro, un género en el que los ingleses continúan siendo los maestros, sirva de ejemplo el excelente realizado por Kathy Wyatt para una comedia de Noel Coward,
Hayfever, con el retrato de su protagonista, la actriz Penelope Keith.

Crónica de una muerte anunciada.
Gary Mc Carver |
"Aquélla fue una de esas ocasiones especiales en que de verdad aprecié íntimamente la belleza del momento que pasó como una corriente eléctrica desde el pincel a mi mano. Me sentí absorto por completo. Estaba en otro mundo o en otra dimensión; desapareció toda noción del tiempo."

Emma Chichester |
"Toda (pintura) exige la más intensa concentración y, en consecuencia, es uno de los ejercicios más relajantes y terapéuticos que conozco. De hecho, en mi caso, siento que me transporta a otra dimensión que, literalmente, vivifica partes del alma a donde no pueden llegar otras actividades" .
The Prince of Wales
Horst El Mago, de Joaquín Lledó

Nautilus |
Nacido el 14 de agosto de 1906 en Weissenfels, una pequeña localidad situada en el este de Alemania, y activo hasta la última década del siglo XX, podría decirse que la historia de Horst Paul Albert, conocido en el mundo de la fotografía como Horst, cubriendo prácticamente la totalidad del siglo, se confunde con la historia de la propia fotografía durante ese período. Sin embargo, aunque era el hijo del dueño de una ferretería y, por ello, fue criado en medio de tuercas y piezas metálicas, lo que interesó al joven Horst durante su infancia no son las pesadas máquinas fotográficas de las primeras décadas del siglo XX sino el mundo del arte. Pero en cualquier caso muy pronto tiene el sentimiento de que el estrecho y aburrido mundo de Weissenfels no estaba hecho para él.

Lisa sobre seda
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Así, en los primeros años de la década de los treinta, cuando todavía no es sino un adolescente, ya se hace algunos nuevos amigos en un grupo vinculado con la Bauhaus, entre ellos, Eva Weidemann, una estudiante diez años mayor que él que será quien le introduzca verdaderamente en el mundo del arte, le lleve a las primeras galerías y le presente algunos artistas. Un grupo de librepensadores que en ese momento está rompiendo con la moral tradicional con una decidida adoración del cuerpo humano, considerado coma elemento artístico fundamental. En su compañía Horst participa en algunas bañadas nudistas en el río local y, muy poco después, intenta seguir a sus nuevos compañeros, que parten hacia Capri, pero sus padres, alarmados, le prohíben este viaje.
Durante los años siguientes Horst estudia en Frankfurt, donde se interesa durante algún tiempo en el chino, y en Hamburgo, donde comienza a trabajar mientras sigue los cursos de la Escuela de Artes Aplicadas. En los primeros años de la déca da de los treinta se traslada a París, donde consigue introducirse como aprendiz en el taller de Le Corbusier. Y es en París donde, sólo un poco más tarde, se produce el acontecimiento que iba a transformar definitivamente la vida del joven Horst, su encuentro con el barón Georg Honingen-Huene, ilustrador y jefe fotógrafo del Vogue francés y pupilo de la estrella del Vogue de Nueva York, el fotógrafo Edward Steichen. A partir de ese momento Horst se convierte en el ayudante del barón Huene y, muy poco después, en el modelo de algunas de sus fotografías y en su compañero de viajes.

Las manos de Lisa
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Cautivado por la fotografía, arte de joven estilo que le permite crear imágenes con la ayuda de la química y de la luz, no por ello deja Horst de continuar fascinado por la pintura, y prueba de ello es que durante este período pasa largas horas en el Louvre, reflexionando sobre la manera de transferir la misteriosa luminosidad de los Antiguos Maestros a la fotografía.
Muy pronto, ya a mediados de esa década de los años treinta, Horst comienza a ser considerado como uno de los fotógrafos estrella de Vogue. Además de las fotos de moda y los retratos, por ejemplo, el que hará durante su primera visita a Hollywood de una joven Katharine Hepburn, de sus desnudos y de sus temas artísticos, géneros en los que es más evidente su deuda y sus vínculos con las vanguardias, Horst realiza también los primeros collages que serán portada en Vogue y viaja con su Rolleiflex a través de África y el Oriente Medio, realizando reportajes que su estilo elegante, su encanto y el conocimiento del mundo del arte, hacen inconfundibles y únicos, netamente diferenciados de los que durante este mismo período realizan sus colegas.

Belleza y armonía |
En Europa todo
anuncia el conflicto que se prepara. Pero es en el mes de agosto de 1939 cuando, poco antes de huir de París, Horst realiza en esta ciudad la foto que le hará definitivamente famoso,
The mainbucher carset. Evidentemente un hombre como Horst no tiene sitio en esa Europa que
comienzan a ocupar las tropas alemanas. Así es que de nuevo emprende el vuelo. Instalado en los Estados Unidos, Horst inicia la etapa más fecunda de su vida profesional. Entre las espléndidas y numerosas fotos que realiza durante este período destaca por supuesto aquella que en una jornada memorable, y en presencia del propio Josef von Steínberg, realiza de su compatriota Marlene Díetrich, exiliada como él mismo en los Estados Unidos. Un retrato maravilloso que consolidará definitivamente su fama.