La otra gran aportación de Moore a la pintura es el espacio vacío que media entre el tema del cuadro y el observador. Dicho espacio comprende tanto un fragmento del cuadro como la zona entre el cuadro y la posición del observador. De este forma crea ciertas expectativas e intenta romper con la fuerte inmovilidad de sus figuras femeninas, también crea volumen en la composición que de otra forma los cuadros no tendrían pues desarrolla un pintura con pocos elementos en diagonal y sí con una fuerte visión frontal. Sus figuras están pintadas de lado, de frente o de espaldas, pero casi siempre evitando introducir puntos de fuga, cuando esto no sucede sus figuras parecen flotar en el aire como sucede en el cuadro Botones de Oro. Trabaja fundamentalmente con la verticalidad colocando sus figuras bien de pie sin apenas introducir profundidad espacial, o bien sentadas o tumbadas con un pequeño escorzo que no elimina la visión frontal sino que parece potenciarla. La frontalidad favorece la calma y da estabilidad a la escena colocando el centro de gravedad en las figuras representadas. La intención de Moore es dar el protagonismo única y exclusivamente a la figura femenina para ello la ausencia de perspectiva es fundamental. Por regla general, las figuras femeninas se apoyan en la pared, están tumbadas o recostadas en un sofá o bien están protegidas por una tela que en cualquiera de los casos elimina siempre los puntos de fuga de la composición. Para que el resultado de la pintura no resulte demasiado plano Moore juega con ese enorme espacio vacío que generan sus cuadros, por lo tanto, en esta nueva etapa coloca las figuras en el plano del fondo del cuadro dejando vacío el plano delantero. Todo esto exige que las figuras de los cuadros de Moore estén completas, es decir, pintadas desde la cabeza a los pies y además quede un espacio vacío entre los pies de la figura y el extremo inferior del lienzo. En este espacio el pintor suele colocar un fragmento de alfombra que da la sensación de continuidad entre el espacio del cuadro y el espacio del observador.
En las décadas de los setenta y ochenta Moore no aporta nada nuevo a la pintura, repite una y otra vez el tema de lo femenino. Realiza más de treinta y tantos retratos de mujer en un formato rectangular utilizando solamente dos o tres modelos. La mujer aparece casi siempre de frente y de pie, y lo único que parece interesarle es la ropa y el color.

Bailarina, 1864 |
En sus cuadros posteriores mantiene la misma línea: sus mujeres no hacen nada, la mayoría dormitan. A1 final de la década de los ochenta realiza un cuadro con un formato casi cuadrado, totalmente atípico, aproximadamente de metro y medio de lado donde se sintetiza el cosmos de lo femenino en Moore. El cuadro lleva por titulo Sols
ticio de verano y es una de las obras más importante del pintor. Suavidad , elegancia y dulzura en la imagen de lo femenino. Fuerza, brillantez y calor es lo que se desprende del color naranja de las túnicas, del plateado del sillón y del verde-amarillo de los abanicos.
Al final de su vida realiza dos cuadros importantes, uno de ellos es Noche de Verano donde la modelo se contempla así misma en el tránsito de acostarse, dormir y levantarse. La novedad del cuadro es que ha eliminado el plano del fondo donde se ubicaba la modelo y lo ha abierto al infinito, en este caso mediante un lago que parece perderse en el horizonte. El mismo recurso utiliza en Iluminación y Luz en el que además introduce un sorprendente movimiento curvo en las túnicas de las modelos.
Por cortesía de la editorial Phaidon Press Titulo Albert Moore
Peter Beard El ojo mecánico
Ernesto Parra

La mecánica posee un alto índice de sensibilidad, si no, no hubiesen existido ni el Rolls-Royce ni los hermanos Wrigth, quienes demostraron que el aire también es el papel de las palabras. Nuestro poeta Peter Beard nos asomará a las ventanillas del mundo bajo las notas de un obturador: una imagen vale más que mil palabras.
La mejor faceta de Beard es la escritura de su mirada. Una catarata o una silenciosa modelo junto al colmillo de un elefante, nos muestra cómo se ajustaban ciertos tornillos en Kenia, allá por los años sesenta. Fotógrafo de lo imposible le llamaron los mejores rotativos franceses. Los italianos, en cambio, le denominaban "cacciatore di stile". O sea, un buscador. Yo lo llamaría fotografía especial : donde los límites de la palabra coinciden con decirlo todo en silencio. Por eso mismo pudo haber sido espía y artista.
A Peter le fascinó África desde los siete años, cuando visitó el Museo de Historia Natural en Nueva York. En seguida, comprendió que el Continente Tenebroso era su único destino.

Kenya |
Conrad hacía el mismo botamen iconográfico, sólo que con cazadores en la tertulia del piojo del progreso o con los nativos sedientos de una bala. La vida se presenta como un biombo cuya cata no acaba dilucidando nada entre verdad y mentira. Beard sabe captar ese guiño y su dedo sobre la Nikon también.
Alelado por Karen Blixen, por Picasso y sobre todo por Francis Bacon nos seguirá presentando su perfil de la impostura tras una cámara fotográfica. Otra óptica de Beard se mide en la aventura de las discotecas, la jet society y, un largo etc de personajes desde Jackie Onassis a espectaculares modelos colgadas de su brazo, pasando por su entrañable copiloto de copas Mick Jagger. Mundano, gentil y con mapa en blanco en todas partes del globo terráqueo, nos sigue mandando sus imágenes. La dualidad de este personaje siempre nos va a asombrar con las cerillas de su ojo mecánico.

Diario (collage) 1984 |
Peter fue, es y seguirá siendo un fascinado, un aventurero, un curioso de perderlo todo. Por eso mismo, África le cautivó
"lo más gracioso es que cuando ocurrió el accidente ni siquiera estaba trabajando", recuerda.
"Me encontraba con unos amigos en el Ma.r.rari Park, cuando decidimos aproximarnos a una manada de 20 elefantes".
Pero ese día le tocó la lotería y, un paquidermo le dio unas cuantas volteretas. Sus porros en la mesa del desayuno, le mecerán después en la reflexión de marchar de África, lenta pero definitivamente. "Es ridículo quedarse allí, es una batalla perdida". Nuestro vividor contaba los granos de arena del desierto, despacio y hasta el como Sherezade. África, su pasión, quiem conocemos, aprendemos que no se camina= escucha o se ve.
África es una llave humana sin mares embaidosados, que el viejo Peter sabe concertar coma <4 ojo en la manzana de Guillermo Tell. No exis= definiciones posible para este tipo de mares, comD tampoco existen definiciones para su estilo de vida y las viñetas del mundo, que con sus guiños na enseña: podría haber hecho cualquier fotografía de Saint-Exupery en alguno de sus vuelos de noche.
Peter es capaz de eso y más. Peter no tiene límites con el silencio de la muerte. Peter dispone de op clínico con la vida y, por añadidura de talento.
Beard es un hombre de mil caras. Eso sí, con sus sandalias africanas y con sus pantalones de pintor de brocha gorda. Un personaje inventado, mitad Tarzán, mitad Byron.
Cuando uno ama el entorno y lo va descubriendo, como Peter en África, pese al dolor de tener que irse; la ausencia no tiene objetivo. Y, sea en el Continente que sea, no tiene color.
Además la vida ya no tiene Infierno, lo dijo el Papa. África nos salva de quedarnos sin nada.