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Intramuros 26 Intramuros

Raíces

por Mohamed Choukri
Intramuros nº 26, Verano / Otoño 2007

Número de páginas: 2
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Aquellos que han leído mi autobiografía, El pan desnudo , saben que soy hijo de la inmigración. Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio unos hacia Orán, otros hacia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un sólo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.
Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución:
"Vete de aquí, hijo del hambre". "¡Largo! ¡Fuera, rifeño!"
¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.
En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio.
Todavía hoy, el Mediterráneo es un espacio de exilio, de inmigración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los accidentes ecológicos, la guerra étnica, todos vectores del mismo efecto inhumano, todos fuente de desestabilización.
Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la historia -antigua y moderna-, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del Mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad.
EXPULSADO POR LAS CARENCIAS Y LA SEQUÍA, ARROJADO EN BRAZOS DE LA AVENTURA, EL EMIGRANTE NO LL EVA CON ÉL MÁS QUE UN RAYO DE ESPERANZA Y
UN ASUSTADO SOPLO DE DIGNIDAD
El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico, como ya constaté en 1993 en otra comunicación.
Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar:
• El fenómeno de los espaldas mojadas.
• El fenómeno de las barcas de la muerte (pateras).
La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica.
La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad. Conozco los asuntos de la vida errante. Yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores. Es verdad que intentaba entonces disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños. Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa, clara y extranjera. La sometí a mi ley. La vencí.
¿De qué triunfo se jacta el actual emigrante? ¿Sobre quién?
Asistimos actualmente a una pérdida de valores morales que provoca por todas partes un estallido de las sociedades que las han producido. La costa sur ha aceptado también la filosofía de "el tiempo es oro". Intenta, también ella y por todos los medios, hacer suyas las ideas utilitaristas y la lógica cartesiana. Favorece a los grupos económicamente fuertes. Aparca a sus marginados en las zonas periféricas. Todo eso tiene como consecuencia que los jóvenes, hombres y mujeres, sueñen con otra tierra, con otra vida. Ocurre que son justamente los menos tocados por el virus del fracaso. Ocurre que, justo frente a ellos, en la punta de sus miradas, espejea una tierra más clemente, o así lo creen ellos, la de la ribera norte. La desean. La codician. La acarician. Desean, cueste lo que cueste, fundirse con ella.
Adelante, hacia la aniquilación. El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora. El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo también han emigrado.
El abismo que separa los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del Tercer Mundo. En los países ex-comunistas, millares de personas tenían sus maletas ya hechas, aguardando una aparente esperanza, para venir a la Europa rica. En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte. Italia conoce este problema. Europa actualmente asiste a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse, intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. ¿Qué quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza?
En el Mediterráneo la situación es esquizofrénica. Los países, divididos geográfica y psicológicamente por un modelo nórdico y materialista, buscan soluciones tecnológicas a problemas culturales y sociales y, con la intuición de que las soluciones no podrán ser más que intelectuales, adoptan estrategias inadecuadas. Pues la respuesta a todas nuestras cuestiones puede encontrarse en el pensamiento mediterráneo y orientalista de nuestros humanistas. La hazaña de Ulises puede servir de modelo. Este héroe que surca los mares, errando durante diez años en busca de la verdad, era un emigrante que Ítaca ve volver tranquilizado por la sabiduría y profundamente humanista gracias a su periplo.
Yo fui Ulises, en un momento de mi vida. ¿He dejado de serlo?
He recorrido un periplo como el suyo. Lo recorro aún. Mi espacio de aventura es un espacio escriptural. Mi madre es la escritura. Mis pruebas son de orden intelectual.
Recuerdo que mi madre me obligaba a hablar en rifeño y me prohibía hablar otra lengua que no fuese aquélla. Nacido en el Rif, yo debía continua hablando la lengua de mi tierra, decía. La muerte libró a mi hermano Abdelkader de esta guerra. A mis otros hermanos y hermanas, hijos e hijas del exilio, no les concernía esta batalla. Eran libres de utilizar la lengua de sus ancestros o la de su tierra natal.
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