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Intramuros 21 Intramuros

Trueba y Cerami dialogan sobre el cine, sus memorias y sus historias

por Ida Rosiello
Intramuros nº 21, invierno-primavera 2005

Número de páginas: 2
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Claro que hay también películas de mucho éxito, de bajo coste, donde un buen director fotógrafa una realidad popular; consigue así representar el famoso "common sense"en un momento histórico determinado. Y para mí esto es lo que se tendría que intentar siempre de realizar.
Trueba. Estoy de acuerdo totalmente. Acabo de ver la película "Un Borghese piccolo, piccolo" de Monicelli, una película que es del 1967 y al mirarla tienes la sensación que sea mucho mas actual; te das cuenta de como el tiempo es implacable con todas las artes que intentan desafiar al tempo y no hay nada que quede mas viejo que el futurismo.
Bueno, tu has trabajado en Pinocchio, donde el digital ha tenido su importancia, hablamos un poco de esto, de como trabajas tu y de tu encuentro con Benigni.
Cerami. Conocí Benigni mientras rodábamos Minestrone, una película de Sergio Citti, donde el era actor y yo guionista.
Trabaje solo con el en Piccolo Diavolo. El es un cómico sorprendente. La primera parte del trabajo estaba a mi cargo, crear el personaje y escribirlo, después el lo probaba, veía como le sentaba y a este punto el personaje mismo nos sugería las escenas sucesivas.
Se trabajaba al mismo tempo a la creación del personaje y a la historia, además quería hacer cine, quería un hilo conductor en la historia, no como hacia Totò que creaba una serie de ocasiones cómicas unidas por un pretexto cualquiera.
Esto significaba pensar en un público que no seguía Benigni, sino el personaje y la historia. La historia, en si misma, no es divertida, no tiene que ser estricta, que obligar el actor a ponerse a su servicio, así que permita al cómico de expresarse con todas sus posibilidades. Esta es la manera de hacer cine cómico. Esta película, tuvo un éxito fenomenal y desde entonces Benigni y yo seguimos esta trayectoria.
En Jhonny Stecchino también, una gag detrás de otra.
Al final llegamos a buscar dentro de las posibilidades del actor, intentamos sacarle la mascara.
El cómico verdadero no tiene una mascara, es una figura que no tiene psicología, como tampoco sociología: no se conoce su historia, no se sabe donde nació, quien eran sus padres; además las únicas necesidades que tienen son la de comer y amar. Charlie Chaplin, por ejemplo, siempre se enamora y siempre se enamora de una mujer que termina riéndose de el.
Estos son los únicos dramas que vive un cómico, no hay otros. A través de una película cómica no se puede reconstruir el gusto de la época en la que están rodadas, son bidimensionales, no tienen background, los personajes son metafísicos, siempre con la misma expresión.
La figura central de la comicidad es la "gag", una ruptura lingüística, imaginaros una palabra de un libro de cocina, puesta en un libro de filosofía de Heideger. Precisamente es cuando el actor se olvida una parte y la inventa, esto es lo que da el efecto cómico.
En La Vita è Bella, por primera vez conseguimos que el actor se sacara la mascara y se hiciera un personaje mas psicológico; por primera vez hay una historia bien precisa, una historia verdadera, años precisos, la Shoa. En la primera parte el es cómico y comedia, después, aunque siga siendo el mismo personaje, paso a paso se vuelve dramático.
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