Si el francés experimentó o «ensayó» una forma para sus escritos autobiográficos, otro tanto hizo Martínez Ruiz a partir de los Essais, caso de un relato de 1942 que inicia así: «He puesto ya en una cuartilla las palabras decisivas El escritor . Ese es el título de la novela». (Martínez Ruiz, 1942:20) A pesar de haber explicitado el género, la lectura de sus páginas no lo confirma; es más, la editorial Espasa publicó en Argentina las tres primeras ediciones de la obra en la serie verde de ensayo. Sólo en la cuarta, y por indicación de su autor, fue traspasada a la serie azul de narrativa. De forma similar, la siguiente - Capricho , 1943- empieza con esta reflexión: «El autor por capricho (4) tiene este libro. [...] Novela o lo que sea. Novela o circunspectas confidencias» (Martínez Ruiz, 1943: 9), lo cual nos lleva al punto crucial que anunciábamos: los límites entre escritura autobiográfica y obra de ficción.
Si la autobiografía es el relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su existencia -vida individual e historia de su personalidad, identificando al autor con el narrador y el personaje descrito-, no hay mucha diferencia entre lo autobiográfico y las novelas de Azorín; cuyo interés no es la historia anecdótica del personaje descrito -la suya-, sino la autoconciencia de un yo que quiere entenderse, recreando vivencias e intentando dar coherencia intelectual a la propia vida, aún en proceso. Así empieza la novela Las confesiones de un pequeño filósofo (1904): «Yo no quiero ser dogmático y hierático; y para lograr que caiga sobre el papel, y el lector la reciba, una sensación ondulante, flexible, ingenua de mi vida pasada, yo tomaré entre mis recuerdos algunas notas vivaces e inconexas -como lo es la realidad-.»
Tanto el autorretrato impresionista de las Memorias y novelas de Azorín, como la autobiografía sin entramado de los Essais de Montaigne suponen un intento de conocerse a través de la escritura. Aunque ambos escritores acaben mostrándose en parte, y en parte, reinventándose, ello no anula la herencia socrática que el francés lega a la modernidad y palpita en Azorín: la necesidad de conocerse, a pesar de la esencia evanescente y proteica del yo. Un siglo después, la búsqueda continúa, aunque los novelistas actuales no quieran ver la imagen que les devuelve el espejo de la página escrita y decidan inventar su propio reflejo.
Bibliografía citada
A LBERCA , M. de: El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la autoficción , Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.
C AMPOS , J: Conversaciones con Azorín , Madrid, Taurus, 1964, p. 138.
L AÍN E NTRALGO , P.: «Azorín: el mismo, pero de otro modo», Revista de Occidente , núm. 133, abril de 1974, pp. 40-41.
M ARTÍNEZ R UIZ , J.: Capricho , Madrid, Austral, 1943, p. 9.
- El escritor , Madrid, Austral, 1942, p. 20.
- Política y literatura: Fantasías y devaneos , O.C., IV, Madrid, 1948, p. 70.
- «Las ideas de Montaigne», Tiempos y cosas , Madrid, Salvat, 1970, p. 126.
- «Los buenos maestros: Montaigne», Artículos anarquistas , Barcelona, Lumen, 1992, p. 176. (ed. J. M. Valverde).
Q UEVEDO , Desde la Torre , Poemas morales, Poesía completa I, Madrid, Turner, 1995, p. 103 (ed. J. M. Blecua).
M. E. G.-UNIVERSITAT DE GIRONA