En 1981 Julia publicó otro libro: Viejas voces secretas de la noche , en la Colección Esquío que ella codirigía desde El Ferrol. Su voz poética se había hecho aún más misteriosa, como surgida de la gran noche oscura, tan cantada por los místicos, que es nuestra existencia, pero surgida también con un lirismo estremecedor desde el silencio del alma.
No había tenido ocasión de ver a Julia desde que se fuera de Sevilla, pero por fin se produjo el reencuentro a comienzos de un otoño anunciado por las caracolas que florecían en el jardín. Fue con motivo de la presentación Del camino de humo, el primer libro suyo que se publicaba en una editorial de su ciudad, Renacimiento, 1994. Previamente había aparecido su Antología de 1991, en Esquío, con esclarecedor prólogo de J. Peñas-Bermejo. Recogía allí el estudioso algunas de las opiniones vertidas sobre su obra hasta el momento. De Mariposa en cenizas había señalado Manuel Mantero «la espontaneidad natural de sus versos, la hondura de su expresión y la preocupación existencial sobre el significado de la muerte». El mismo poeta reseñó su segundo libro, Extraña juventud, como «libro evangélico por su inspiración amorosa, fraternal»; y José Luis Cano lo veía como «un libro testimonial, muy representativo de nuestra poesía de los años cincuenta y primeros sesenta... y una defensa del hombre al que amenaza, con sus métodos de represión, la sociedad». El crítico y académico Juan de Dios Ruiz-Copete consideraba Extraña juventud como «el paso inicial hacia la afirmación de una trascendencia, y Sin mucha esperanza, como el definitivo». José Luis Cano se ocupó también de este nuevo libro en el que indicaba que Julia Uceda «se dirigía a la búsqueda de la propia identidad a través de la infancia y de sus sueños». Emilio Miró elogió la producción americana de Julia, con su Poemas de Cherry Lane, como «poseedora de un rico lenguaje, de una "visión" profundamente intelectual en la que coexistían lo existencial y lo social, lo racional y lo sensorial»; y años más tarde, en 1979, desde las páginas de la revista Jugar con fuego , José Luis García Martín decía que «este libro, en su conjunto, es una de las obras capitales de nuestra poesía de posguerra. Y, paradójicamente, es una de las obras menos leídas y estudiadas». Rolando Camozzi señaló que en «Campanas en Sansueña conjuga el rescate ineludible del tiempo a modo de inevitable y persistido recuerdo, con la persistencia de una aspiración a la vastedad, al espacio inmensurable, la luz sin limitaciones, pese a las operaciones, a las sombras siempre prontas ». Enrique Molina Campos comentaba que Viejas voces secretas de la noche era «la culminación del proceso de concentración en torno a la experiencia del conocimiento en el entresueño. La nocturnidad es su ámbito natural; el misterio (del ser, del tiempo y de la muerte), su atmósfera». Finalmente Miguel García-Posada, que supongo que también tuvo la suerte de asistir a sus clases en la Facultad de Letras antes que yo, reconocía la importancia de su obra en estos términos: «A mi juicio, no hay duda: Julia Uceda es una de las voces mayores de nuestra lírica de hoy, una voz indispensable, cuya ausencia en algunas nóminas «oficiales» sólo califica -y mal- a sus confeccionadores. Pero, ya lo sabemos, las nóminas desaparecen y los poetas -los poemas- quedan». Yo estoy muy de acuerdo con este categórico juicio. Pocos son los que hoy se acuerdan de aquellas antologías oficiales del momento, y ahí siguen los poemas de Julia Uceda palpitantes de vida, con sus interrogaciones, su rebeldía, sus denuncias, sus indagaciones, sus sueños, su ironía, y su perfección formal.
En la Antología de Peñas-Bermejo se adelantaban tres poemas del nuevo libro Del camino de humo . En este poemario Julia Uceda extrema muchos de sus procedimientos expresivos. Es una incursión a paisajes de ciudades de nieblas, de piedras que rezuman agua, de huertos podridos, lugares de tránsito donde se buscan señas; incursión a interiores llenos de preguntas y recuerdos, a silenciosos espacios de la intimidad para escuchar la voz de la memoria, a ámbitos del sueño porque sólo él puede otorgar la unidad, a sueños que son eco de otros sueños, a vacíos donde se esfuma el cuerpo, a territorios de zafiros en los que dialogan las sombras de quienes no fuimos, a escenarios que son patíbulo y cuna, pradera y desenlace, a almarios que no dan razón de los pasos, o al hueco mismo de la mano, donde todo está cerca y todo no está. Un viaje por el insomnio y el vacío, por el camino de humo, sin más alforjas que la sinceridad y el dominio del verso, que no es poco.
Cuando a comienzos del nuevo siglo tuve la oportunidad de fundar y dirigir la colección de poesía Vandalia en la Fundación José Manuel Lara, no dudé en escoger a Julia Uceda para que inaugurase la serie «Maior». Estaba seguro de que su poesía reunida significaría una grata sorpresa para muchos por la coherencia de una trayectoria singularísima. Ella se sintió sorprendida, a la vez que complacida, por el ofrecimiento. Le resultaba extraño que al cabo de tantos años alguien se acordase de ella desde Sevilla. Yo tenía muchos motivos para ello. Pero no era una simple cuestión sentimental. La poesía de Julia merecía ser conocida por un amplio sector de lectores. Ahora teníamos la ocasión de que así fuese. Ella propuso a Sara Pujol para que se encargara de la recopilación y del estudio introductorio, y ésta cumplió su cometido aunando ejemplarmente el rigor científico con la manifiesta admiración. A los pocos meses de salir la poesía completa, En el viento, hacia el mar (1959-2002) , Sevilla 2002, aparecieron numerosas reseñas elogiosas en revistas y suplementos culturales. Muy poco después estaba seleccionada para el Premio Nacional de Poesía. Finalmente se lo otorgaron. Fue una satisfacción compartida y sigue siéndolo. En el viento, hacia el mar ha supuesto el reconocimiento de una voz que ha dicho mucho, prueba de ello ha sido el volumen colectivo Julia Uceda, conversación entre la memoria y el sueño , coordinado por Sara Pujol, El Ferrol, La barca de loto, 2004. Pero lo más interesante es que aún le quedaban muchas cosas por decir, como así ha sido recientemente, y ha de seguir diciendo en un futuro. Porque Julia no va a cambiar por mucho que la halaguen y la reclamen. Desde la lejana Galicia seguirá fiel a la indagación de lo verdadero y a la denuncia de la hipocresía e injusticia.