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Ínsula 735 Ínsula

La narrativa española en el 2007

por Fernando Valls
Ínsula nº 735, Marzo 2008

Número de páginas: 6
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Hoy, Júpiter , de Luis Landero, cuenta la historia de dos vidas, y de dos familias, presentadas en capítulos alternos. Los impares los protagoniza Dámaso Méndez y los pares Tomás Montejo, hasta confluir ambas historias, emprendiendo un nuevo camino. Los personajes masculinos acaban siendo lo que les han dejado ser, si bien a menudo sueñan con mejorar y tener éxito y fortuna. Dámaso le encuentra sentido a su vida en el odio hacia su padre y Bernardo, su protegido, en la búsqueda misma que emprende de sus enemigos. Tomás, por su parte, aspira a ser escritor, aun cuando para lograrlo deba pagar primero el precio de la pérdida de su mujer y de su hija, una vida ya encauzada que se trunca. Y aunque no sea ésta una novela de intriga, el autor se vale de los mecanismos habituales del género para interesar al lector. Al menos una pregunta surge en el desenlace: ¿acaso es la vida sólo soplo y sueño, tiempo e ilusiones, como le habían dicho al niño Dámaso? Lo cierto es que para los protagonistas la existencia ha sido, además, odio y fracaso, aunque también piedad y purificación (p. 395). El autor se vale de un estilo literario sostenido por la naturalidad, el gusto por el detalle y la precisión, lo cual produce un peculiar fraseo que lo distingue de otros narradores coetáneos.
En su novela corta El lugar sin culpa. Los espacios naturales , que obtuvo el Premio Torrente Ballester, la fuga de la protagonista a una isla concluye con el regreso, en una vuelta a su realidad habitual, con las ideas más claras, y más convencida de sus obligaciones. Ángela Gracia se da cuenta de que es imposible huir, de que no hay lugares sin culpa, como tampoco hay sitios neutrales, pues siempre lleva uno consigo las inquietudes, los fantasmas, aunque en esta ocasión, la distancia, la separación, le proporcionen a la protagonista la lucidez suficiente para comprender que debe afrontar los problemas e intentar solucionarlos. En esta narración, escrita con inteligencia y maestría, Merino ha logrado sintetizar las virtudes del relato y de la novela clásica, tales como sobriedad, intensidad, tensión narrativa, y la complejidad y desenvoltura con que actúa la protagonista, sin olvidar lo ameno, según mandan los cánones del género, que siempre deben tenerse en cuenta, al menos como punto de partida, sobre todo ahora que tantos ponen en cuestión su existencia, con tan escaso fundamento por lo demás.
Siento no compartir, en cambio, el entusiasmo que algunos críticos han demostrado por la novela de Belén Gopequi ( El padre de Blancanieves , Anagrama), que a mi juicio pecaría de similares defectos que la anterior. Su literatura, desde Lo real , ha optado por tomar partido, en favor de una transformación económica de la sociedad que cree imprescindible. Nada tengo que objetar a sus objetivos políticos. Las dudas se me presentan como lector, cuando debo juzgar una ficción, una representación de la realidad que me parece simplista, ingenua y maniquea, de buenos y malos, donde los personajes son una mera excusa para demostrar unas tesis preconcebidas, como si hubiera que aleccionar a los lectores. Qué duda cabe de que la literatura siempre toma partido, y en este mismo trabajo se habla de libros que lo hacen, pero desde posiciones literarias, y políticas, más perspicaces, complejas y matizadas. El ejemplo más claro sería el de Chirbes, cuya novela se fundamenta en las virtudes que echamos de menos en ésta, prestándole un mayor servicio a la causa de la escritora.
Amado siglo XX (Planeta), de Francisco Umbral, apareció un poco antes de la muerte del escritor. Como suele ser frecuente en casi todos sus libros, conviven aciertos y desaciertos, quizá porque estaban compuestos con excesivo apresuramiento. El caso es que parece compuesto a base de recortes de otros anteriores. Como despedida no resulta logrado, ya que poco nuevo aporta. Todo lo fundamental que contiene, filias y fobias, estaba dicho antes, tanto por lo que se refiere a la política como a la literatura, los dos temas de Umbral. Existe, en suma, un gran trecho entre lo que el autor anuncia en el prólogo, sus intenciones, y lo que hallamos en estas páginas.
Me gustaría, asimismo, llamar la atención sobre unas cuantas novelas que, en su variedad y singularidad, tampoco carecen de interés, como las de Iñaki Abad (Los malos adioses, Siruela), J. M. Guelbenzu (El cadáver arrepentido, Alfaguara), Javier Quiñones (Max Aub, novela, Edhasa), Javier Pérez Andújar (Los príncipes valientes, Tusquets), Quim Aranda (El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo , Candaya), Arturo Pérez-Reverte (Un día de cólera, Alfaguara), Juan Pedro Aparicio (Tristeza de lo finito, Menoscuarto) y Juan Cruz Ruiz (Ojalá octubre , Alfaguara).
En la novela de Iñaki Abad, a un miembro del servicio secreto español, Fernando Sanmartín de Mayorga, lo mandan a Nápoles -la ciudad es más coprotagonista que escenario del relato- con una misión doble: buscar a Isabel Varela, agente desaparecida, y cesar al responsable del espionaje en el sur de Italia, Tomás Salvador. La principal novedad que introduce Iñaki Abad en el género estriba en el cambio del punto de vista, en la utilización de la tercera persona, en vez de la primera, como suele ser habitual en este tipo de relatos. La estructura está marcada por la desaparición y la búsqueda, además de por algunos jugosos diálogos entre los personajes. El cadáver arrepentido es la tercera novela policíaca de J. M. Guelbenzu, protagonizada por la señora juez, como le gusta que la llamen, Mariana de Marco. En esta ocasión, tras meter las narices en la historia familiar de una amiga que la invita a su boda, se apoya en un capitán de la Guardia Civil para resolver el macabro caso. Así, la aparición de un cadáver en actitud arrepentida y suplicante, unos días antes de la celebración de un casamiento, ponen en marcha la curiosidad de la juez, quien logrará esclarecer los misterios que relacionan a un par de familias. En la novela, cuya acción arranca en 1914 y se prolonga durante todo el siglo, no falta el suspense, ni la peripecia trepidante. Pero, sobre todo, lo que mueve a la protagonista de este rompecabezas es su propia dignidad, que en esta ocasión, es también la de la víctima. Hasta tal punto que, en la narración, se contraponen dos maneras de vivir, de encarar la existencia, la de quienes obtienen su beneficio con el trabajo bien hecho, y la de aquellos que viven de rentas, y desean olvidar un pasado turbio. Novela de mujeres, de protagonistas femeninas, son ellas las que llevan siempre las riendas de la trama, los seres más complejos. El autor maneja con soltura los mecanismos del género y consigue dotarlos de un aire contemporáneo. Todo un reto, éste, al que se enfrenta Javier Quiñones, en su Max Aub, novela; y que consiste en reconstruir una vida agitada basándose en los datos conocidos, y en personajes reales, pero valiéndose de los instrumentos de la ficción, del que consigue salir airoso. Sin duda, un libro adecuado para iniciarse en uno de los mejores narradores españoles del XX .
Número de páginas: 6
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