www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Ínsula 733-734 Ínsula

La Literatura irreductible

por Antonio Monegal
Ínsula nº 733-734, Enero / Febrero 2008

Número de páginas: 6
imprimir

Estas dinámicas culturales ponen de manifiesto la necesidad de dotarse de instrumentos conceptuales adecuados para el estudio de interrelaciones que son en algunos casos nuevas y en otros simple repetición de procesos antiguos, porque la literatura siempre se ha alimentado de la circulación de otras literaturas y del contacto con otros discursos y formas de representación. Si bien es cierto que todo colectivo se reconoce en una tradición literaria propia, una tradición literaria no es exactamente una propiedad: no es del todo propio aquello que uno se ha ido apropiando de fuentes ajenas, ni aquello que aspira a ser compartido y puesto a disposición de los demás. La literatura comparada extiende este tipo de consideraciones a entidades de dimensiones diversas, para apreciar la interconexión entre los sistemas literarios, y por ello aporta un marco idóneo para abordar estas cuestiones. Muchos de los problemas que interesan a la literatura comparada están vigentes desde hace largo tiempo, pero lo cierto es que su complejidad y la de los sistemas de interacción cultural no hacen sino aumentar con la globalización económica y la aparición de entidades como la Unión Europea y de circuitos mundiales de comunicación como Internet. De ahí que la perspectiva supranacional sea, de manera irrevocable, cada vez más necesaria.
Transformaciones y refundación
La habitual resistencia al cambio de las instituciones académicas se ve tal vez exacerbada ante una disciplina que ha sufrido sucesivas transformaciones y se ha convertido de hecho en el espacio privilegiado de la renovación de los estudios literarios, en el umbral de acogida de nuevos paradigmas. Desde este punto de vista, cabe sostener que en la actualidad el estado de la literatura comparada es un termómetro del estado de los estudios literarios. El informe Bernheimer de 1993 fue particularmente polémico porque señalaba un vuelco radical hacia los estudios culturales, a tono con lo que llevaba una década ocurriendo en las universidades anglosajonas, y llegaba al extremo de afirmar: «Estas formas de contextualizar la literatura en los campos expandidos del discurso, la cultura, la ideología, la raza y el género sexual son tan diferentes de los viejos modelos del estudio literario de acuerdo a autores, naciones, periodos y géneros que el término ‘literatura' puede que ya no describa adecuadamente nuestro objeto de estudio» (Bernheimer, 1995: 42). Este tipo de afirmaciones provocaron réplicas acaloradas entre otros colaboradores del volumen, en defensa de la literatura, que demostraban sobre todo la falta de consenso en la disciplina. Peter Brooks se preguntaba si debíamos pedir perdón por estudiar literatura, pero probablemente la respuesta más contundente fuera la de Michael Riffaterre:
En un lado tenemos el universo, todas sus partes, todos los puntos de vista para mirarlo. En el otro lado, encarada a la infinidad de los objetos, tenemos la literatura, la única que es pura representación, la única entre todos los discursos que puede contener y emular todo lo demás, incluyendo el otro discurso. La misma complementariedad entre ser y representar hace urgente que la literatura siga siendo central al discurso, a la cultura, a la ideología y a todo lo demás, porque la literatura los abarca a todos ellos y plantea preguntas acerca de todos ellos. (Bernheimer, 1995: 72-73).
No deja de ser sorprendente, tras esta polémica, que en la compilación de propuestas sobre el estado de la disciplina diez años más tarde la centralidad de la literatura haya dejado de ponerse en cuestión, según destaca Saussy, y todos los ensayos parecen darla implícitamente por sentada, a pesar del imparable ascenso de los estudios culturales. Lo que ocurre es que la definición de qué es literatura no está necesariamente fijada, ni hay un consenso sobre la misma, por lo cual el término deja de nombrar un objeto de estudio predeterminado para referirse a una forma de concebir y abordar dicho objeto: la disciplina no se ocupa exclusivamente de leer literatura, sino de leer literariamente aquellos discursos que se prestan a dicho acercamiento (Saussy, 2006: 23).
Este proceso de asentamiento y recuperación del valor y la especificidad de la literatura no está exento de traumas y transformaciones profundas. Un ejemplo de la radicalidad de las propuestas lo encontramos en el título de un libro de Gayatri Chakravorty Spivak, Death of a Discipline ( La muerte de una disciplina ). Al contrario de lo que podría parecer en boca de una de las más prestigiosas teóricas del postcolonialismo, que además se ha definido a sí misma como una «marxista-feminista-deconstruccionista práctica», esta sentencia de muerte no es una despedida de la literatura comparada, sino un proyecto de refundación. Spivak intenta rescatar el patrimonio de la literatura comparada tradicional, la capacidad de lectura, la competencia lingüística, el enfoque en las lecciones de la literatura, y hacerlo compatible con las preocupaciones éticas ante los problemas de un mundo globalizado: «Para recuperar el papel de la enseñanza de la literatura en el entrenamiento de la imaginación -el gran instrumento de comprensión de la otredad que llevamos incorporado- podemos, si trabajamos tan duro como es capaz de hacer la literatura comparada a la antigua, acercarnos al trabajo irreductible de la traducción, no de idioma a idioma, sino del cuerpo a la semiosis ética, ese transporte incesante que es una ‘vida'» (Spivak, 2003: 13).
Spivak reclama la ampliación de los horizontes de la disciplina para incorporar lenguas, literaturas y culturas no occidentales. Esta aspiración, defendida ya en 1963 por René Étiemble, adquiere nueva urgencia para la crítica postcolonial, pero no por ello deja de tropezarse con resistencias. Para ilustrar el tradicional eurocentrismo de la disciplina en la cual ella misma se formó, Spivak narra una anécdota que viene especialmente a cuento porque tiene a Claudio Guillén como punto de partida: «En 1973, cuando yo era profesora titular, invité a Claudio Guillén a la Universidad de Iowa a dar un mini-curso. A Guillén le conmovió mi idealismo acerca de una Literatura Comparada global. Me puso en el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Literatura Comparada» (Spivak, 2003: 5). Seguidamente relata la oposición a la que se enfrentó, en la siguiente reunión del Comité Ejecutivo en Visegrad, su propuesta de expandir a otras zonas del mundo el proyecto de publicar una serie de volúmenes sobre historia literaria europea. Para Spivak aquel choque fue una revelación, pero también una señal de que, desde muy temprano, ella había percibido que «las consecuencias lógicas de nuestra disciplina vagamente definida debían incluir, con seguridad, la posibilidad abierta de estudiar todas las literaturas, con rigor lingüístico e inteligencia histórica» (2003: 5).
Número de páginas: 6
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Domingo, 5 de Octubre de 2008 08:16:32