www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Ínsula 733-734 Ínsula

La Literatura irreductible

por Antonio Monegal
Ínsula nº 733-734, Enero / Febrero 2008

Número de páginas: 6
imprimir

Sin las pretensiones de los informes de la ACLA, porque no puede ostentar ninguna representatividad, este monográfico de ÍNSULA quiere contribuir a contestar las preguntas que acabo de plantear y al debate sobre el estado actual de la literatura comparada. He convocado a un grupo de especialistas que pueden hablar con conocimiento de causa, por su familiaridad con la literatura comparada en una amplia variedad de sus facetas, porque han publicado libros sobre el tema y manuales de introducción a la disciplina, porque han ocupado u ocupan cargos institucionales en los organismos representativos del campo, porque han sido o son responsables de proyectos de investigación comparatista, porque la abordan en su docencia. He invitado también a algunas voces de fuera, elegidas según los mismos criterios, porque es inconcebible analizar las condiciones de una disciplina, y menos aún de la literatura comparada, en un solo país sin tener en cuenta el contexto internacional. Se trata, también aquí, inevitablemente de comparar, buscar paralelos y medir distancias, y cada uno lo hace respecto a aquel marco de referencia que conoce mejor. Como dice Saussy, se podría llevar a cabo «un estudio comparativo de las tradiciones de literatura comparada» (Saussy, 2006: 9), es decir, de la definición y fortuna de la disciplina en diferentes países.
Hay pocos países donde la práctica de la literatura comparada tenga más razón de ser y más sentido que en España. Y hay también pocos países donde su implantación se haya retrasado más y haya encontrado más resistencias. Ni el ideario ni el modelo han arraigado. Tras las palabras de Guillén acerca del comparatismo que todo el mundo practica se ocultaba otra realidad de la cual él era muy consciente: esa forma tan extendida de entender y aceptar el acercamiento comparatista como una condición elemental del fenómeno literario no siempre llega a la universidad ni se traduce necesariamente en una forma de conocimiento cuya complejidad haga justicia a la complejidad de su objeto de estudio. En el fondo tal vez todos seamos más o menos comparatistas, pero no necesariamente se nos nota en la forma. Y sin la forma no existe la disciplina. La literatura será irreductible, y como tal puede llegar a experimentarla cualquier lector medianamente perspicaz, pero las instituciones académicas se empeñan en reducirla a parcelas manejables y encerrarla en compartimentos estancos. Todo lo contrario de lo que requiere como condición de posibilidad la literatura comparada.
Quizás uno de los mayores obstáculos institucionales para la implantación del comparatismo en la universidad española haya sido la estructuración de la misma según las llamadas ‘áreas de conocimiento', basadas en una concepción territorial de la especialización y en la noción de que el saber se puede subdividir. No se tiene en cuenta que lo que identifica una práctica disciplinar no es una denominación que seleccione una parcela de conocimiento como su objeto propio de estudio, sino que, tal como ha señalado Wlad Godzich, es la propia disciplina la que construye su objeto mediante sus prácticas cognoscitivas (1994: 276) y en consecuencia lo que la define son las preguntas y los problemas que se plantea. Las polémicas acerca de las etiquetas y de la distribución de los espacios de poder (por minúsculos que éstos sean a nivel académico) oscurecen el hecho de que el principal síntoma de buena salud de la literatura comparada sería la propagación sin limitaciones de una manera de entender la literatura y su estudio que se define por la superación de las fronteras, aun a costa de los riesgos que Saussy describe.
Pluralidad cultural
En el escenario español resulta aún más chocante este contraste entre las interrelaciones complejas que caracterizan la literatura y la fragmentación del modelo disciplinar mediante el que se estudia. La idea de que España es una nación de naciones es un tema de discusión política acerca del cual cada uno puede tener su propia posición, pero es indiscutible que el español es un sistema literario plural. En España conviven literaturas en varias lenguas, mientras que muchos países comparten el castellano como lengua literaria. Internamente, estas literaturas nacionales no se han desarrollado como compartimentos estancos, sino que ha habido múltiples contaminaciones, préstamos e influencias, sobre todo desde la cultura hegemónica hacia las periféricas. Es a la vez difícil hablar, sin connotaciones imperialistas, de una literatura nacional española que englobe a los países latinoamericanos, pero tampoco se entiende la literatura de esos países sin tener en cuenta que pertenecen a una tradición secular común. Así al hablar de la tradición literaria en castellano, más que una literatura nacional, deberíamos llamarla una literatura internacional.
A estos factores de complejidad interna del sistema literario español habría que añadir los que se derivan de su inserción en entidades culturales más amplias como la europea o, a escala peninsular, de la tan olvidada relación con la vecina literatura portuguesa. Esto que llamamos Europa no constituye propiamente una identidad, sino más bien una multiplicidad. Además cada vez resulta más evidente que todo país de acogida migratoria adquiere una dimensión postcolonial en su composición cultural. Lo que en Europa lleva tiempo ocurriendo, en España sólo se empieza a poner en evidencia en la última década. Hay que prever, por lo tanto, la posibilidad futura de que nuestro sistema literario dé cabida a la experiencia de la nueva inmigración y de la identidad cultural mixta, como ocurrió con los desplazamientos internos de otra época, porque dar expresión a la diversidad de experiencias humanas es una de las funciones de la literatura. Contaremos, si todo va bien y somos de verdad una cultura abierta, con escritores de origen marroquí, chino o ucraniano que se expresarán en alguna de las lenguas peninsulares pero cuya adscripción cultural estará desdoblada, porque de los hijos de la inmigración que se educan en nuestras escuelas seguro que alguno se dedicará a escribir en la lengua que allí aprenden, pero no por ello olvidará sus raíces familiares. Cuando la cuestión se plantea a propósito de Latinoamérica llama menos la atención porque lingüísticamente el sistema literario es el mismo, pero las diferencias culturales están igualmente presentes.
Número de páginas: 6
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Martes, 12 de Agosto de 2008 19:04:55