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Ínsula 724 Ínsula

La narrativa española del 2006

por Domingo Ródenas de Moya
Ínsula nº 724, Abril 2007

Número de páginas: 6
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Jiménez Lozano regresa al cuento breve y muy breve en El ajuar de mamá , donde reúne más de cuarenta narraciones puestas engañosamente bajo la advocación de unas palabras del escritor sefardí Marcel Cohen: «Los eskrividores no tyenen nada ke decir. La sola coza es ke lo kieren dizir byen». Jiménez Lozano no sustenta sus relatos únicamente en el byen dizir, sino en bien observar la conducta humana y mejor seleccionar los detalles significativos que la revelan. Pero de la cita que encabeza el volumen lo que ha capturado al escritor avilés no es tanto esa declaración como la exhortación a que «no te olvide ke, en kada livro, siempre es el silensio ke se gana la mijor parte». El silencio abierto por la reflexión a que impulsa cada uno de los cuentos. En su prosa medida y directa, Jiménez Lozano sigue fiel a un estilo austero cuya característica más evidente es la absorción de términos y expresiones populares.
La fidelidad de Cristina Fernández Cubas al cuento a lo largo de su trayectoria -a la que se dedicó en 2005 un Grand Séminaire en la Université de Neuchâtel- ha adquirido cualidad de ejemplo militante contra la primacía de la novela y contra el prejuicio contumaz de considerar el cuento un territorio incoativo y suburbial en el mapa de los géneros. Desde Mi hermana Elba (1980) la escritora ha ido recorriendo un espacio imaginario de índole fantástica, poblado más que por seres o hechos sobrenaturales, por sospechas, intuiciones, barruntos, temores y terrores brotados entre las resquebrajaduras de la vida corriente. La maldad o lo demoníaco empapan muchas de sus historias como un depósito freático bajo el suelo desde el que ascendiera, por capilaridad, el fluido terrorífico hasta la superficie. Es lo que sucede con los tres relatos largos, cercanos a la nouvelle , de Parientes pobres del diablo , por cuenta de sus protagonistas, un falsificador de antigüedades que viaja a África en «La fiebre azul», un individuo neurótico que cree en la existencia de una casta de seres, «Parientes pobres del diablo», destinados a producir la infelicidad de los hombres y, finalmente, una anciana acosada por el alzheimer en «El moscardón». El libro ha merecido el Premio Setenil, convocado por el Ayuntamiento de Molina de Segura, al mejor volumen de cuentos del 2006, entre los cincuenta y cuatro títulos presentados. Consagrado también al género fantástico, El coleccionista de almas perdidas (Siruela) de Irene Gracia constituye una sorpresa grata. No estamos exactamente ante un libro de cuentos, sino ante una novela nodriza que encierra en su interior los productos del cuentacuentos Anatol Chat, dedicado junto a su familia a la fabricación de autómatas. El libro combina la ficción con el discurso especulativo.
Otro título que debe destacarse es La noche de la conspiración de la pólvora de Juan Antonio Masoliver Ródenas, donde el poeta, narrador y crítico literario agavilla una serie de relatos marcados en su mayor parte por la evocación de una infancia y juventud tejida con aquellas primeras experiencias (amistad, deslealtad, erotismo, crueldad...) que acabaron siendo fragua del carácter y, en cierto modo, del destino. La crudeza y el tono a veces revulsivo que con tanta maestría dosifica Masoliver en su poesía se ent reme zclan aquí, en cuentos como «La princesa» o «La desgracia de María Acacia», con un raro lirismo, mientras que en otros textos, como el que abre el libro, «El paseo del indiano», sirven a la presentación de la ratonera social desoladora de la posguerra.
Otra ratonera es a la que se asoma Fernando Aramburu en Los peces de la amargura , la del terrorismo vasco y su interminable siembra de llagas abiertas. En una decena de espléndidos relatos, Aramburu enfoca en primer plano y por primera vez en su obra la realidad social del País Vasco sin desistir de su eficacísima prosa, que aquí aparece osmóticamente salpicada de expresiones en eusquera (traducidas para el lector en un glosario final). Pero el hecho de colocar los desgarros y cercos sombríos que ocasiona la violencia terrorista en el centro temático de su narrativa no comporta una transposición de su poética al terreno de un realismo social o crítico de técnica trasnochada. Si hay alguna protesta o alguna denuncia en estos cuentos (y no hay duda de que la hay) no constituye la armazón o la horquilla en que se sostienen, sino que gotea de los mismos como un zumo muy amargo. El compromiso de Aramburu sigue estando sellado con la escritura y no parece que vaya a desvirtuarse o romperse. A través de sus historias se delinean varios motivos de atención: la irreversible tristeza de las víctimas, la abisal ausencia de los asesinados, el venenoso bombeo de la atrocidad en la inconsciencia («Golpes en la puerta» es un est reme cedor ejemplo: los niños juegan a reventar coches de juguete con petardos) y, sobre todo, el miedo como un sentimiento que apelmaza la convivencia y la dinamita sin ruido (por ejemplo en «Enemigo del pueblo»). Aramburu crece imparablemente hacia el futuro de la narrativa española.
Eloy Tizón arma en Parpadeos un volumen unitario en torno al carácter contingente y efímero de la realidad contemporánea. Los trece relatos que lo forman están salpicados de alusiones a la cultura pop (desde Heidi a Blade Runner ), lo que, con otros rasgos, puede sugerir que nos hallamos ante un prosélito posmodernista; sin embargo, la narrativa de Tizón presenta una filiación más directa con renovadores del Modernismo alto, como Gómez de la Serna o Djuna Barnes, y bajo, como Vladimir Nabokov o Julio Cortázar. Con este segundo libro de cuentos (el primero, Velocidad de los jardines , es de 1992), el escritor madrileño confirma la originalidad de su obra. Mucho más joven, el hispanoargentino Andrés Neuman logra con su tercer libro de cuentos, Alumbramiento , una miscelánea refrescante que, dividida, en tres secciones, «Otros hombres », «Miniaturas» y «Lecturas», brinda, respectivamente, una decena de cuentos en torno a la bancarrota de la masculinidad tradicional, diecisiete microrrelatos y nueve narraciones al margen de algunos de sus autores predilectos, como Queneau, Gombrowicz o Borges.
El debut sorprendente lo ha proporcionado Berta Marsé con los siete cuentos de En jaque . El realismo ácido de esta ópera prima, en cuya inclinación al diálogo y al pergeño de escenas podría verse un reflejo de los muchos años en que la autora ha mantenido una vinculación profesional con el cine, apunta a esas rendijas de la maquinaria social por las que se deslizan los dramas cotidianos. Y el puntero de que se sirve es la mordacidad a través de la sátira social. La certera elección de los asuntos, la visión desencantada pero no compasiva de las debilidades, miserias y dobleces de cualquier ser humano vulgar, la calculada resolución de cada relato hacen esperar que este excelente volumen sea el primero de una producción más extensa.
Número de páginas: 6
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