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Ínsula 715-716 Ínsula

Revistas literarias y culturales argentinas de los 80

por Roxana Patiño
Ínsula nº 715-716, Julio / Agosto 2006

Número de páginas: 6
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El periodismo cultural ofrece una inmejorable posibilidad de visualizar ese "lugar" (ideológico, estético) que ocuparon los escritores argentinos en el momento mismo de redefinición de sus coordenadas literarias. Esto se entronca con una rica tradición de la cultura argentina que expuso sus principales núcleos de debate en revistas y suplementos literarios, de Martín Fierro (1924-1927) a Sur (1931-1979), de Contorno (1957-1959) a Punto de Vista (1978-continúa); del suplemento literario de La Nación, baluarte de la cultura liberal y Clarín, representante del nacionalismo cultural moderado, no peronista, hasta el de La Opinión , en los años setenta, emblemático representante de la cultura "nacional y popular" y el de Página 12 , en los ochenta y noventa, vocero del progresismo cultural de la posdictadura.
La cultura argentina: espacios y tiempos fracturados
La premisa principal que la crítica tiene en cuenta cuando se habla de la producción literaria e intelectual durante la dictadura es que se trata de un campo fracturado entre aquellos escritores exiliados y los que permanecieron en el país. Por razones inherentes a esta división, los debates y las estrategias para desplegarlos en cada uno de estos ámbitos no fueron iguales ni tampoco sincronizados. Las discusiones que en la izquierda comienzan en el exilio a fines de los setenta, se instalan en Argentina a partir de un pequeño grupo recién comenzada la transición y se expanden durante la democratización, entre 1984 y 1987. Por su parte, si bien algunos intelectuales aislados y no "orgánicos" reflexionaban sobre el tema, en el peronismo este proceso permanece paralizado en los términos en que los deja las consignas del '73 (año de inicio del tercer gobierno de Perón que cae con el golpe del estado de 1976): el populismo y el nacionalismo cultural. No hay revisión en la matriz cultural del peronismo hasta su derrota electoral en 1983, cuando un grupo de políticos e intelectuales inicia lo que se conoce como la "renovación peronista". Estas dos son las zonas del campo cultural de mayor actividad en los debates y propuestas de la primera etapa de la década. La densidad disminuye en otros grupos más vinculados a las vanguardias estéticas y tiene registros de superficie en la zona vinculada a la tradición liberal.
En virtud de esta división podríamos identificar, en el ámbito de las revistas publicadas en Argentina, un conjunto de publicaciones que podríamos sumariamente llamar de "resistencia" o disidencia a la dictadura. Las vincula esta común postura frente al contexto de censura y opresión cultural: Punto de Vista , Nova Arte (1978-1980), Ulises (1978), Brecha (s/f), Crear (1980-1984), El Ornitorrinco (1977-1987) -la revista que completa la zaga de publicaciones dirigidas desde la estética del compromiso por el escritor Abelardo Castillo- , y dos revistas de poesía: Xul y Ultimo Reino . Muchas de estas publicaciones cumplieron con su rol de generar un entramado alternativo de la cultura censurada por el régimen, pero no sobrevivieron a este gesto. Concebidas como revistas de resistencia no consiguieron articular propuestas superadoras de esa instancia cuando se abrió el proceso democrático.
Un caso semejante, con matices propios, ocurre con una revista cultural del exilio mexicano. Controversia (1979-1981), fue la revista que agrupó a un importante sector de la izquierda intelectual de los sesenta y los setenta que había dejado sus huellas en emblemáticas revistas como Pasado y Presente (Córdoba, 1963-1965) y Los Libros (1969-1976). Para estos escritores y pensadores (José Aricó, Nicolás Casullo, Héctor Schmucler, Oscar Terán, Jorge Tula, Juan Carlos Portantiero, Sergio Buffano, Rubén Caletti, entre los principales) que provenían tanto del marxismo gramsciano y del marxismo leninismo, como del peronismo de izquierda, la reconsideración crítica de sus tradiciones de pensamiento político es una condición indispensable para pensar una nueva agenda cultural. El reconocimiento del fracaso (lo que se llamó "pensar la derrota") se convierte en el punto de partida para toda reflexión futura sobre un proyecto político y cultural. No es éste un dato menor: se trata de intelectuales que habían marcado el rumbo de las orientaciones culturales de la Argentina hasta el momento previo al golpe y que tendrán una decisiva actuación en el periodo alfonsinista. Los 14 números de la revista están destinados a esta revisión crítica: la crisis del marxismo, el análisis de la izquierda argentina y latinoamericana, la problemática del peronismo, la redefinición del intelectual frente a la democracia, la literatura y la producción desde el exilio. Junto a estos tópicos está incluido el análisis de la literatura. La revista dedica un dossier al tema "Exilio y literatura" (N° 11-12, 1981), recogiendo las polémicas que se estaban entablando en el país y en el exterior entre escritores y críticos literarios. Planteos acerca del rol de los escritores que permanecieron en el país, cuestionamientos desde/hacia los que se fueron, disidencias sobre la composición del corpus de obras a considerar como la literatura argentina del periodo, etc., son los más comunes a estas polémicas que, tenues y solapadas durante la dictadura, eclosionaron en el inicio de la transición [ 1 ] . Controversia dejó de publicarse en 1981 porque no pudieron conciliarse las líneas internas de la revista: peronistas y socialistas, comenzada la transición, comenzaron también a alinearse en lados opuestos. En los dos ámbitos de este campo fracturado, los tópicos que habían ayudado a sobrellevar la dictadura no conseguían articular pasajes hacia una nueva etapa de reconstrucción cultural.
Hubo, sin embargo, valiosos y variados espacios "de pasaje". Es sabido que en periodos de obturación de la opinión pública, la cultura se ent reme zcla por discursos no autorizados como tal. Dos ejemplos dentro del periodismo masivo: la revista Humor , nacida en 1978, fue una publicación desde donde se construyó un discurso cultural disidente que, cruzado con la sátira y el registro humorístico, pasó tolerado por el régimen; y la revista El Porteño (1982-1993) que aprovechó la liberalización producida durante la guerra de Malvinas para lanzar un discurso opositor que luego el gobierno no consiguió hacer retroceder. Dentro del ámbito específicamente cultural, El Porteño cubre la llegada de los escritores exiliados, la gestación de los movimientos de DD.HH. y otros movimientos artísticos que impulsan la apertura democrática. Ambas revistas lograron traspasar la transición y fueron altamente representativas de este periodo. Las nuevas propuestas culturales y literarias hallaron en sus números espacios de inserción que las conectaba con el gran público.
Número de páginas: 6
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NOTAS
  • [ 1 ]

    Al respecto véase la compilación de un debate realizado en 1984: Saúl Sosnowski (comp). Represión y reconstrucción de una cultura: el caso argentino . Buenos Aires, Eudeba, 1988.


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