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Ínsula 714 Ínsula

Enrique García Santo-Tomás. Fragmentos de un discurso doméstico...

por E. G. S-T. University of Michigan, Ann Arbor
Ínsula nº 714, Junio 2006

Número de páginas: 4
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Si Vélez vaciaba el hogar de todo confort, Salas se encarga de llenarlo de vida. En su pieza La casa del placer honesto se nos habla precisamente de esto, del placer honesto del estímulo intelectual inaugurado por cuatro jóvenes de familias acaudaladas, don Fernando, don Próspero, don García y don Diego. La fundación de esta academia madrileña a imagen y semejanza de las grandes tertulias nobiliarias-como la del Conde de Saldaña, en la que participó el autor-convierte el universo doméstico en lugar de entretenimiento. Las tareas caseras son realizadas por sirvientes, mientras que las actividades intelectuales que dan sentido a este solar se organizan por estos jóvenes con apetito de alta cultura una vez superados los fiascos de la universidad, que poco les puede ofrecer en erudición y disciplina. En esta casa madrileña, sin embargo, se quiere cultivar la oratoria, la poesía y la música, y todo el que sea invitado tiene que estar al día en estas artes. Salas se preocupa, además, de detallar su arquitectura interior, dividida en dos niveles-con apartamentos en la planta alta para el invierno y en la planta baja para el verano-, poseedora de una biblioteca a la que denomina "armería del ingenio" y un salón musical al que denomina "recreación de los sentidos". Capta con ello la consolidación de un espíritu burgués no muy diferente del que, a partir de la década de los veinte, se empezará a cultivar en otras colecciones famosas como Los cigarrales de Toledo , que a lo largo del tiempo derivará en la imaginación doméstica como marco narrativo, tal y como nos muestran, por dar tan sólo dos casos de los analizados en este ejemplar, las novelas de María de Zayas y Mariana de Carvajal y Saavedra.
Sin embargo, no siempre se le asigna al hogar madrileño del siglo XVII un fin tan noble. En la mayoría de los casos, de hecho, la mirada a lo doméstico es una mirada impertinente y curiosa, frecuentemente entrometida, que incluso comienza a definirse durante estas décadas por las nuevas conductas y los nuevos productos que invaden el mercado citadino. El barro mejicano de Natá-tan apreciado para la opilación-, el chocolate o el tabaco inauguran, al convertirse en moda nacional, nuevas maneras de aproximarse al espacio urbano en una sociedad temerosa de lo raro, de lo sensorialmente inexplicable o lo difícil de clasificar. La transición del bodegón, de la casa de juego o de la casa de conversación hacia la intimidad del hogar que llevan a término algunos de estos nuevos productos repercute en la visión del espacio doméstico masculino, complicado ahora por la mezcla de lo local y lo foráneo. Fumar en casa, por ejemplo, se convierte en algo perfectamente aceptable, saturando así el ámbito privado de los humos americanos que también son, para muchos, humos fantasmagóricos.
Quizá el ejemplo más conocido de lo importante que pueden llegar a ser determinados ingredientes del espacio privado es la famosa alacena del cuarto de Don Manuel en La dama duende calderoniana, que tanto ha dado que hablar a la crítica moderna-John Varey, Fausta Antonucci, Marc Vitse, José María Ruano de la Haza o Agustín de la Granja entre otros. El ámbito masculino, condimentado con todos los objetos personales de su nuevo inquilino, se ve continuamente expuesto a la invasión de lo femenino desde los secretos ofrecidos por esta arquitectura interior diseñada, originalmente, para proteger el honor de su dama duende . El anonimato de los cambios en la sintaxis masculina representada no tanto por tan ilustre invitado como por su ajuar, llevaba a un desplazamiento de códigos espaciales en cuanto que estos objetos eran reordenados-mediante la adición-o eliminados-mediante el hurto-desde la mano invasora de lo femenino. La casa se tornaba, entonces, en un espacio autónomo que no necesitaba de exteriores para la maduración del conflicto dramático, pues en él se daban todos los ingredientes para hacerlo rentable. Cuando don Manuel no conseguía explicar los cambios ocurridos en su cuarto, el criado Cosme llegaba a conjeturar lo inexplicable: "pues yo en efecto presumo / que algún demonio los trae; / que esto y más habrá donde hay / quien tome tabaco de humo." (vv. 1099-1102).
Don Manuel es parte, qué duda cabe, de toda una trayectoria que irá recorriendo espacios masculinos tanto en el teatro-a través de la figura del lindo, por ejemplo-como de la poesía y/o de la novela. Cuando, a partir de la década de los treinta, comience a tomar impulso la prosa costumbrista con figuras como Salas Barbadillo y su pieza de senectud El curioso y sabio Alejandro , el hogar del cortesano será retratado con cada vez mayor frecuencia. La casa como botica, como lugar de experimentación con el cuerpo a través del efecto de la ropa, la cosmética, o la visita de barberos y zapateros, dará pie a intervenciones moralistas por parte de escritores algo posteriores como Juan de Zabaleta o Francisco Santos. Salas inaugurará además un tipo de prosa que luego hará las delicias de estos mismos novelistas: frase corta, retruécano frecuente, ambigüedad deliberada desde la misma riqueza del lenguaje. El hombre afeminado que surcaba Madrid en el confort de su coche volverá aquí a ser censurado por el culto excesivo a su belleza, a lo que Judith Halberstam estudia como female masculinity en su libro homónimo. [ 12 ] Nuevamente, se establecerá como en Santa Teresa una analogía entre cuerpo humano y cuerpo simbólico, con la diferencia de que ahora este simbolismo será asignado al cuerpo social o político y no al espiritual. Las dificultades de la boca abierta en la visita al dentista o del pie torturado por el zapato demasiado estrecho darán pie a un comentario sobre las miserias de la Corte y la trágica obsesión por las apariencias. La habitación masculina se convertirá entonces en cámara de los horrores, no muy lejos ya de lo que será el último uso posible de estos espacios íntimos: el hogar como el escenario de la muerte, de la extremaunción y las últimas voluntades.
Es por ello que si el espacio doméstico femenino dará mucho que hablar en este siglo de tantas novedades, también será el ámbito privado masculino una extendida motivación para otro tipo de inquisiciones. A la pregunta de qué hacía el hombre en casa podemos asignarle, como he indicado en este breve recorrido, múltiples respuestas que nos aportan una visión más completa de las preocupaciones de este tiempo. Si algo debemos tener siempre en cuenta es que las distinciones entre uno y otro género, al tratarse de estas perspectivas domésticas, son frecuentemente inestables, como lo es la asignación de un determinado espacio al hombre o la mujer. Esta aproximación nos dará también materiales necesarios para investigar nociones poco conocidas en el siglo XVII relacionadas con el concepto de amistad masculina, relaciones homoeróticas, y lo que estos paradigmas repercutían en la cultura oral del período-por ejemplo, en la consideración de lo que era o no era obsceno o escandaloso. [ 13 ] Creo que es éste, por tanto, un asunto relevante apenas considerado hasta ahora: el siglo XVII nos enseña que la modernidad trae consigo muchos placeres, y que el nuevo escenario de la casa sirve para poner a prueba la estabilidad de nociones aparentemente inamovibles de género, clase, casta... Y las letras del período resultan verdaderamente instrumentales a la hora de formular ciertas preguntas, tal y como demuestran, ya sea en Cervantes (Luciano García Lorenzo, Guillermo Serés, William Egginton), Lope de Vega (Teresa Ferrer Valls, Antonio Sánchez Jiménez, Javier Rubiera), Rojas Zorrilla (María Teresa Julio) o en Salas Barbadillo (Enrique García Santo-Tomás), los trabajos reunidos en el presente ejemplar.
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NOTAS
  • [ 12 ]

    Véase Judith Halberstam, Female Masculinity . Durham, NC: Duke University Press, 1998.

  • [ 13 ]

    De enorme interés resulta, a este respecto, el estudio de Joan DeJean, The Reinvention of Obscenity: Sex, Lies and Tabloids in Early Modern France . Chicago: University of Chicago Press, 2002. Para una reciente discusión sobre la necesidad de volver sobre la amistad como pilar fundacional de toda relación homoerótica, ver Alan Bray, The Friend . Chicago: University of Chicago Press, 2003.


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