Algunas de estas aproximaciones teóricas han sido puestas en práctica en los contextos más dispares tanto geográfica como cronológicamente, haciéndonos ver con ello la carestía de estudios en el campo de las letras hispánicas. En los últimos cinco años la noción de lo doméstico ha sido objeto de estudio desde diferentes perspectivas literarias e históricas que han abierto el campo de investigación a procesos socioculturales apenas explorados anteriormente, internándose en problemáticas tocantes en sociología y economía, así como en lo que se consideraría "historia de las mentalidades", vida cotidiana, relaciones familiares, sexuales y comerciales, expresiones de diversidad racial, religiosa, etc.
[ 4 ] Continúan, por ejemplo, la labor realizada por Steve Ozment en sus estudios sobre la historia de la familia, o la colección dirigida por Philippe Ariès y Georges Duby sobre la vida privada de los europeos.
[ 5 ] Por otra parte, en su interés por la conjunción entre urbanismo y creación literaria heredan la trayectoria iniciada por Nancy Armstrong en
Deseo y ficción doméstica: una historia política de la novela -trabajo pionero donde los haya, a pesar de contar ya con varias décadas de existencia-continuada posteriormente por críticos como Diana Fuss y su investigación sobre espacios interiores más cercanos a nuestro presente.
[ 6 ] Con todo este arsenal de nueva información , el espacio doméstico, antaño coto privado, empieza a abrir sus puertas a recorridos críticos de fascinante trazado, y es por ello que el presente ejemplar quiere dar cuenta de cómo la literatura del siglo XVII articuló algunas de estas inquietudes, ya fuera desde la escritura femenina como desde la imaginación de aquellos escritores que, acaso desde la lejanía de la hipótesis, recrearon estos territorios como lugares de libertad, pero también de libertinaje y de pecado. A fin de cuentas, hablar del hogar es hablar del capital cultural, social y económico de quien lo habita, pero también del envite amoroso, de la gravitación hacia el exterior o de la más íntima experiencia religiosa. Es por ello que un ejercicio crítico interdisciplinario de esta naturaleza resulta ser de extraordinario atractivo para la crítica contemporánea. Prueba de que los tiempos están cambiando es el reciente estudio de María del Cristo González Marrero,
La casa de Isabel la Católica: Espacios domésticos y vida cotidiana (Ávila: Institución "Grand Duque de Alba", 2005), en donde ya vemos, tal y como había hecho Sarti en su libro, una atención exclusiva al "fenómeno casero".
Quiero subrayar, por consiguiente, que la creación del entorno doméstico es fundamental a la hora de comprender la evolución de la subjetividad y la consolidación del nuevo
yo urbano a lo largo del siglo XVII, ya sea masculino o femenino. La plaza, la calle, el cruce de avenidas, la cazuela de los corrales o la tienda son todos espacios públicos de un marcado capital social en cuanto que definen, desde códigos ya ampliamente conocidos, a sus pobladores. Sin embargo, las letras del siglo XVII carecen de un análisis pormenorizado que dé cuenta de cómo la arquitectura interna de lo habitable, fuera del tipo que fuera, reflejó-o se vio reflejada-en la otra
arquitectura , la del individuo que buscaba proyectarse y encontrar orden en el caos de la modernidad y de su propia crisis de valores. Ya en
Las Moradas teresianas veíamos, con transparencia paladina, una yuxtaposición total de estas dos arquitecturas, con dos entidades que se unían en perfecta armonía dentro de una estrategia pedagógica saturada de imágenes espacio-corporales.
[ 7 ] Pero en la sociedad civil del Madrid de los Austrias, las tareas domésticas, ya fueran asociadas al ocio o a la explotación, mantenimiento y mejora del espacio privado, fueron plasmadas en la expresión estética como reflejo, en la mayoría de las ocasiones, del anhelo de su dueño o dueña por encontrar el lugar adecuado en su entramado social, por muy limitado que fuera. Las ambiciones se habían tornado ya paganas, materialistas,
modernas a fin de cuentas. La casa-y, por extensión el coche, brazo flexible de lo doméstico-tenía como fin algo más que simplemente ofrecer descanso y recogimiento y, de hecho, pocas fueron las veces en que se representó de esta forma. La casa era una excusa, como también podía ser una herramienta para el medro y, por consiguiente, al poblarse de elementos no necesariamente decorosos-amantes furtivos, pretendientes, substancias prohibidas...-se borraba con ello la distinción entre lo público y lo privado o, si se quiere, se reescribía la noción de lo que la privacidad significaba. Incluso era la propia casa la que se parcelaba en diferentes grados de privacidad, como demuestran muchas piezas dedicadas a explorar el tema de la honra y de aquellos que la amenazan. Al igual que el cuerpo femenino, la invasión de la mirada se fragmentaba en partes a través de un proceso que iba abriendo paulatinamente territorios anteriormente inaccesibles: el pie, el ojo, la mano sin guante podían leerse como ese zaguán, ese balcón o esa sala para los visitantes que tan sólo era preludio de estímulos mayores. Piénsese, por ejemplo, en la radical propuesta de María de Zayas en su novela
El prevenido, engañado : su protagonista, don Fadrique, se adentra furtivamente en la casa de una viuda a la que pretende para espiarla en su alcoba-descubriendo una escandalosa relación sexual con un esclavo negro que yace moribundo-para después quedarse atrapado en el zaguán toda la noche al haber cerrado las puertas el cochero de la dama. Por ello, si hoy en día pensamos en todo lo que se puede saber del vecino gracias a la contemplación y disfrute de su hogar, debemos también tener presente que esta misma reflexión fue ya plasmada en la página a lo largo y ancho de los testimonios ofrecidos por los Lope, Tirso, Calderón, Salas Barbadillo, Castillo Solórzano, María de Zayas, Mariana de Carvajal, Juan de Zabaleta o Francisco Santos, por dar tan sólo un reducido parnaso. Fácil es recordar, a modo de ejemplo, un paradigma bien estudiado: la casa de Lope-todavía abierta al público ávido de un conocimiento de primera mano de nuestro pasado-que, desde su
huerto deshecho , fue poetizada como imagen del retiro, de la musa, de la familia, de la enfermedad y de la muerte.