www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Ínsula 688 Ínsula

La novela en España: 2004. Un espacio para el encuentro

por Germán Gullón
Ínsula nº 688, abril 2004

Número de páginas: 4
imprimir

Hay aspectos que han mejorado, como el olvido por parte de la crítica del malentendimiento de lo que constituye una lengua literaria apropiada. Algunos creían que para escribir bien había que ser purista, no introducir neologismos, precisamente la fuente de renovación perpetua de la lengua, o fijarse en exceso en las posibles desviaciones ortográficas o sintácticas, los intentos de flexibilizar el ritmo de la frase. Nada más lejos de la verdad; la lengua es un organismo vivo y sus usuarios los que descubren nuevas funciones y usos. Otros han empeorado, como el creciente ensayismo en las reseñas de los suplementos literarios que sustituye la filiación y el comentario apropiado del libro por ocurrencias del reseñista. He visto crucificados algunos de los libros mejores de nuestra década por reseñistas que tienen una opinión sobre un tema del que en realidad no saben casi nada.
El lector actual culto, defraudado por el mercado, sabe todavía identificar entre la barahúnda del consumismo a los escritores que buscan consignar en la página el signo de interrogación, de incertidumbre, que cuelga sobre la realidad humana por numerosos caminos. Sea, por nombrar algunos, a través de la perpetua renovación temática y formal del maestro Miguel Delibes o de Juan Goytisolo, el literalismo de Ana María Matute, la rica prosa de una Paloma Díaz-Mas, de Luis Mateo Díaz o de Juan Manuel de Prada, o la nitidez expositiva y fuerza de convicción de Antonio Muñoz Molina y Luis Landero, el ahondamiento en la condición femenina de Josefina Aldecoa o en su veta pasional de Marina Mayoral, la inventiva formal y expositiva de José María Merino, de Quim Monzó, de Antonio Orejudo, de Benjamín Prado, de Ray Loriga, de Julián Rodríguez o de Vicente Luis Mora, o la fuerza crítica y de dicción poética renovadora de la prosa de un Jon Juaristi o un Roger Wolfe. Luego, hay también un importante número de escritores profesionales de talento como Javier Marías, Antonio Soler y Lorenzo Silva, que se han creado un público lector importante. Y hay autores de talento que nos mantienen a la expectativa y que nos deben una buena novela más; recuerdo los nombres de Ana María Moix y el de Eduardo Alonso, que mantienen tenso el arco del interés lectorial de otra manera. También hay traductores como Miguel Sáenz, pienso en su versión de Austerlitz de W. G. Sebald, que destilan textos extranjeros con palabras cinceladas con un verbo claro y vibrante.
Todavía existe, añado, un importante número de lectores independientes e inteligentes, los que además saben descubrir las perlas de ayer y los olvidos de hoy que se publican cada año, como El discípulo, de Paul Bourget; Tierra humana, de Pramoedya Ananta Toer, y aprecian el universalismo Elizabeth Costello, de J. M. Cotzee, que no supera al de los lectores consumidores. Digo eso de inteligentes porque ellos son los que consiguen con su flexibilidad mental apreciar los valores de los diferentes tipos de literatura, la de los difíciles, como Benet, o los más asequibles, como Arturo Pérez-Reverte o Manuel Vázquez Montalbán. Uno los lee por distintas razones; en el caso de Benet, con tiempo sobrado y buscando tras la cerrada malla de palabras que enrocan el significado, defendiendo la verdad secreta del texto; en el caso de Pérez-Reverte, para disfrutar de la galanura verbal, de la acción hecha ritmo narrativo. Quien no haya disfrutado leyendo El maestro de esgrima por esnobismo, que las musas lo confundan, y es probablemente un melón. Apoyados en esta esperanza, la existencia de una audiencia para la literatura constante e inteligente, podemos asegurar que la producción de novelas en los últimos años ha seguido su imparable progreso.
La Era de la Literatura ha terminado
Quejarse carece de sentido, la única solución es aceptar la realidad del estado de la literatura para poder entender la razón de ser de esta enorme masa de títulos que denominamos la narrativa española actual. Creo que una primera resolución debe de ser comprender que la Era de la Literatura, la del primer cuarto del siglo XX ha terminado definitivamente. Los grandes nombres de la literatura universal moderna, Marcel Proust, James Joyce, Frank Kafka, o nuestros, Unamuno, Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez, que marcan la cima literaria y editorial de la pasada centuria, surgieron debido a un momento concreto de la historia que propició su llegada al corazón de la literatura. La burguesía educada pedía un tipo de arte, sublime, y estos escritores y sus editores, Alfred Knopf o Gaston Gallimard, supieron estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo, las condiciones actuales resultan muy diferentes. Tenemos una cultura de masas, con sus exigencias, entre las que destaca la masificación de la oferta, que pueda llegar a todos los bolsillos, y la normalización del gusto. Los editores con proyecto, como Herralde, han sabido hacer una oferta amplia de productos, que incluye a autores propiamente literarios, Félix de Azúa, y otros, como Michel Houellebecq, que gustan a un sector del publico diferente, menos educado (menos pasado por las aulas, apostillaría Pierre Bourdieu) en sus gustos, ansiosos de satisfacer su curiosidad por la verdad absoluta, vista desde cerquísima. Esto supone aceptar el papel social de la literatura. El engaño viene, y esto cada día es más frecuente, cuando hay editores que publican novelas para la masa, pero metidas en una funda literaria. Así por encima de la colusión existente entre editores y prensa, tenemos la doble cara de los editores, que rehúsan aceptar la masificación del mercado, y pretenden que ellos no tienen nada que ver con tal fenómeno.
Abundancia de premios literarios
La abundancia de premios literarios también ha contribuido a la comercialización de los editores y, a su vez, a su mejor distribución; sin ellos, algunas obras caerían en la oscuridad apenas nacidas. Lo malo es que no da para todos, y los que tienen la suerte de recibir un galardón, generalmente con la novela debut, suelen nacer estrellados. Lo malo es que los premios causan adicción en los autores y en los editores, y hay escritores que se cargan de laureles, y su nombre crece en sombra y cantidad, pero no en calidad de producción. Es posible llegar a ser el escritor premiado por excelencia y, sin embargo, que en el imaginario colectivo español no se reconozca ninguna contribución, digo como sería la figura de Pascual Duarte o el café de Doña Rosa, la expresión &laqno;Milana, Milana bonita», o Región, o Celama.
Número de páginas: 4
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Miércoles, 20 de Agosto de 2008 17:51:15