Ahora bien, la columna de escritores me parece que sí tiene una característica esencial que queda patente en prácticamente todos los trabajos de este número monográfico. Lo que la suele caracterizar es la primacía del estilo y la forma, lo que se ha llamado «la voluntad de estilo», su confección literaria, esa infusión de procedimientos literarios de que hablé arriba, el cuidado de la forma, algo que a veces obedece al propósito de reintroducir la literatura en la prensa diaria (un propósito sólo alcanzable siempre que no se haga alarde o gala de ese estilo). Y esta primacía que se concede al estilo condiciona una serie de elementos clave. Así, las columnas de escritores configuran un «yo» autorial ficcionalizado, un columnista que es narrador y se convierte también en personaje (un sujeto que es también objeto). Este «yo» que se configura en las columnas es una máscara. Dicho de modo sencillo: el «yo» de la columna es su narrador y por lo tanto no debe confundirse con su autor, una de las reglas principales cuando se lee una novela o un cuento e igualmente importante en el caso de la columna dada la primacía del estilo y la de su forma y retórica: el narrador de la columna, como el de una novela, es una invención. En palabras de Javier Cercas, que podría suscribir cualquier columnistaescritor, es un «yo que soy yo y no soy yo al mismo tiempo»
[ 41 ] . Esta máscara es pareja a lo que López Pan considera el ethos del columnismo: la presencia de una imagen, un talante, una impronta del autor en su texto, resultante de su manera de ser, de su carácter moral, sus valores e intenciones que se perfilan con forma y estilo propios. De hecho, para López Pan el ethos es no sólo el principal recurso retórico de la columna y un elemento configurador y característico sino la clave misma para entenderla, ya que es en el ethos donde están anclados estilo, temas, ideas.
Esta máscara o ethos llegan a convertir a menudo en caricatura al propio autor, como resultado directo de la voluntad de estilo y los recursos retóricos, a veces de forma indeliberada y otras intencionadamente (como es el caso de los Relatos reales del propio Cercas), y lo mismo ocurre con otros personajes pasados por el filtro del estilo, al aprovecharse del recurso retórico del ridiculum , la parodia, la sátira o el humor, tan predominantes en el columnismo de escritores. El caso reciente más destacado del empleo del ridiculum y de la columna paródica y «bufosatírica» es sin duda el columnismo de Elvira Lindo en su serie titulada «Tinto de verano» y las que escribe de momento desde Nueva York para la sección «Domingo» de El País , en las que no hay personaje que se escape de la caricaturización. De hecho, esta ficcionalización del «yo», la máscara y caricatura concomitantes, pueden llegar a encorsetar al columnista tanto que ya no dispone de la libertad para escribir su columna. A esto alude Antonio Muñoz Molina para explicar el hecho de que ha dejado de escribir columnas cuando dice que le gusta parar porque llega un momento en que se siente «preso de una maquinaria estéril que te lleva a hacer (...) parodia de ti mismo (...) que no seas tú el que escribe el artículo, sino el artículo que te escribe a ti»
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Los seudónimos de Larra, el desdoblamiento del autor en narrador y personajes extranjeros, el Curioso parlante de Mesonero Romanos, como los de los otros costumbristas, sus «tipos» más o menos inventados pero con bases reales o las fórmulas de máscaras, seudónimos y personajes ficticios de que se valen en Inglaterra un siglo antes Sir Richard Steele y Joseph Addison en sus artículos y ensayos para The Tatler y The Spectator y el relacionado recurso de la caricatura muy extendido en ambos siglos, no son sólo un temprano reconocimiento de la ficcionalización a que se somete el «yo» autorial y la realidad en general en los artículos sino antecedentes directos de lo que ocurre en el columnismo de escritores contemporáneos mediante la primacía otorgada al cómo sobre el qué se comunica. «The exaggeration is not to be taken at face value, and there is not a deliberate attempt to betray the facts or mislead the reader»
[ 43 ] . El sometimiento de elementos provenientes de la realidad a un considerable tratamiento estilístico en el columnismo de escritores subraya la importancia del estilo
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La columna de escritores es por lo tanto más que un mero «género de opinión» o de «periodismo de opinión» (que es la forma en que se encara y se clasifica tradicionalmente desde el punto de vista del Periodismo y las Ciencias de la Información), por más que tenga la apariencia de serlo o por mucho que aparezca a veces entre las páginas de opinión de los periódicos. Es un artificio mucho más sutil, complejo e incierto que la simple expresión de opiniones, por muchas que contenga a veces. Trasciende lo meramente opinativo. No suele tener una finalidad pragmáticoretórica o persuasiva, y muy a menudo solamente la aparenta. Como los otros géneros literarios que cultiva el escritor, sus novelas o cuentos, una lograda columna es un producto de la creatividad estética, mediante la cual la imaginación creativa presenta ideas que no son meras tesis o mensajes sino ideas estéticas, ideas que pertenecen al ámbito de una obra que tiene su propia ontología.
El caso del columnismo de escritores y la importancia del estilo en concreto demuestran que no hay que cometer «la simpleza de creer que todo lo que aparece en el periódico es periodismo», como apunta Octavio Aguilera
[ 45 ] . El columnismo de escritores es una escritura impertinente, en el sentido de que en un principio contrasta con el discurso periodístico, no parece venir al caso en un diario y que por tanto puede ser molesto (por su disconformidad genérica, además de la frecuente incomodidad que tono y comentarios críticos pueden provocar). Una lograda columna de escritor o escritora es prueba de su esfuerzo, generalizado a todos los géneros literarios que cultiva, por dar a lo que se comunica un valor permanente que mantenga el interés del lector una vez que lo que se comunica haya perdido actualidad. La destreza del escritor puede dotar de interés a cualquier asunto. El (buen) escritor, por su mera formación, sabe que el interés de lo que escribe no radica en la información que comunica sino más bien «en aquel estilo que haga permanentemente interesante un conocimiento que ha dejado de tener actualidad», por valerme de la explicación de Juan Benet de la importancia del estilo
[ 46 ] . La actualidad del comentario del columnista es lo que menos interesa, si no es completamente irrelevante; lo que de verdad importa en última instancia es el tratamiento a que se somete cualquier material; esto es lo que conseguirá seducir al lector a largo plazo y en este aspecto estriba su esencia, como ilustra lúcidamente Benet:
«Un día el público, acostumbrado a distraerse con las páginas periódicas de su articulista favorito, descubre que lo último que le importa es la actualidad del comentario y lo único que exige, seducido por las gracias y donaire de un estilo que sabe paladear, es la continuidad del alimento»
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