La importancia capital del paratexto no me parece tan sorprendente si se tiene en cuenta que todos los textos dependen en gran o exclusiva medida del exergo para indicar cómo deben ser leídos y a qué género pertenecen; todos los textos, especialmente los literarios, precisan del exergo, no se pueden definir en su esencia porque no la tienen o no tienen una esencia que baste por sí misma para definir su género, o no de manera inequívoca. Eso explicaría también por qué muchas columnas se leen de manera distinta si son sacadas de su contexto inicial del periódico, despojadas así de gran parte de su exergo original e incluidas dentro de otro marco; la columna se puede convertir (se convierte en muchos casos) en un texto con otro género, en cuento, artículo de opinión, ensayo, crónica, fragmento de novela, por ejemplo, precisamente porque su parafernalia paratextual de columna se cambia por un exergo distinto. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de Gabriel García Márquez, como demuestra Maarten Steenmeijer en su trabajo de este número monográfico, y este es el caso también, por traer a colación otro ejemplo interesante que menciona Valls en su discusión de un caso afín, de un cuento de Javier Marías titulado «El viaje de Isaac» que relata la historia de una maldición familiar que en la colección de cuentos en que se recoge se lee como ficción, mientras que cuando se publica en versión de columna más tarde, «Una maldición», se toma como verdad y cuando se incluye en Negra espalda del tiempo , también, aunque sea rodeada por más indeterminación en esta «falsa novela» que en el caso de la columna
[ 33 ] . «Es una muestra de cómo las mismas páginas pueden no ser las mismas», por decirlo en palabras del propio Marías al referirse a otro ejemplo del mismo proceso, de cómo incide de manera determinante el exergo en la recepción de un texto (un ejemplo destacado de la importancia del exergo es su novela Todas las almas y su paratexto, algo que he analizado en otro lugar); este fenómeno no es nada nuevo y es una de las maneras en que el periodismo se convierte automáticamente en literatura como por arte de magia, sin que se produzca ningún cambio en su contenido
[ 34 ] .
De ahí que no sea sorprendente que sea bastante extendida la noción que una característica incontrovertible del texto en sí de la columna de escritores es que carece de características unificadoras. Desde el punto de vista del Periodismo y las Ciencias de la Información la columna se suele agrupar con los géneros de «opinión», junto con el editorial o el artículo (los otros dos grupos son los de información e interpretación)
[ 35 ] . Pero todos están de acuerdo en que la columna, especialmente la que es cultivada por escritores, goza de una absoluta libertad temática y formal y que la caracteriza la diversidad de contenidos
[ 36 ] . La libertad temática está levemente condicionada por el hecho de que las columnas de escritores suelen establecer cierta conexión con la actualidad (en muchos casos muy tenue, si no inexistente, y con la función de servir como pretexto y punto de arranque del texto), porque forman parte de la prensa, actualidad que, eso sí, es entendida en sentido amplio. Y esa libertad u holgura es en parte resultado del hecho de que al escritorcolumnista no se le suele conferir encargo concreto ninguno (y esa es la diferencia principal entre el columnistaescritor y el columnista especializado en un campo, como deportes, política, economía, cine, etc., que obviamente se tiene que ocupar de algo relevante al área en cuestión). El escritor en cuanto columnista es un «francotirador por su exclusiva cuenta y riesgo» que dispone de «un cheque en blanco» y «de un espacio para escribir como le dé la gana» y de lo que le dé la gana
[ 37 ] . Juan Gutiérrez Palacio matiza esta libertad del columnista: «Hoy se reconoce la libertad del columnista para escribir lo que quiera, bajo su nombre, pero también la del director para suprimir, censurar o quitar, cuando estima que es el caso de hacerlo»
[ 38 ] . Esta puntualización es importante, porque no se debe olvidar que sigue habiendo casos de censura, a pesar de la libertad de que gozan en un principio los columnistas. El caso más reciente y flagrante es de una columna censurada de Javier Marías que nunca llegó a publicarse donde estaba destinada
[ 39 ] . Asimismo, aparte de ese inquietante caso de censura por parte de la dirección de un periódico, los escritores columnistas se ven a menudo sometidos a demandas judiciales, como les ha ocurrido a Juan José Millás y Vicente Molina Foix, por ejemplo. Desafortunadamente, este parece ser el riesgo del francotirador y de la libertad que puede ejercer.
Esta libertad -temática, formal, estructural, estilística- que caracteriza la columna de escritores hace de ella un verdadero cajón de sastre. Y en eso tiene algo en común con el género de la novela: tanto la columna como la novela se caracterizan por el hecho de haber usurpado o de valerse de muchos otros géneros en un principio próximos o no tanto. Como ha afirmado López Pan, la historia de la columna ha sido una «de crecimiento continuo y absorción de otros géneros concomitantes» y «algunos tipos de textos periodísticos que durante años se escribían y leían como distintos de la columna (...) acabaron desembocando en la columna»
[ 40 ] . Yo añadiría que la columna de escritores se apropia o se sirve además de géneros literarios y no sólo periodísticos. Y esto es así en gran medida porque los escritores le infunden a su columnismo procedimientos propios de otros géneros. Este hecho no me parece casual sino más bien un indicio de que se trata de un género que, como la novela, tiene bastante vigencia. De ahí que la columna de escritor se considere a menudo como crónica, diario (dietario), ensayo, folletín, cuento o relato (o «relato real»), aparte de artículo o artículo literario, bajo cuyo abrigo se encuentra siempre. Esta hibridez de la columna de escritores y su relativa indefinición, no sólo forma parte del fenómeno contemporáneo de la disolución de los límites entre diferentes géneros literarios, sino que contribuye a configurar un género nuevo. Yo creo que lo que en este trabajo he denominado la «columna de escritores» es precisamente esto: un género esencialmente nuevo que se cristaliza en los años noventa.