Este nuevo periodismo, también llamado «periodismo informativo de creación», se inspira en una larga tradición de escritura periodística española y busca más «cultivar géneros más próximos a la divagación personal y a la opinión -columna, retrato, cuadro de costumbre, artículo- que la búsqueda contrastada de información», y su sello distintivo es la voluntad de estilo y la búsqueda de la excelencia expresiva, «la consideración del quehacer periodístico como escritura, y no como mera redacción»
[ 16 ] . De ahí que se pueda afirmar que se trata también «de una invasión de los procedimientos literarios en la escritura periodística»
[ 17 ] . Y una consecuencia de esta invasión es que se va complicando la diferencia entre lo que tradicionalmente suele llamarse periodismo de información (por ejemplo, noticia o reportaje) y periodismo de opinión (editorial, artículo de opinión, columna o crítica); «lo nuevo está en el hecho de que el periodismo informativo se ha hecho creativo, invadiendo el terreno en el que antes se movía en exclusiva el periodismo de opinión»
[ 18 ] . No me parece nada casual, sino más bien consecuente con esta evolución del periodismo, ver esta tendencia del periodista considerado como escritor y la concomitante importancia del estilo estrechamente relacionadas al hecho de que, por ejemplo, todos los citados -Montero, Torres, Umbral, Vicent y Vázquez Montalbán-, que en un principio son periodistas, pasen a practicar también otros géneros de escritura como la columna, la novela o la poesía.
El valor de la columna
Aparte de estos elementos, hay toda una serie de factores más concretos que inciden en el auge del columnismo. Así, desde el punto de vista del periódico, la columna alcanza una importancia vertebradora, tanto en el sentido figurado de esta palabra como en el literal: juega un papel central en la organización de la estructura interna del periódico y en su articulación y proyección. Como explica Brendan Hennessy, a los redactores de periódicos les encantan las columnas: «Editors like columns. They provide the security of all features: at least those spaces will be filled»
[ 19 ] . La cantidad y el lugar fijos de las columnas, o sea, de un número de espacios predeterminados -de hecho, como veremos más adelante, extensión y lugar fijos son dos de las características del género del columnismo-, ayudan de manera muy considerable a elaborar un periódico que cada día de la semana, ocurra lo que ocurra, publica un mismo número de páginas; los columnistas garantizan la ocupación de cierto porcentaje de espacio independientemente del resto del contenido, y proveen de antemano al periódico espacios determinados que conformarán, junto con otros, el esqueleto en torno al que se organizará el diario.
Otras de las razones por las que les encantan las columnas a los redactores de periódicos -aparte de que la colaboración de los columnistas les sigue resultando relativamente barata en comparación con los costes de llenar el resto del periódico- son el hecho de que las columnas pueden proporcionar un tono distinto al tenor dominante de las malas noticias; pueden entretener o dar un toque ligero a la seriedad prevaleciente; pueden crear controversias, y son producto de una voz individual. Todos son factores que a su vez pueden incitar discusión pública y reacciones de los lectores directamente reflejadas en la sección «Cartas al director» y pueden incluso estimular las ventas del periódico, especialmente a través de la asidua colaboración de «firmas» en su publicación. Además, la pluralidad de voces y de distintos puntos de vista dentro de un periódico mediante columnistas con una variedad de perspectivas es una «perversidad calculada» por parte de los redactores y directores que les permite apelar -o crear la impresión de apelar, que desde el punto de vista de la proyección de una imagen puede resultar lo mismo- a un amplio sector de lectores.
Para el lector, el o la columnista puede informar entreteniendo o entretener informando, proveer una mirada, un punto de vista y estilo distintos que el lector aprecia y a través del cual aprende o con el cual se identifica. En palabras de Juan Gutiérrez Palacio, «cualquiera que sea su forma o estilo, las columnas ayudan a introducir para los lectores un cambio con respecto al estilo más restringido de redacción periodística. Las columnas dan colorido, diversidad y opinión. Y ayudan al periódico en la doble obligación que tiene con los lectores: informar y entretener»
[ 20 ] .
El columnista es, además, una especie de mediador entre el lector del periódico y la realidad, filtrando e interpretándola
[ 21 ] . Fomenta cierta independencia mental en el lector (aunque a veces también cierta dependencia de la cosmovisión del columnista por parte del lector), forma a las personas, las ayuda a que adopten «puntos de vista sobre su época que no son, sin más, lo que la propia época piensa por sí sola»
[ 22 ] . Como el dietario, género con el cual la columna de escritor tiene mucho en común en cuanto escritura autobiográfica, proporciona una forma de conocimiento y pensamiento reveladora y por eso adictiva
[ 23 ] . Y yo creo que se tiene que hacer especial hincapié en esa forma que toman el pensamiento y conocimiento adictivos en el caso de la columna, el tratamiento a que se somete el material proveniente en un principio de la realidad, por las razones que esgrimiré más adelante.
La importancia que tiene el columnismo para el escritor hoy en día radica, esencialmente, en la atracción que el periódico ha ejercido siempre sobre él: «Las dos razones fundamentales que llevan a los escritores al periódico [son] la económica y el deseo de tener éxito, de darse a conocer» -para la inmensa mayoría de los escritores la colaboración periodística ha constituido desde hace bastante más de cien años «una fuente de ingresos complementaria e imprescindible»
[ 24 ] )-. El escritor llega a través del periódico a un público más amplio y su éxito comercial está estrechamente ligado a su presencia en la prensa, además de favorecer la comercialización del producto (cultural). El autor y su firma pueden llegar a convertirse en «firmas», una especie de marca comercial cultivada y promocionada por un grupo a través de su periódico, editoriales (de libros) o cadenas radiofónicas, un fenómeno que obviamente está relacionado con la fuerte comercialización del mercado editorial. Ingreso regular, popularidad y prestigio son los beneficios de sus colaboraciones periodísticas, según las declaraciones de muchos narradorescolumnistas en 1999
[ 25 ] . Es probable que también les tiente a muchos «la posibilidad de influir en lo cotidiano»
[ 26 ] .