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Ínsula 703-704 Ínsula

La escritura impertinente

por Alexis Grohmann
Ínsula nº 703-704, julio-agosto 2005

Número de páginas: 6
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«No tienen nada que hacer en el periódico los literatos al viejo modo, esos caballeros necios y magníficos que se sacan artículos de la cabeza sobre todo lo divino y lo humano (...) [que] todas las mañanas meten por debajo de la puerta sus impertinentes prosas» [ 1 ] . Con estas palabras, el periodista andaluz (y autor de una memorable narración biográfica de Juan Belmonte) expresaba en 1928 su deseo de desterrar del periódico al escritor y sus escritos. Baldío resultó tal anhelo que, lejos de cumplirse, sólo llega a expresar la frustración ante la presencia de los literatos en la prensa, presencia que, desde la época democrática reiniciada, es especialmente marcada en la modalidad del columnismo; desde 1975 asistimos a un auge sin parangón de la columna, especialmente la que es cultivada por escritores, que contribuye a la configuración de un género en gran medida nuevo en las letras españolas, un género heredero, eso sí, de fuentes autóctonas y de una rica tradición de simbiosis entre literatos y prensa y de la prosa «impertinente» de aquellos que desde hace por lo menos dos siglos se ha introducido en los periódicos.
Algunos antecedentes
La columna como género propiamente dicho y en el sentido en que lo entendemos hoy no aparece en España hasta el siglo XX, aunque tan poca relevancia tiene como género bien delimitado en la prensa que sólo mediado el siglo XX aparece una primera referencia a ella en la Enciclopedia del periodismo publicada en 1953; se la nombra pero no se la considera lo suficientemente importante como para dedicarle un capítulo y sólo a partir de finales de los años sesenta empieza a adquirir cierto relieve como género. Por lo tanto, desde un punto de vista histórico la columna nace en España en el siglo XX pero no prolifera hasta la segunda parte de este siglo, experimentando su apogeo en la época posterior a 1975. Sin embargo, la columna no surge de la nada. Como bien demuestra la propia Seoane en su trabajo en este número monográfico o como afirma Morán Torres, «históricamente, podemos considerar que la columna actual responde a lo que en el viejo periodismo era el artículo de un colaborador fijo, denominándose columnista al que antes se llamaba articulista» [ 2 ] . Ahí radica la dificultad de precisar los orígenes del columnismo, porque del artículo firmado de un colaborador regular de un periódico, un fenómeno muy extendido en el siglo XIX y principios del XX, a la columna media un paso casi imperceptible.
Como demuestra Seoane, los antepasados inmediatos del columnismo del siglo XX se encuentran en el articulismo del siglo XIX, un siglo a partir del cual «se agiganta el papel de la prensa» [ 3 ] . Es en este siglo cuando la prensa se convierte en un medio de comunicación de masas, que además goza de una exclusividad que perderá en el siguiente. Paralelamente, la prensa da cabida en este período a la literatura: géneros literarios como el artículo de costumbres, la novela de folletín y el relato breve hallan su vehículo específico en las páginas de la prensa periódica. Como es bien sabido, el género romántico del costumbrismo nace en los periódicos que acogen los artículos o «cuadros» de costumbres en su parte amena, la parte inferior de la primera página separada por una línea de la sección política. Esta sección, «el inquilino del bajo» de los periódicos hasta entrado el siglo XX, llamada primero «boletín» y luego «folletín» (del feuilleton francés), es dedicada a la literatura en la prensa diaria que admite así la literatura en su seno mediante la publicación de artículos de costumbres o de crítica y de obras de creación [ 4 ] . De hecho, la lista de escritores del siglo XIX que colaboran en los periódicos, que son periodistas en un sentido estricto o que incluso desempeñan otras funciones dentro del periódico como la de redactores o fundadores, es encabezada por Mariano José de Larra y Ramón de Mesonero Romanos, los padres del artículo literario (de costumbres) e incluye a prácticamente todos los escritores importantes del siglo, como Serafín Estébanez Calderón, Gustavo Adolfo Bécquer, Ramón de Campoamor, Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera, Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas («Clarín»), entre muchos otros.
Larra, en concreto, se suele mencionar como el antecedente más significativo del columnismo contemporáneo. En efecto, con sus artículos de costumbres no sólo se convierte en el creador del artículo literario en España, sino que se perfila como un «protocolumnista», mediante su profunda preocupación por la utilización de la lengua, su concepción del articulismo como un género literario, la primacía concedida al estilo y los recursos retóricos, la ficcionalización de la realidad y del «yo», y su empleo de la parodia, la sátira, el humor y el ridiculum en general con fines críticos. Pero, como afirma Seoane, la «edad dorada» de la literatura del periódico es la época entre 1898 y 1936, cuando la prensa «está a extraordinaria altura en el [aspecto] intelectual y literario, porque se nutre en gran medida de las plumas de escritores e intelectuales en una época excepcional de la cultura española»; revistas y diarios publican en cada uno de sus números varios artículos de escritores que comentan la realidad española o escriben sobre temas artísticos, literarios, científicos, filosóficos, etc., hasta tal punto que «puede afirmarse sin exageración que el ámbito natural del escritor es el periódico más que el libro» [ 5 ] . A modo de ejemplo, una de las tempranas «columnas» importantes del siglo XX sería, por ejemplo, la serie que escribe Corpus Barga desde París en calidad de corresponsal para El Sol en los años diez y veinte; «cada día mandaba sus ideas sobre algo vivo que acontecía. Su columna era esperada y leída por miles de madrileños» [ 6 ] . Aunque tampoco se debe olvidar la importancia que sigue teniendo el artículo (y, en menor medida, la columna) en la posguerra, con cultivadores como Josep Pla, Víctor de la Serna y otros como Rafael Sánchez Mazas, José María Pemán o César González Ruano, los cuales son a menudo citados por columnistas contemporáneos como precursores importantes.
Durante la mayor parte del siglo XIX la prensa, más que portavoz o formadora de opinión, es un arma de combate político en una época combativa. Sólo cuando el periódico se transforma en un efectivo medio de información de masas profesionalizado en el último tercio del siglo, la prensa se convierte en un verdadero «cuarto poder» que ya no estará a la merced de distintos grupos de poder político que buscan imponerse. Este desarrollo es crucial para entender la evolución de la prensa y el periódico que eventualmente dará acogida al columnismo. Hacia la mitad del siglo XIX empiezan a surgir periódicos que se pretenden neutrales, políticamente independientes y objetivos proveedores de información, como la Correspondencia de España (1858) o El Imparcial (1867), que «están más atentos a servir los intereses de la empresa que los de un partido, para lo cual han de conseguir muchos anunciantes y muchos lectores, siempre en estrechísima conexión» [ 7 ] . Es la entrada en la era capitalista del periódico que se transforma, además, con la llegada del telégrafo, del correo, del ferrocarril, los avances en el arte de la imprenta y las artes gráficas y la creación de agencias de noticias. La opinión cede paso a la información en el transcurso del siglo XIX y las noticias firmadas a las noticias anónimas de agencia, y en el periódico empieza a primar lo impersonal. Paulatinamente va desapareciendo el editorial y la noticia firmados y los periódicos se van convirtiendo en grandes empresas donde cobran importancia la despersonalización y el editorial anónimo que ya no representa el punto de vista de su redactor o director sino el de la empresa.
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NOTAS
  • [ 1 ] Manuel Chaves Nogales, cit. por María Cruz Seoane y María Dolores Sáiz, Historia del periodismo en España. 3. El siglo XX: 1898-1936, Madrid, Alianza, 1998, p. 64.
  • [ 2 ] Esteban Morán Torres, Géneros del periodismo de opinión: Crítica, comentario, columna, editorial, Pamplona, Eunsa, 1988, p. 165.
  • [ 3 ] Según María Dolores Sáiz, Historia del periodismo en España. 1. Los orígenes. El siglo XVIII, Madrid, Alianza, 1996, p. 14.
  • [ 4 ] María Cruz Seoane, «La literatura en el periódico y el periódico en la literatura», en Periodismo y literatura, ed. de Amelies van Noortwijk y Anke van Haastrecht, Ámsterdam, Rodopi, 1997, pp. 17-25; esp. p. 18.
  • [ 5 ] María Cruz Seoane, «La literatura en el periódico�», loc. cit., p. 20. «El auge del ensayo �es decir, del artículo� sobre otros géneros en las generaciones del 98 y del 14 se debe a que prácticamente todos sus escritores fueron periodistas o escribieron asiduamente en los periódicos. En cuanto a la del 27, además de poetas, dio, sobre todo, articulistas» (María Cruz Seoane, «El periodismo como género literario y como tema novelesco», en Literatura y periodismo. La prensa como espacio creativo, ed. de Salvador Montesa, Málaga, Congreso de Literatura Española Contemporánea, 2003, pp. 9-32; esp. pp. 25-26). La presencia de los escritores en los periódicos es tal que un editorial de El Sol de 1930, titulado «El poder de la prensa», llega a afirmar que los escritores son más responsables de hacer los periódicos que los propios periodistas (citado por María Cruz Seoane, «La literatura en el periódico�», loc. cit., pp. 20-21).
  • [ 6 ] Félix Rebollo Sánchez, «La labor periodística de Corpus Barga», en Moviemientos literarios y periodismo en España, ed. de ­M­aría del Pilar Palomo, Madrid, Síntesis, 1997, pp. 393-395; esp. p. 394.
  • [ 7 ] María Cruz Seoane, Historia del periodismo en España. 2. El siglo XIX, Madrid, Alianza, 1996, p. 16.

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