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Ínsula 750 Ínsula

Disparos de ficción: Juan Carlos Onetti, francotirador centenario

por Ana Gallego Cuiñas
Ínsula nº 750, Junio 2009

Número de páginas: 2
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Existe una extraordinaria fotografía del uruguayo en la que apunta indolente a la cámara con una pistola. Y es que Onetti es todo un personaje. Un personaje algo anacrónico (como la mejor literatura), esquivo, solitario y bastante huraño. Era un hombre de silencios en sus conversaciones, con cierta tendencia a la síntesis, «ente-resumen», que solía poner en guardia a sus interlocutores. Por estas razones -y algunas otras- concedió escasas entrevistas, hasta que se volvió más tolerante y permisivo en Madrid, donde permaneció exiliado desde 1975 hasta su muerte en 1994. Precisamente, a propósito de una de estas conversaciones madrileñas en las que aceptaba ser interrogado tumbado en la cama y parapetado de libros, Teresita Mauro cuenta la siguiente anécdota: «cada vez que intentaba hablar de su último libro, me apuntaba con el revólver calibre 38 -hermoso mechero que acaba de traerle Dolly como recuerdo de su gira musical por Suiza-. Obviamente me asegura que posee permiso para portar armas» (Mauro, 1990: 45). La imagen, que nos remite a la foto señalada, es reveladora: Onetti (nos) apunta (con la bala o la pluma) y (nos) dispara. Así es su imaginario narrativo: donde pone el ojo, pone la bala. Su precisión es absoluta a la hora de colocar palabras que sugieran mucho y susciten ambigüedad. Explica Onetti: «mi mejor ambición es conocer casi todas las palabras que están a mi disposición en el diccionario, que yo podría usar sin repugnancia [...] y emplearlas con tal exactitud que no admitieran sinónimos, y en el momento preciso. Esta ambición irrealizable alcanzaría, supongo, para llenar los años de vida activa de un escritor» (1976: 208). Esto se cristaliza en una escena de Cuando entonces, en la que Lamas comenta que su «escritorio ideal» debería tener una multitud de cajoncitos que vendrían a fungir de archivos para adjetivos, adverbios, sustantivos, etc. La palabra exacta tiene el poder de modificar un destino, como lo tiene una bala certera, del calibre 38, el más célebre y común en el mundo policial -tan caro a Onetti- desde los cincuenta a los ochenta. Un calibre «especial», como la prosa de Onetti, cuyo estilo «es tan eficazmente funcional desde la primera hasta la última línea que parece invisible, no estar allí, desaparecer en lo que narra, el supremo éxito de una ficción: no parecer escrita sino ocurrida, vivida» (Vargas Llosa, 2008: 139).
¡Bang!
El verdadero artista no debe pisar -habría de advertir el uruguayo- las huellas de otros, sino forjarse un camino propio. La trayectoria que siguió Juan Carlos Onetti no la encontró ni delante ni detrás de él, sino dentro. Y lo mismo sucede cuando leemos sus narraciones: Onetti aparece dentro de nosotros. Los lectores de este monográfico sentirán la expansión de la esencia onettiana creciendo en su interior a medida que vayan pasando las páginas. Los ensayos aquí presentados -con ilustraciones de Olga Rienda-, desde el primero de Mario Vargas Llosa hasta el último de Fernando Aínsa, dan cuenta de aspectos de su obra y su figura que no habían sido abordados anteriormente, arrojan nuevas luces y proponen insólitos cruces con motivos de su ficción, con otros autores u otras artes. Todos nos hemos convertido un poco en Onetti escribiéndolo. Así, hallamos diez francotiradores literarios (a los que agradecemos sobremanera su colaboración) que han disparado un sinfín de balas que vuelven a perforar la obra de este rioplatense universal, enriqueciéndola para sus lectores, neófitos o adictos. Porque Onetti es la marca registrada de un «escritor fracasado », que sigue triunfando y dura: «Durar frente a un tema, al fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo, hasta extraer, de él o de nosotros, la esencia única y exacta. Durar frente a la vida, sosteniendo un estado de espíritu que nada tenga que ver con lo vano y lo inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de mesas de café. Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta un destino» (Onetti, 1976: 22).
Ahora, sólo queda dar el disparo de salida: ¡bang!
Bibliografía citada
AÍNSA, F. (2002): «Una lección de piedad y resignación en el desamparo y la derrota. El melancólico despojamiento de certidumbres de la obra de Onetti», Actas del Coloquio Juan Carlos Onetti. Nuevas Lecturas críticas, París, UNESCO, pp. 213-216.
MAURO, T. (1990): «Conversaciones de Onetti», Juan Carlos Onetti, Barcelona, Anthropos, pp. 41-82.
ONETTI, J. C. (1976): Requiem por Faulkner y otros artículos, Buenos Aires, Calicanto.
VARGAS LLOSA, M. (2008): El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, Madrid, Alfaguara.
A. G. C.-UNIVERSIDAD DE GRANADA  
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