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El Extramundi y los papeles de Iria Flavia 43 El Extramundi y los papeles de Iria Flavia

Noticia sobre estudios celianos

por Tomás Cavanna Benet
El Extramundi y los papeles de Iria Flavia nº 43, Otoño 2005

Número de páginas: 2
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Camilo José Cela comenzó a escribir poemas siendo niño y publicó su primer libro, Pisando la dudosa luz del día , en 1936, con 20 años de edad.
Durante los 63 años siguientes, empeñado en cumplir concienzudamente con las obligaciones que le imponía su oficio de escritor, vio salir de imprenta 120 libros con su nombre. El último, la pieza de teatro Homenaje a El Bosco II, data de 1999 (año en el que también aparece su última novela, Madera de boj ). Ambas obras se terminaron de escribir cuando su autor contaba 83 años de edad, pero lo cierto es que continuó escribiendo y publicando artículos hasta el día anterior a su fallecimiento, el 17 de enero del 2002, a los 85 años.
Cela no se limitó a escribir estos 120 libros, no se conformó con ello. Su vocación de bibliófilo, su apasionada devoción por el libro de calidad, le impulsaba a influir ante los editores (cuando no a sustituirlos) para cuidar de la edición con el mismo esmero que dedicaba a la escritura. Formatos, tipos de papel, tipografías, márgenes, ilustraciones de portadas, viñetas interiores... Todo le preocupaba y a cada aspecto del proceso le concedía una especial importancia; la misma que exigía a sus colaboradores; la misma con la que él podía, durante semanas y semanas, exprimir su fecunda inspiración hasta dar con el título adecuado para cada obra que salía, con no poco esfuerzo, de su pluma.
Su gran manaza, agarrando la pluma como si fuera a partirla, era capaz de transmitir hasta el papel la delicadeza y la precisión del orfebre, escribiendo con una letra diminuta y perfecta, en líneas rigurosamente rectas de las que surgen multitud de llamadas, invadiendo los márgenes para aportar, a cada lectura, más y más contenido: "Materia prima", le gustaba a él decir. Las densas tachaduras evidencian su empeño por eliminar definitivamente lo que no le gustaba.
La grandeza de esta obra literaria, tan paciente como genialmente trabajada, se reúne en la colección de manuscritos que él mismo se ocupó de encuadernar primorosamente y que hoy conforman el fondo más valioso de su fundación. En toda la historia de la literatura universal, de todos los tiempos, no existe nada parecido.
Esos 120 títulos se dividen en 14 novelas, 8 novelas cortas, 26 cuentos, fábulas y divertimentos, 17 libros de viajes, 2 de memorias, 5 de poesía, 3 de teatro, otros 3 diccionarios, 12 ensayos, 2 libros de entrevistas, 1 de lexicografía, 5 adaptaciones, 1 romance de ciego y 21 recopilaciones de artículos.
En su conjunto y a nivel de primeras ediciones, suman en total 29.395 páginas de letra impresa, aunque a nivel de manuscritos cada una de ellas puede representar dos, cinco, incluso ocho. No resulta extraño que Cela se refiriera siempre a su trabajo como "el duro oficio de escribir" y que, al recibir en 1995 de manos de SM el Rey el Premio Cervantes, formulara este sutil lamento: "No puedo arrepentirme de haber visto pasar la vida entera con la pluma en la mano, yo ya no puedo dar marcha atrás por haberme pasado la vida escribiendo, tampoco quiero ni debo hacerlo y proclamo mi lealtad a mi oficio".
El conjunto de la obra celiana es sin duda mayor que esos miles de páginas en formato libro, pues faltan por añadir las conferencias y los artículos aún no recopilados, además de buena parte de su extensísimo epistolario. En cualquier caso, sirven como referencia para confirmar el viejo tópico de que un escritor ha de producir, al menos, una página diaria. En el caso de Camilo la cuenta sale casi en una y media y, aunque este cálculo carece totalmente de rigor, sirve para verificar que la paginación de sus artículos es la más extensa (7.305 páginas), seguida de los cuentos y narraciones breves (4.739), mientras que la producción novelística se reúne en 4.051 y la literatura viajera en 3.335 páginas.
No les extrañe tampoco que hasta el propio Cela se sintiese satisfecho y orgulloso por la cantidad, variedad y calidad de su obra. "Si yo fuera la mitad de vanidoso que mis colegas, tendría que ir por la calle levitando y bajo palio". ¡Qué razón tenía! Apenas han pasado tres años desde su muerte, aún faltan más de diez para su centenario y los especialistas ya coinciden en afirmar que de su pluma salió la mejor novela española de todo el siglo XX y hasta seis títulos más que se consideran entre los mejores.
El interés que ha despertado su obra entre estudiosos e investigadores refleja la enormidad de la misma y la riqueza de las referencias documentales disponibles. Los primeros estudios se encuentran en los propios prólogos y prefacios de las distintas ediciones celianas; en la fundación se conservan referencias sobre una cincuentena de prologuistas, entre los que destacan personalidades del prestigio de Gregorio Marañón, José María de Cossio, Alonso Zamora Vicente, Carlos Martínez Barbeito, Dionisio Ridruejo, Ramón Otero Pedrayo, Antonio Vilanova, Jorge Urrutia, José Ángel Valente, José María Castellet, Victor García de la Concha , Adolfo Sotelo o Darío Villanueva. Además de una docena de prestigiosos profesores y críticos extranjeros, como Knut Ahnlund, Salvatore Battaglia, Anthony Kerrigan, Philip Polack, Paul Ile, etc.
Hasta el momento, se han recibido 81 tesis doctorales, de las cuales 25 corresponden a licenciados de universidades españolas y el resto se reparten entre una docena de diferentes países, destacando 11 de Francia, 10 de Estados Unidos, 7 de Italia, 5 de Bélgica, 4 de Chile, 3 de Mexico y, también, de Alemania, Reino Unido, Irlanda, Rumanía, Brasil, Argentina y Panamá. Todo ello, es fiel reflejo de la internacionalidad de su obra.
Por lo que se refiere a ensayos y trabajos de investigación, las fichas que se conservan en la fundación incluyen, por el momento, 130 títulos distintos, que proceden de 13 países; de ellos, 97 son españoles, con nombres tan prestigiosos como Alonso Zamora Vicente, Jorge Urrutia, Guillermo de Torre, Josep Pla, Fernando Arrabal, Américo Castro, Pedro Laín Entralgo, Pere Ginferrer, Dionisio Ridruejo, o Luis Felipe Vivanco. Destacan también los profesores de universidades norteamericanas, como Gonzalo Sobejano, David Foster, Paul Ilie, Robert Kirsner, Mary Ann Beckman, Marie-Lise Gazarian-Gautier, Francis Donahue, Jacob Ornstein o Carol Wassermen. De otros países pueden destacarse los nombres de Alan Hoyle, Jerome Bernstein, Cesare Acutis, Sissa Jacoby, Martín Panero Mancebo, Pierre Ullman, etc.
A tan impresionante biblioteca de estudios celianos, se han de añadir los 73 artículos sobre CJC publicados por la revista El Extramundi y los papeles de Iria Flavia, fundada en 1994 por el propio Cela, que la dirigió personalmente hasta su fallecimiento y que se continúa publicando trimestralmente desde la fundación. De estos trabajos 55 pertenecen a autores españoles y otros 18 a extranjeros, de 10 nacionalidades distintas. La nómina de autores incluye nombres del prestigio de Darío Villanueva, Adolfo Sotelo y Rafael Conte, los tres tan próximos a Cela y a su Fundación; figuran además el académico sueco Knut Ahnlund, Jacques De Bruyne, Dru Dougherty, Victor García de la Concha , Germán Gullón, Gonzalo Navajas, Chrystoph Rodiek o Domingo Ynduráin. Visto con la perspectiva de una década, impresiona y (para los que trabajamos en ello), incluso emociona, comprobar el trabajo de estudio sobre la obra celiana realizado a partir de esta revista.
Se han de añadir los anales de los 7 cursos de verano organizados en vida de Cela y que llevaron hasta Iria Flavia a un centenar de ponentes, de los cuales 32 eran extranjeros, que acudieron desde 15 países distintos. En las publicaciones correspondientes, figuran nombres de gran prestigio intelectual, literario y universitario que, entre los no citados hasta el momento, incluyen personalidades de la talla de Luís Iglesias Feijoo, Carlos Casares, Ana María Matute, Francisco Fernández del Riego o Alfredo Bryce Echenique.
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