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El Extramundi y los papeles de Iria Flavia 42 El Extramundi y los papeles de Iria Flavia

Las aventuras del malfadado "Don Quijote" de Américo Castro y Camilo José Cela

por Adolfo Sotelo Vázquez
El Extramundi y los papeles de Iria Flavia nº 42, verano 2005

Número de páginas: 6
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Pues bien, uno de los primeros libros que Alfaguara va a poner en marcha es el "malhadado" Quijote, ilustrado con fotografías, con prólogo de Castro y epílogo de CJC. Edición de la novela cervantina que CJC quería acompasar con "la puntualísima edición de su Obra Completa" (carta a Castro, 3-VIII-64). Un año después, aunque Castro dice sentirse algo cansado, la génesis de la edición del Quijote va adelante. Al finalizar el verano del 65 Cela, por carta dirigida a La Jolla (California), se interesa por el prólogo de don Américo:
"¿ Revisó usted ya su prólogo al Quijote? ¿Sirve, a su juicio? Al mío, bien sé que sí ¿Quiere hacerme el señaladí­simo favor de enviármelo, para el mejor ornato y salvaconducto de nuestra edición?".
Como adivina el lector se trata del veterano prólogo del 60, que Castro (según letras epistolares del 26-IX) relee con atención, para sentenciar que "unas páginas podrían utilizarse, otras no valen nada. Resultan ridículas después de lo publicado por su servidor entre 1960 y 1065. Intentaré, si puedo , reemplazarlas por algo menos machacón y pedestre".
La correspondencia cruzada durante el otoño del 65 también aborda la cuestión crematística. Cela le ofrece las sabidas y vetustas 24.000 pts. Don Américo le anticipa en la carta del 26 de septiembre que "su propuesta de darme pesetas me atrae poco", porque -es cuestión de principios- no quiere tantos alzados. Dos semanas después, extrañado de que CJC no le haya contestado, vuelve a insistir:
"Me convendría conocer su idea acerca de la mía: no me agrada recibir un tanto alzado por lo que pongo en un libro. Si es materialmente imposible, haga el favor de decírmelo, o de explicarme el por qué No vamos a dejar de colaborar por eso" (carta del 8-X-1965).
En esta ocasión la contestación de Cela no se hace esperar. Con la minuciosidad habitual en el escritor gallego (su trato con los editores así lo atestigua) le escribe el 11 de octubre:
"Si no quiere usted tantos alzados, ¡mueran los tantos alzados! Lo que me importa es su prólogo y ojalá pueda arreglar las páginas que ahora no le gustan y que estoy seguro que, contra lo que usted piensa, han de ser muy pocas.
Consulté con mi hermano Juan Carlos, que es el gerente de la editorial, y ahí va la propuesta de Alfaguara. La mía, como usted comprenderá, no existe porque, por mí, le daba todo, absolutamente todo, lo que se recaudase.
Tirada, 4.000 ejs.
Precio de venta por ej., 1.000 pts. (Si aumenta, se tendría presente en sus liquidaciones).
El 4% previsto para derechos de autor en este tipo de ediciones de lujo y, consiguientemente, caras de precio, ha de repartirse entre la persona que fije y facilite el texto (Martín de Riquer), el ilustrador (Ramón Massats) y el prologuista (usted). No se tasan, claro es, ni índoles ni dificultades del trabajo, ni tampoco se consideran los gastos que ese trabajo produzca a cada uno de los colaboradores y que, en el caso del ilustrador (desplazamientos, material, etc.), llegan a sumar algunas pesetas.
Según este cómputo, a usted le correspondería recibir en liquidaciones semestrales la cantidad de pts. 53.333,33, bien entendido que:
1. El prólogo se considera de su propiedad y sólo se entiende que lo cede para esta edición; en posibles ulteriores ediciones, Alfaguara tendría el derecho de tanteo.
2. En el momento de aparecer la edición - o antes, de preferirlo así - , usted recibiría un anticipo de pts. l3.333,33 lo que significa que se le liquidan 1.000 ejs. en el acto.
Con este sistema, tanto Juan Carlos como yo creemos interpretar sus puntos de vista. Dígame algo, y ojalá que ese algo sea que sí".
Don Américo acepta. Anda agobiado por el trabajo a la par que siente los estragos del tiempo: "mis afanes y tareas crecen en razón inversa de las propias fuerzas". El prólogo - a la altura de finales de octubre - tiene ya 40 páginas y necesita algunas más, que está escribiendo mientras renueva El pensamiento - "¡qué grotesco título!", según su propia expresión epistolar del 26 de octubre - de Cervantes. Para el 8 de noviembre el prólogo ha crecido, son ya más de 60 páginas, que el gran filólogo califica de combativas: "Cervantes no encaja dentro de las posibilidades literarias de la casta cristiano-vieja, y por tanto hay que ponerlo en su lugar". A comienzos de diciembre el maestro está dando los últimos toques al prólogo y le escribe con fecha 1-XII un pre-aviso al escritor-editor, advirtiéndole que no aceptará "quitar una sola palabra" por la imbecilidad de la censura, puesto que - la sinceridad de don Américo es desbordante -:
"Nada me ha importado tanto en mi vida de escritor como este Prólogo; ahí sale a la vista cómo era el Quijote por dentro y por fuera. He invertido en ello mucho cálculo y reflexión. No puedo tolerar que me lo pateen ni babeen los cretinos de ninguna ortodoxia, ni la católica ni la marxista. He procurado expresarme con gran mesura, pues a qué santo vendría ofender a nadie sin necesidad. Pero Cervantes era un cristiano nuevo, que sentía como Santa Teresa y como Fray Luis de León, y por eso pudo concebir y escribir la genialidad del Quijote".
El 18 de diciembre el prólogo está terminado. Sus 127 páginas que salen para Alfaguara desde La Jolla. En el importante prólogo don Américo sitúa a Cervantes entre los cristianos nuevos porque está convencido que "la casta de Cervantes sirve para entender la posibilidad artística de su obra". También le confirma a Cela sus temores de que algunos le "embestirán", aunque "me tiene sin cuidado. Un cristiano viejo es imposible que escribiera el Quijote".
Juan Carlos Cela, desde Alfaguara, sigue día a día las incidencias de la edición e informa al maestro en California, quien en carta del 14 de enero del 66, dirigida a CJC, lamenta que no se haya conservado "el plan de 1960 de añadir Ud. un epílogo". En consecuencia, el Quijote de Alfaguara no llevará el epílogo tantas veces proyectado por Castro y Cela.
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