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El Extramundi y los papeles de Iria Flavia 42 El Extramundi y los papeles de Iria Flavia

Las aventuras del malfadado "Don Quijote" de Américo Castro y Camilo José Cela

por Adolfo Sotelo Vázquez
El Extramundi y los papeles de Iria Flavia nº 42, verano 2005

Número de páginas: 6
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I
A la altura de 1960 la actividad de Camilo José Cela en Mallorca es incesante. Alrededor de la empresa de Papeles de Son Armadans que cumplirá cincuenta meses de vida ese año, el joven académico sostiene una continuada y febril actividad cultural, que tiene desde el año 58 un interlocutor privilegiado en don Américo Castro, quien ha cambiado sus veraneos en Sant Julià de Vilatorta, en las inmediaciones de Vic, por estancias en la isla de Mallorca. Tanto para la voluntad regeneracionista de los papeles mallorquines como para la evolución de la obra narrativa e intelectual de CJC, la relación con Castro, cuya autoridad venía refrendada con la publicación en 1954 de La realidad histórica de España (reescritura, como es sabido, de España en su historia: cristianos, moros y judíos , 1948), es fundamental.
Este no el lugar para bosquejar esa densísima relación que alcanzará a 1972, año del fallecimiento de don Américo. Me limitaré a unas muy fugaces pinceladas. En una carta -una de las primeras- de CJC a don Américo del 24 de mayo del 56 le dice: "En Papeles de Son Armadans vivimos un poco con la ilusión de publicar un tomo inédito suyo [...] ¿Querría enviarnos algo?". Va a mediar más de un año hasta que llegue la primera colaboración, aunque para el verano del 57 -en concreto, durante la primera quincena de agosto- don Américo viajó desde Sant Julià de Vilatorta hasta la segunda casa palmesana de CJC, la de José Villalonga, 87. De resultas de esos días mallorquines la amistad entre el viejo profesor y el joven novelista se agrandó y don Américo frecuentaría en diversas ocasiones las residencias de la familia Cela, a la par que descansó temporadas en Formentor y en la Cala San Vicente, cerca de Pollensa.
La personalidad y la obra de don Américo Castro serán desde entonces un espejo en el que se mirará la aventura cultural -imprescindible en la España de la baja posguerra- de Papeles de Son Armadans . Dos imágenes revelan cristalinamente lo que decimos. Tras la primera visita de Castro, CJC escribe a su gran amigo Celso Emilio Ferreiro una carta fechada el 15 de agosto del 57 en la que le insta a que facilite un viaje del gran historiador y filólogo a Galicia, pues no la conocía, y como palabras de presentación sentencia: "el gran don Américo Castro: liberal como un espejo en el que mirarse, tan inteligente como siempre, más joven que nunca". Cuando don Américo cumplió 80 años, la pluma de Cela desde Papeles de Son Armadans (mayo, 1965) explica cómo comulga con su entendimiento de España, vincula los quehaceres de la revista a uno de sus colaboradores más señeros y redacta el siguiente y diáfano envío:
"La amistad, la lealtad y el respeto, querido viejo profesor, no se suplican: se brindan. Y esto es lo que queremos regalarle, a cambio de tantas enseñanzas recibidas, quienes hacemos esta lejana revistilla que - recuérdelo - nació, vive y ha de morir al margen de todo lo que pudiera condicionarla, hipotecarla, castrarla o, simplemente, lastrarla"
Del tupido haz de dichas relaciones interesa aquí el proyecto -iniciado en el verano de 1960- de edición del Quijote . Proyecto que atravesó un mar de naufragios hasta su publicación por parte de ediciones Alfaguara en su colección "Puerto Seguro" en 1967.
Creo que fue el abogado y editor barcelonés José Luis Ruiz de Villa, quien desde Selecciones Editoriales (Muntaner, 467) puso en marcha una edición ilustrada del Quijote, que iba a llevar un prólogo de don Américo Castro. Una carta de Ruiz de Villa a CJC, fechada el 2 de agosto de 1960 es la primera referencia que poseo al respecto:
"Quiero referirme a mis recientes conversaciones en las cuales solicité de Vd. Me escribiese un epílogo para la obra Don Quijote de la Mancha de próxima edición. Dejo a su consideración la extensión del mismo, si bien no debería ser inferior al volumen aproximado que dan veinte hojas de texto".
Cela según su inveterada costumbre anotó en la carta: "O de la extensión aproximada del prólogo por ustedes pedido a don Américo Castro. Mi original se lo entregaría en un plazo de un mes, desde la recepción por mi parte de las cuartillas de don Américo".
Al parecer a comienzos de setiembre del 60 Ruiz de Villa visitó en Palma de Mallorca a Cela, mostrándole una carpeta de láminas para la edición de la novela, pero no encontró la aprobación del escritor gallego, quien le sugirió una solución alternativa de cierta originalidad:
" ilustrar el texto con fotos, magníficas fotos, de La Mancha y sus hombres y mujeres en l960, sin caracterización alguna - claro es - sino tal como son y se presentan. Ahora se trata de que el fotógrafo encuentre al factor de estación en el que esté reencarnado don Quijote; al cura que pueda ser el trasunto de Sancho, y a la comadrona que, por sus dotes y presencias, finja una Dulcinea" (carta a Américo Castro, 5-IX- 1960).
Cela, quien actúa ante el editor de intermediario de don Américo, consiguió también doblar la cantidad estipulada para el prólogo y el epílogo: las 12.000 pesetas iniciales pasaron a ser 24.000. De este modo el proyecto inicial había sufrido la sustancial modificación de que una serie de fotografías de la actualidad de La Mancha remplazaban la carpeta de láminas de Aguilar Moré que Ruiz de Villa había adquirido con dicha finalidad.
Desechada por CJC la edición del Quijote ilustrada con dibujos de pintor autodidacta Ramón Aguilar Moré, el proyecto se encamina hacia el fotógrafo Catalá Roca. Ruiz de Villa se entrevista con él y le comunica epistolarmente a Cela el resultado de las dos reuniones que mantuvo con el fotógrafo: "me manifestó la imposibilidad de llevar a cabo en plazo breve el trabajo que de él solicitábamos". No obstante, la idea sigue en pie (Catalá Roca se siente entusiasmado con ella), si bien debe retrasarse hasta que el gran fotógrafo pudiese llevar a cabo su trabajo.
En este retraso hay que buscar la justificación de la decisión de Ruiz de Villa de publicar un Quijote con las láminas de Aguilar Moré y con el prólogo pactado de don Américo. Cela anota en una carta que el editor le cursa el 14 de octubre lo siguiente: "En el Arycasa, el 26.X.60 le digo que el prólogo de don Américo no debe ir en la edición de los dibujos sino en la de las fotos. Acepta". A esta misma cuestión se refiere Cela en una carta del 7 de noviembre del 60 a don Américo, quien desde Los Ángeles sigue impaciente la gestación del proyecto:
"Su prólogo al Quijote barcelonés quisieron usarlo para otra edición. Abrí la caja de los truenos (llena de nobles eñes y de sonoras y patrióticas jotas) y amainaron en sus aviesas intenciones. Si se lo piden, no se me ablande. Su prólogo saldrá, cuando sea, en la edición autorizada ; no en ninguna otra. Y esa edición llevará, según convinimos, mi epílogo".
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