Pero la celebración en este punto del concilio de Compostela, que pone fin a la guerra contra Agolant, deja deliberadamente sin vínculos con la causa compostelana al último elemento épico que se lee en el Pseudo Turpín : la batalla de Roncesvalles, basada, como se ha dicho, en una versión de la Chanson de Roland que lo ignoraba todo sobre el fenómeno jacobeo.
Este episodio épico tiene, a pesar de ello, una relación con el resto de la crónica gracias a unas referencias mínimas al principio del texto que con toda seguridad fueron puestas allí precisamente para unir a esta parte con el conjunto
[ 11 ] . Pero lo que aquí nos interesa no es su contenido, sino la aportación novedosa que leemos al final de la batalla, porque los cementerios donde son enterradas las víctimas de la retaguardia francesa pertenecen también al Camino de Santiago en el país vecino; incluso el itinerario seguido por el ejército en su retirada, dividido en dos a partir de Ostabat, sigue el camino tradicional en tierra española primero, y en suelo francés después
(
PT , cap. XXIX, pp. 49-50). Los cementerios siguen las vías turonense y arelatense, donde en el capítulo V se edificaban las basílicas carolingias, lo que evidencia la voluntad de reforzar estos caminos, del mismo modo que la Compostela del capítulo XIX refuerza sobremanera la Compostela del capítulo V. Así, los muertos yacen en los cementerios de Blaye, Belin, Burdeos (en el camino de Tours) y en el de Aliscans en Arles (en el camino arelatense). Claro está que no todos tienen el mismo nivel de importancia en cuanto al número de cadáveres, pero lo relevante es la evidencia de que existió una clara voluntad de consolidar, en dos etapas, el camino francés de Santiago.
Esto debería poner fin a la historia ficticia de Carlos, el Apóstol, la ciudad y el Camino, pero en la crónica existen algunos textos sueltos que todavía pueden sernos de gran interés. Me refiero, en particular, al episodio protagonizado por Almanzor, el caudillo sarraceno que en la realidad histórica atacó la ciudad de Santiago de Compostela en el año 997, acontecimiento que puede leerse en las crónicas medievales, y que aún en nuestros días está presente en el imaginario popular
[ 12 ] . Una versión de este ataque está presente en los capítulos finales del
Pseudo Turpín , ya sin relación alguna con la campaña carolingia, pero con un fortísimo carácter simbólico. En ella se dice lo siguiente: Almanzor atacó la ciudad de Santiago en una incursión de castigo contra los reinos cristianos, y esta incursión prosigue en un ataque a La Hornija, una localidad castellana
[ 13 ] . En el curso del saqueo en Compostela, los hombres de Almanzor, y él mismo, ciegos por la acción del Apóstol, sólo recuperan la vista, y se detienen sus problemas de vientre, cuando acceden a devolver lo sustraído, tras las explicaciones de un monje cautivo
[ 14 ] :
Haec aegritudine idem Altumaior tactus, omnino etiam excaecatus, consilio ciuisdam capti sui eiusdem basilicae sacerdotis coepit invocare Deum Christianorum in axuilium,his verbis dicens: "O Deus Chirstianorum [...] si me ad pristinam sanitatem revocaveris, Mahummet deum abnegabo et Iacobi magni viri ad patriam rapacitatis causa amplius non veniam. O Iacobe, vir magne, si uteri meo et occulis meis salutem dederis, quicquit a domo tua abstuli omnia restituam! Tunc post quindecim dies, omnibus dupliciter ecclesie restitutis, ad pristinam salutem Altumaior revocatus a patria Sancti Iacobi recedit (
PT , App., p. 58)
[ 15 ] .
La acción de san Román en La Hornija, con consecuencias de carácter irreversible causadas por este otro santo, parece reproducida a partir de la de Santiago
[ 16 ] . Éste es el único punto del
Pseudo Turpín en el que Santiago Apóstol no está vinculado a una acción guerrera carolingia, pero su presencia renueva el mensaje ideológico presente en la crónica desde el principio, y que esta vez adjudica al Apóstol la defensa de la ciudad, la cual, tras el abandono y muerte del emperador, se halla en un estado de franca indefensión que sólo podrá solucionar una cruzada constante contra el infiel
[ 17 ] . Es curiosa la comparación que puede establecerse entre la aparición de Santiago Apóstol al emperador y esta pieza final: en ambos casos, la tumba apostólica se halla a la espera de la acción de un liberador. El apóstol cubre así, por decirlo de alguna manera, un tercer nivel en sus intervenciones.
Frente a todo esto, el tratamiento del Camino de Santiago en territorio español es distinto: tanto en la primera expedición como en la segunda, la tierra española es fundamentalmente un campo de batalla: Pamplona (en ambas expediciones) y Sahagún son los escenarios más importantes, a los que hay que añadir unas extrañísimas batallas casi personales que el emperador libra en Saintes y en Agen, dentro del territorio francés. Otras ciudades, presentes sobre todo en la primera expedición, también tienen un cierto protagonismo, porque resisten, más que las demás, al avance del emperador, pero no está clara la vinculación de todas ellas con el Camino: más bien parecen utilizadas para construir una contestación a la victoriosa expedición que lleva a la conquista de España entera. Estas localidades, por lo demás, comparten su carácter de ciudades españolas junto al elevado número de plazas mencionadas en el capítulo III, y que dan una idea de la magnitud de la conquista imperial.
También es necesario añadir que, frente a los milagros de la caída de los muros de Pamplona y de Lucerna en la primera expedición por invocación al Apóstol, apenas hay presencia espiritual de Santiago en la segunda parte, porque los milagros celebérrimos que leemos aquí, los de las lanzas floridas, y que se producen en Sahagún y Saintes
[ 18 ] , tienen lugar por voluntad de Dios, y no del Apóstol, que parece relegado a puntos muy concretos (ideológicos o espirituales) en la segunda expedición, motivada, además, no por mandato alguno, sino por la simple necesidad de expulsar a los sarracenos del territorio. Lo mismo sucede con el milagro de las cruces en las armaduras de los mártires de Monjardín, localidad situada en la parte navarra del Camino
[ 19 ] . Pero se mantiene, a pesar de todo, el espíritu jacobeo, porque la mayor parte de las plazas y los lugares de combate pertenecen sin duda alguna a la ruta que lleva a Santiago. Así, el autor, o los autores del
Pseudo Turpín en cierto modo utiliza(n) como motivos complementarios presencia apostólica, Camino de Santiago y privilegios e historia compostelanos, como partes indisociables de una misma tradición espiritual.