Para iniciar la búsqueda, proporcione un listado de libros que incluían la alteridad vinculada a la vida cotidiana y la realidad del estudiantado, simplemente como orientación; un listado que podía seguirse como los espacios de una rayuela o bordearse desde afuera descubriendo nuevos hallazgos. Así, en Nit de Reis (Joan de Déu Prats, Edebé, 2000) encontramos el problema de las cuotas y los muros, la violencia xenófoba. La bar-rera que marca el color y el descubrimiento de la propia identidad en Los colores de Mateo (M. López, il. de K. Rogowicz, Everest, 2000). En Me gusta (Javier Sobrino, il. Noemí Villamuza, Kókinos, 2000) encontramos: «Me gusta imaginar que la sangre no mancha la tierra». El desprecio clasista hacia el «otro» en Voces en el parque (Anthony Browne, Fondo de Cultura Económica, 1999). En Uno y siete (Gianni Rodari, il. B. Alemagna, SM, 2001) aparece una preciosa defensa de la igualdad, niños de color diferente y lenguas diferentes: «reían en la misma lengua». El mestizaje de las ciudades lo encontramos en Madlenka (P. Sís, Lumen, 2001). La humanidad que prevalece ante el nazismo en Rosa Blanca (C. Gallaz, il. Roberto Innocenti, Lóguez, 1987) y El niño estrella (R. Hausfater-Douïeb, il. O. Latyk, Edelvives, 2003). En La calle es libre (M. Kurusa-Doppert, Ekaré, 1981) aparece una historia verdadera de las favelas de Caracas, que muestra lo que se puede conseguir trabajando unidos. El tratamiento de la diversidad aparece reflejado en ¿Un canguro en la granja? (A. H. Benjamín, il. J. Chapman, Beascoa, 2000), Lola (Loufane, Símbol Editors, 2001) o Sofia, la vaca que estimava la música (G. De Pennart, Corimbo, 2001). Els nens del mar (Jaume Escala, il. Carme Solé Vendrell, Siruela, 1991) es un espléndido y duro retrato de la rea-lidad de muchos niños y niñas gitanos. Otra cara de la misma realidad aparece en Maito Panduro (Gonzalo Moure, Edelvives, 2001) la historia de una maestra de un barrio de chabolas y cómo un niño gitano y su padre encarcelado (re)descubren a través del dibujo y de la escritura el mundo. Y en Romaníes (Hombres Libres) (M. Osorio, Anaya, 1988) encontramos el siguiente fragmento: «La abuela de Loles no había ido nunca a la escuela». Y cuenta: «-Con lo bonito que tiene que ser eso de saber y no tener que preguntarle a nadie -siguió diciendo la abuela-. Y si tienes que arreglar unos papeles, poder leerlos, enterarte de lo que ponen y que no te puedan engañar. Y no como yo, que cuando me subo en el metro tengo que fijarme en los anuncios para saber por dónde voy y en dónde tengo que apearme».
O libros de historias verdaderas que plantean interrogantes para intentar transformar las dificultades de la convivencia, como el imprescindible Campos verdes, campos grises (Ursula Wölfel, Lóguez, 1997).
Toma de conciencia y LIJ
El boca a boca hizo que el estudiantado conociera el rastro que habían ido siguiendo los demás de la clase, y que se decidiera que, dividida la clase en grupos reducidos, cada grupo dramatizara para los demás su libro, utilizando estrategias distintas: títeres, sombras chinas, pequeñas obras de teatro e, incluso, un cortometraje sobre una leyenda de nuestras comarcas, de transmisión oral, sobre amores frustrados entre una cristiana y un musulmán.
En el proceso, un cambio de actitud evidente se iba produciendo. Henry Giroux expone la necesidad de defender los relatos que no pertenecen a la mercadotecnia de nuestra cultura oficial, ya que la educación de nuestra juventud está relacionada con el futuro colectivo inmerso en estos relatos y expone: «A medida que la cultura todavía no fagocitada por el comercio cae bajo sus fauces, nos enfrentamos a una esfera mercantil en crecimiento que limita profundamente el vocabulario y la imaginería disponible para definir, defender y reformar el Estado, la sociedad y la cultura pública como centros de aprendizaje crítico y desarrollo ciudadano».
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- Había que clarificar la evidente confusión entre LIJ y libros de conocimientos sobre el tema, que utilizan una historia para llegar a la audiencia infantil y juvenil. Teresa Colomer
[ 25 ] pone el dedo en la llaga y señala los problemas principales que en la actualidad existen:
La elección del tema de las obras por presión escolar, por ampliar el público o por efecto de la actualidad informativa, tiene como consecuencia en muchos autores-as la dispersión temática, superficial y casi oportunista plasmada en fórmulas estereotipadas.
Rosa Montero, en la misma línea, destaca: «Detesto la narrativa utilitaria y militante, las novelas feministas, ecologistas, pacifistas o cualquier otro ista que pensarse pueda, porque escribir para dar un mensaje traiciona la función primordial de la narrativa, su sentido esencial, que es el de la búsqueda de sentido. Se escribe, pues, para aprender, para saber; Y una no puede emprender ese viaje de conocimiento llevando previamente las respuestas consigo».
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Se está configurando un espacio cultural de estandarización que anula fronteras y favorece las ventas multinacionales. Destaca Colomer: «Los referentes compartidos no se refieren sólo a los de cada tradición, sino que el problema remite a una cuestión cultural de orden general: el de la atomización de las sociedades modernas, un fenómeno paradójicamente coexistente con la uniformación general».
[ 27 ] Esta investigadora señala los problemas de simplificación de lenguaje que se agravan en las lenguas minoritarias.
Debemos señalar como excelentes ejemplos de libros de conocimientos, por ejemplo, Ostelinda, jo vinc de tot arreu (A. Jiménez y C. Garriga, La Galera, 1998) que nos explica la vida familiar de una niña gitana; Samir (M. Ollé, Onda, 1988) que nos acerca a la vida cotidiana de un niño de Tánger; Gent (P. Spier, Lumen, 1987) donde encontramos: «Es bien extraño: hay quienes odian a los que no son como ellos, Y tan sólo porque son diferentes. No se dan cuenta de que ellos también se verían diferentes si se pudieran mirar con los ojos de los otros»; o Gent de tota mena (E. Damon, Beascoa, 1995) y Un món de creences (E. Damon, Beascoa, 2003).
- Reflexionamos acerca del protagonismo literario en la LIJ de una minoría étnica, que no significa que el libro no incluya elementos que, en realidad, defienden la asimilación, la aculturación o la denigración de las experiencias de las y los «otros».
Maria da Natividade Pires destaca el papel de la LIJ en la sensibilización hacia la diversidad cultural y respecto a la invisibilidad de los grupos minoritarios resalta: «Al no tener representación en los libros, ni en el texto, ni en las ilustraciones, se les aparta del lugar, aunque sea poco privilegiado que ocupan en la sociedad. Si en el arte y en la ficción son invisibles se cumple con el oculto deseo que se da en la vida real [...] La focalización narrativa es uno de los principales medios que influyen en la posición del lector frente al universo narrado. Es importante que los grupos sociales minoritarios, sus valores, sus costumbres, no se nos presenten a través de la perspectiva de la cultura dominante [...] La tendencia paternalista, que exalta los héroes del grupo minoritario o que destaca situaciones como estilos de vida exóticos, es un proceso que coloca a esos grupos como marginales con respecto a las tendencias culturales de la otra cultura. Y esto no sólo puede suceder en el plano de la historia sino también en el nivel del discurso».
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Literatura y compromiso