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CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) 193 CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil)

Los clásicos al alcance de los niños

por Rosa Navarro Durán
CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) nº 193, Mayo 2006

Número de páginas: 3
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Debía concluir la narración con la muerte del héroe y de su amada Carmesina. Bien es cierto que, como no podía contar la historia del adulterio de la emperatriz con el joven Hipólito, iba a omitir precisiones; aunque sí les iba a dejar a ambos el reino, porque, de lo contrario, hubiera faltado a mi lema de la fidelidad absoluta al texto. Omito, como es lógico, muchísimas cosas; pero no añado absolutamente nada; así todos los detalles que figuran en el libro están tomados del original, desde el número de castillos que tenía el señor de Villas Yermas al vestido que llevaba Carmesina para recibir a su amado Tirante, que regresaba victorioso.
¿Qué episodios iba a seleccionar? No podía dejar de contar la batalla de Tirante con el alano (¡qué hubieran dicho Cervantes, don Quijote, el cura y cualquier lector del Quijote!), ni el momento en que el caballero bretón ve por primera vez a Carmesina, en la habitación a oscuras, en donde está recluida la emperatriz, su hija y sus damas, enlutadas por la muerte del amado hijo y hermano. La elección fue fruto a veces de una decisión muy medida; así quise que figurara esa intensificación de la blancura de la piel de la princesa de Francia: «según contaban, cuando bebía vino, se veía pasar el líquido rojo por su garganta»; o, mejor es oír al propio Tirante diciéndoselo al ermitaño: «Os puedo, señor, decir que, como la infanta bebía vino tinto, que su blancura es tan grande que por la garganta le vía pasar el vino, y todos cuantos allí estaban fueron maravillados». La infanta era un personaje que no tenía casi papel en la obra; pero no podía callar tal hallazgo literario; con su presencia en el texto para los niños facilitaba su germinación futura.
Como los límites del libro desbordaban sin remedio las cuarenta páginas obligadas de la versión infantil, tomé la decisión de cortar toda la campaña de conquistas de Tirante en el norte de África. Llevé al caballero y a Placer de mi Vida a esas tierras, aludí a sus muchas aventuras y las sellé con la noticia del éxito de Tirante en su conquista de toda la Berbería y la del matrimonio de la joven con el señor de Agramunte. El paréntesis no afectaba a la relación del héroe con su amada Carmesina ni con el emperador. Quedaban en Constantinopla esperando su vuelta en una situación militar muy comprometida; y para resolverla hacia allá se dirigió Tirante, de nuevo ya en las páginas de mi relato a los niños.
En el Tirante hay unos valores muy actuales, y me interesaba mucho subrayarlos. Por ejemplo, el papel activo de las mujeres: Carmesina interviene en el Consejo de Estado de su padre, y le da dinero a Tirante para sus campañas. La bella e inteligente Agnés tiene su capítulo: es ella la que dará lugar a ese espantoso combate en el que, en vez de armadura, el señor de las Villas Yermas exige a Tirante que lleven finas camisas de tela de Francia, escudos de papel y chapeles de flores: el peligro para los contendientes es enorme, y ha merecido dos ilustraciones magníficas de Francesc Rovira. Ante el terrible desenlace ahí está la desesperada Agnés con su «¡Mirad para qué sirven los combates!», que refleja lo que en realidad dijo a la reina: «¡Veis aquí las honras y grandes dolores!».
En el texto, las batallas son continuas, pero un cansado Tirante, deseoso de vivir en paz con su amada Carmesina, pone fin victorioso a todas ellas. Sólo que su dios no quiso que gozara de ese descanso, y a los lectores nos dejó desconsolados. El héroe es vencedor de tantos combates y batallas no sólo por su valor, sino por su inteligencia -es un espléndido estratega- y por sus condiciones físicas. En su lucha con el gigante Tomás de Montalbán, el narrador nos revela que al joven le duraba mucho el aliento, tenía que coger aire menos veces que sus rivales y, por tanto, se cansaba mucho menos. Esa condición física privilegiada, unida a su astucia, justifica su victoria ante el gigantesco personaje -también nombrado en su momento por el cura del Quijote-, al que Tirante llegaba a la cintura.
Y ese caballero tan valiente tiene amigos y es un tierno enamorado. Los sentimientos ocupan un lugar preferente en el relato de Joanot Martorell; en el héroe, sobre cuyo ánimo el supuesto desamor tiene efectos devastadores; y también en los personajes que le rodean: el cariño del emperador por su hija Carmesina está muy presente en todo el relato y justifica su súbita muerte al verla sin consuelo ante el cadáver de su amado Tirante. El propósito que me guió fue que todo ello quedase en las páginas de la adaptación para que los niños no olvidaran ya nunca a los personajes, y que recordaran a cada uno con su auténtica forma de ser.
Platero y yo
Mi tercera adaptación ha sido Platero y yo, la bellísima y lírica obra de Juan Ramón Jiménez. El principal escollo que esta vez tuve que salvar fue el punto de vista; no podía identificar mi yo con el del poeta porque lo hubiese traicionado, porque se hubiese podido leer mi adaptación como una mutilación del texto. No tuve más remedio que introducirme como narradora haciendo real en el relato el título de la portada «contado a los niños por...»; pero cuidé que esa intromisión pudiera advertirse fácilmente y no «contaminara» el texto; es sólo el enmarque del relato. La selección de los pasajes era mucho más fácil de hacer porque eran independientes entre sí en cuanto a la anécdota contada o el momento vivido; en muchos de ellos mi voz narrativa actúa de marco, los abre y cierra, pero luego dejo el camino libre al texto; introduzco a Juan Ramón como personaje, pero no falseo nunca ni su pensar ni sus palabras. He querido dejar precisamente los parlamentos pronunciados a lo andaluz -pero he incluido la versión escrita correcta junto a ellos- para mantener la atmósfera del relato. Y también he procurado reproducir el lirismo del texto, incluyendo además alguna palabra difícil, junto a una breve perífrasis explicativa.
Es un procedimiento que he seguido en las tres adaptaciones: a veces abro la puerta a alguna palabra clave del original que no es de uso cotidiano, para que los niños amplíen sin notarlo su vocabulario; y digo sin notarlo, porque junto al término pongo una breve explicación. No abuso del procedimiento para que después no sea un obstáculo para la agilidad del relato.
Final
El sistema educativo de este país lleva un rumbo equivocado porque se ha suprimido la Literatura como asignatura independiente de la Lengua en la ESO y se ha reducido a la mínima expresión en el Bachillerato. Pero no se puede cerrar los ojos a esa realidad, que además va acompañada, como muy bien se sabe, de la todopoderosa competencia que la lectura tiene en la televisión.
 
*Rosa Navarro Durán es catedrática de Literatura Española de la Universidad de Barcelona.
Bibliografía citada
El Quijote contado a los niños, por Rosa Navarro Durán, il. de Francesc Rovira, Barcelona: Edebé, 2005.
Martorell, Joanot, Tirante, ed. de Vicent Josep Escartí, Valencia: Tirant lo Blanch, 2005.
Platero y yo contado a los niños, por Rosa Navarro Durán, con ilustraciones de Francesc Rovira, Barcelona: Edebé, 2006.
Poema de Mio Cid, versión de Pedro Salinas, Madrid: Revista de Occidente, 1934.
Tirante el Blanco contado a los niños, por Rosa Navarro Durán, il. de Francesc Rovira, Barcelona: Edebé, 2005.
Número de páginas: 3
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