www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) 183 CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil)

La inmigración en la LIJ actual

por Anabel Sáiz Ripoll
CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) nº 183, junio 2005

Número de páginas: 9
imprimir

Otro conflicto es el cultural y ahí el padre del muchacho de De una a otra orilla siente que su hijo se aleja de él, puesto que aprende cosas occidentales y él no cree ni en la fuerza centrífuga ni en las leyes de la física, sólo en sus oraciones. Y además tiene en muy mal concepto a todo lo que venga de América del Norte. El profesor del niño, enterado del conflicto, también da otra solución y provoca que se le pierda el respeto a su padre cuando le dice: «No olvides que tu padre tiene dentro de él otra fuerza». (p. 88).
Y completa muy bien esta idea de la búsqueda de identidad en el nuevo país, la carta que Amina (Frontera) dirige
a sus padres en la que les di-ce, entre otros aspectos, que valdría la pena leer despacio: «¿Qué soy? ¿Quién soy? Me llamo Amina El Hachmi, nací en Marruecos, soy española desde hace muchos más años de los que pueda recordar, y siempre me he sentido feliz de pertenecer a un mundo aunque viviera en otro». (p. 160).
Una novela que se aleja de lo que decimos, en cuanto a la perspectiva, no en cuanto al tema, es La llamada del muecín, de Helen Keiser. Aquí, la inmigración se produce de manera contraria a como la estamos viendo hasta hora. Es una joven alemana quien se casa con un joven de Bagdad que estudia Medicina en su país. Sibylle, que es el nombre de la chica, acompaña a su marido al país de las mil y una noches y allí pasa a ser Sita,
a la vez que pierde sus libertades: «Todos, incluidos sus suegros, eran amables. Sita no podía quejarse: la mimaban co-mo a una princesa. Con el único inconveniente de que no era dueña de sí misma: la manejaban, la dirigían; de un modo muy discreto; eso sí, pero muy real» (p. 43).
Ahora bien, Sita se acaba integrando y cuando tiene problemas de identidad con respecto a su hija es el suegro quien los acalla: «Y Sita manifestó al padre de Harun sus preocupaciones: quizá hubiera hecho mejor en escuchar a sus padres, no casarse con un oriental y no traer al mundo unos hijos carentes de una identidad precisa, con riesgo de ser despreciados y expulsados por una y otra parte. El viejo señor la tranquilizó:
-No te devanes los sesos con esa idea, hija. Todo depende del lugar donde un niño nace y crece. En Europa y América puede ser diferente porque allí hay discriminación. No así entre nosotros. Aquí la familia tiene más importancia» (p. 142).
Bien, con estas palabras de Harun se nos abre otra polémica: ¿qué civilización conserva los más altos valores? Aquí sí que sembraríamos la discordia y lo mejor es que cada uno analice sus propios comportamientos y aplique a sí mismo el mismo rasero con que mide a los demás.
Tono y persona narrativa. «Una palabra más alta que otra» [ 9 ]
No todas las novelas mantienen el mismo tono a la hora de enfocar el tema de la inmigración. Encontramos tono festivo y cordial en Dieciocho inmigrantes y medio, La reina de los mares o El árbol de los abuelos, o el tono irónico en El paso del Estrecho o El loro de Haydn. En cambio, observamos un tono de crítica, duro, realista y, en ocasiones descarnado, en Furia, Un viento frío del infierno, A punta de navaja, La isla y A cielo abierto. Todo depende del enfoque narrativo que le quiera dar el autor. A menudo la ironía nos sirve como escudo protector, para que podamos cuestionarnos sin dañarnos a nosotros mismos; en cambio el tono realista implica mayor atención a la hora de leer y un toma de posición por parte del narrador y, a la vez, del lector.
Distintas son las edades de los personajes protagonistas. La mayoría son adolescentes, chicos y chicas de 17 a 19 años; aunque, como hemos visto, también acompañamos a niños y niñas más pequeños que viven la inmigración sin entenderla muy bien. Y, por último, aunque no con un papel protagonista, también nos topamos con el personaje del inmigrante adulto (la primera generación de inmigrantes, en casi todos los casos, los padres y las madres de los niños protagonistas).
La tercera persona narrativa es la que más abunda, pero también son muchos los relatos narrados por los propios chicos y chicas (ya sea el inmigrante o un amigo). Claudio, Claudia, Fran, Diko o Sélima son quienes toman la batuta y nos cuentan la historia en sí. A veces aparecen otros recursos como son las cartas, el diario o los poemas. Todo ello enriquece la acción e identifica al autor, porque es lógico que, en una serie amplia de obras, resulta difícil unificar y cada novelista le da su impronta personal a los relatos. Unos resultan más poéticos, otros más directos, algunos son rápidos, otros se remansan en descripciones; en fin, que es un abanico lo suficientemente amplio como para que cada uno encuentre el título que más se ajuste a sus necesidades y gustos. Aquí nos hemos centrado en el texto, pero es obvio recalcar que las ilustraciones forman un todo con el relato y muchas veces depende de la ilustración el primer atractivo para el lector, sobre todo en el caso de los más pequeños. En general, los libros comentados están hermosamente ilustrados y con un punto de sobriedad y contención. Muchos sólo contienen texto.
En dos ocasiones vemos que el narrador no es una persona sino un animal, concretamente un ave: un mirlo y una golondrina. Ambos, desde el aire, cuestionan los comportamientos humanos y se preguntan por muchas tropelías que, visto así, no tienen sentido. La golondrina, en Los amigos de la golondrina, de Alfredo Gómez Cerdá, tiene dos amigos; uno blanco y otro negro y es feliz con ellos y sueña con que un día puedan conocerse, pero, ¡ay!, lo que ocurre es patético y la golondrina no lo entiende: «¡Piel Clara, Piel Oscura, soy yo! -grité-. ¡He soñado tanto con este momento! ¡Sé que vais a ser buenos amigos y eso me hace muy feliz!
Pero creo que no se dieron cuenta de mi presencia. Entonces alguien prendió fuego a las otras dos cabañas que comenzaron a arder con gran facilidad. [...] Piel Clara se abalanzó sobre Piel Oscura y los dos se enzarzaron en una pelea. Se intercambiaban golpes y patadas. Pronto, sus rostros se llenaron de sangre» (pp. 81-82).
El mirlo, en El sueño de mirlo blanco, de Agustín Fernández Paz, imagina que en el mundo de los humanos el «negro» ha de ser el color más valorado, como es el «blanco» en el mundo de los mirlos, pero también se da cuenta pronto de su error y entiende que el mundo de los mirlos es mejor que el de los humanos: «Porque ahora sé que todos los mirlos somos iguales, pero diferentes. O diferentes, pero iguales, tanto me da. Y que aunque las plumas sean pardas, o negras, o blancas, hay cosas más importantes que nos identifican a todos». (p. 72).
Mucho por hacer. «O diferentes, pero iguales, tanto me da» [ 10 ]
No hay respuestas tajantes ni dogmáticas en las novelas que hemos leído puesto que no son ensayos ni manuales, ni fórmulas magistrales, pero sí hay modelos de conducta y formas de comportarse. Se rechaza el racismo, se rechaza la visceralidad de ciertos comentarios que se hacen de manera gratuita en torno al inmigrante, y se invita a la reflexión y a participar en esta sociedad que ha de ser abierta y plural... o no ha de ser.
En suma, las historias que hemos analizado nos pueden ayudar, pueden ayudar a los niños y a los adolescentes a entender el mundo que les rodea, a saber que las diferencias nos hermanan y a no sospechar por principio de todo aquel que es distinto, que tiene otro color de piel, otra lengua, o bien otras costumbres.
Sin duda, en los próximos años, este tema que hoy sólo hemos abierto dará mayor juego en la literatura y, al fin, quizá, en un futuro, ya no se deba hablar de él porque la integración será un hecho consolidado. Ahora bien, algo queda muy claro y es que todos debemos hacer un esfuerzo para lograr esta integración -los políticos, los legisladores, los docentes-, toda la sociedad, incluyendo al propio inmigrante, quien tiene que saber alimentar sus propias raíces sin despreciar las raí-ces de su nuevo pueblo.
Número de páginas: 9
imprimir

NOTAS
  • [ 9 ] ¡Ring, ring!, de Montserrat del Amo, p. 64.
  • [ 10 ] El sueño del mirlo blanco, de Agustín Fernández Paz, p. 72.

¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Domingo, 3 de Agosto de 2008 22:38:23