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CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) 179 CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil)

Historia de las lecturas infantiles. Las aleluyas (Primera lectura y primeras imágenes para niños (siglos XVIII-XIX)

por Antonio Martín
CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) nº 179, febrero 2005

Número de páginas: 4
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Pero lo más importante para nosotros es la función de lectura de estos impresos. Una lectura fundamentalmente visual, en tanto que las primeras aucas y aleluyas transmitían información y ofrecían recreo por el solo consumo de las series de imágenes, que no llevaban textos de ningún tipo. Mientras que cuando el pliego de aleluyas incorporó los textos, éstos fueron fundamentalmente de apoyo, como refuerzo o explicación complementaria de lo que las imágenes contaban. Es así como los textos -generalmente en verso- refuerzan el valor de la aleluya como material de lectura, de modo que ésta constituye el primer escalón en el desarrollo de la lectura voluntaria de muchos niños del xviii y xix.
El hecho es que en las aleluyas hay una lectura de las imágenes y paralelamente una lectura de los textos que las apoyan. Así, evolucionan desde su primer estadio como juego o como catálogo de imágenes curiosas o exóticas, con cierto valor didáctico, al más complejo de una historia que se narra a través de una síntesis de imágenes aisladas -que implica un importante esfuerzo de elipsis, tanto en los autores como en los lectores- en las que se recogen una serie de momentos significativos de la biografía, el relato o la novela que constituye el tema de las viñetas de la aleluya.
Los textos se escriben de forma expresa para acompañar a las imágenes recogidas en las viñetas de la aleluya. Haciendo una valoración optimista podríamos aventurar que ello implica un guionista y un dibujante, tal como hay en el cómic; pero por lo general no era así y muchas veces el auténtico «autor» era el impresor-editor, que tenía la idea, encargaba los dibujos y después redactaba unos textos ad hoc que él mismo o alguno de sus colaboradores versificaba con pie forzado para lograr la rima. En cualquier caso no hay que exagerar la importancia del valor narrativo del lenguaje expresivo de las aleluyas, ni forzar la argumentación para presentarlas como el paso inmediatamente anterior al cómic, como se ha hecho en ocasiones al teorizar sobre este medio.
En realidad, la secuencia narrativa de la aleluya es muy primitiva, debido a que el sistema de representación gráfica que utiliza se basa en «congelar» momentos más o menos cruciales de la narración, en función de su presunta importancia y significación respecto al conjunto de la historia recogida en las 48 viñetas de la aleluya. Pero, generalmente, cada uno de estos momentos concretos que se seleccionan no tienen continuidad, ni en el momento inmediatamente anterior ni en el posterior, no existiendo o existiendo apenas una secuencia narrativa, que en el mejor de los casos tiene una estructura esquemática y elemental, cuando en el mismo periodo el cómic español que se publicaba en las revistas dirigidas a los lectores adultos ya estaba demostrando una absoluta modernidad y un lenguaje expresivo muy desarrollado, que lo hacía equiparable al más moderno cómic internacional de la época.
Es por ello por lo que cuando la aleluya comienza a dar un contenido de historias, ya sean leyendas mitológicas, biografías, relatos históricos, novelas u obras de teatro, los textos situados al pie de las viñetas no sólo cumplen una función recreativa y mnemotécnica -que consiguen las rimas fáciles- sino que, además, refuerzan, explican o complementan las imágenes básicas de la aleluya, que sin estos textos quedarían aisladas y perdidas. No hay más y ya es mucho, pues se trata del primer paso firme en el modo de lectura en el que lo fundamental es ver y mirar.
La importancia de las abundantes aleluyas que se publicaron en España durante el siglo xix radica no sólo en el gran fondo de lectura popular para niños y grandes que suponen, además contribuyeron a crear en la sociedad de la época, sobre todo entre los menos y peor alfabetizados, un estado de receptividad hacia las imágenes -como también lo hicieron las ilustraciones de todo tipo, los papeles de soldados, las fototipias y cromos, las postales, las tarjetas fotográficas, los primeros recortables y todo el acervo de imágenes del último tercio del siglo- que preparó y educó a las gentes del aquel tiempo, y muy especialmente a los niños, en la lectura visual, lo que acabaría por cambiar la perspectiva cultural del hombre contemporáneo.
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