Barrie, ya lo dijimos, pertenecía a una familia numerosa. Cuando quiso ocupar en ella el puesto -y el afecto- del hijo desaparecido, no fue posible. Lo cuenta de modo acongojante en la citada biografía de Margaret. Tan parecida, metáforas aparte, al episodio de Peter Pan en los jardines de Kensington titulado «La hora de cerrar». O al relato de ese episodio que hace más tarde a Wendy en el capítulo llamado «El cuento de Wendy». Un suceso terrible -Peter regresa, volando, a su casa, pero la ventana tiene barrotes, y su madre otro hijo-, del que en el segundo libro dice el autor: «No estamos muy seguros de que esto fuera verdad». Pero quienes hemos leído el primero sabemos que sí lo era. Respecto a lo de los dos libros, ya explicaremos en qué consiste. Verdaderamente hay dos Peter Pan. Todo se contará en su momento.
Tuvo Barrie una esposa, Mary Ansell, joven y atractiva actriz, con la que se casó en 1895. Se separaron sin descendencia. James estuvo enamorado de Sylvia Llewelyn Davies, mujer de un abogado, a la que conoció dos años después de su boda con Mary. Barrie llevaba a los hijos de esta pareja de paseo, les contaba maravillosas historias, y para ellos convirtió los jardines de Kensington en el primer borrador del País de Nunca Jamás. A la muerte del padre, a quien Sylvia seguiría pronto, James adopta a los cinco niños. No había podido ser el hijo que había querido, pero pudo ser padre. Esta vez sería incluso madre de los hijos de otros. Antes de que éstos creciesen -George, Jack, Peter, Michael y Nicholas-, antes de que se convirtieran en personas mayores (como los niños de su libro, transformados en oficinistas, maridos, lores o jueces) por haber abandonado el País de Nunca Jamás, nuestro autor hizo con ellos una mezcla inmortal. Barrie les escribió en 1928: «He crea-do a Peter Pan frotando violentamente a unos con otros, como hacen los salvajes que producen una llama con dos palos. Eso es Peter Pan, la llama nacida de vosotros».
A los 77 años, periodista, orador, autor teatral y novelista célebre, muere este escocés bajito -realmente consiguió no crecer-,
[ 3 ] que fue el responsable de uno de los mas inolvidables personajes literarios de su época. Y quizá de todos los tiempos. Felices aquellos que en este libro vais a conocerle por primera vez. Nunca lo olvidaréis. Dichosos los que volvemos a encontrarlo. Quizá reaprendamos a volar un poquito. Lo justo para dar unas vueltas por el aire de nuestra habitación. Sin que nos vea nadie, claro.
Barrie volvió a Escocia, donde seguramente oyó hablar por primera vez de las hadas. Le enterraron en Kirremuir en 1937, en una modesta sepultura.
Su obra
James Matthew Barrie escribió primero narraciones sobre su tierra natal, y publicó en 1891 su primera novela: The Little Minister, la cual sería adaptada al teatro. Éste fue una de sus pasiones. Los triunfos que obtuvo en la escena han sido eclipsados por su Peter Pan, cuento, libro posterior más amplio, y versión teatral, de que hablaremos luego en concreto.
Entre sus mayores éxitos están The Wedding Guest (1900), Quality Street (1901) y El admirable Crichton (1902), comedias sentimentales, ligeras como el polvillo de las alas de un hada, donde el amor y el paso del tiempo desempeñan un papel decisivo. Después de varias comedias breves, se despidió del teatro en 1904 con The Boy David, una obra radicalmente distinta sobre el personaje bíblico. Y con el nombre de su hermano muerto jamás olvidado. Margaret Ogil-vy (1894) fue su más celebrada obra narrativa. Sentimental Tommy (1896) y Tommy and Grizel (1900) son dos novelas que se continúan, con un personaje central que «amaba tanto ser niño, que no podía crecer».
Y hablemos ya de la que fue su famosísima creación.
Peter Pan
Pan es el dios de los pastores y rebaños, perteneciente al cortejo de Dioniso en la mitología griega. Tiene medio cuerpo de cabra
[ 4 ] y toca la flauta. En Roma se le identifica con Silvano, el dios de los bosques, y con Fauno, rey de florestas, también distinguido tocador de flauta, que tiene un poder muy influyente en los sueños. Hemos de pensar que si en muchas de sus características míticas Peter es directo heredero de tales criaturas, no comparte su mismo afán lascivo por la posesión de ninfas y demás elementos femeninos de su campo de acción. ¿O sí? La representación de Peter como «la juventud y la alegría» (así contesta al capitán Garfio cuando en la pelea final le pregunta quién es) si enlaza bastante al personaje con su antepasado mitológico.
En 1902 escribió Barrie un libro de relatos maravillosos, inspirados fundamentalmente en leyendas escocesas, titulado The Little White Bird.
[ 5 ] De ahí extractó su primera narración sobre Peter, Peter Pan en los jardines de Kensington (1906), publicada con exquisitas ilustraciones de Arthur Rackham -que incluso se autorretrató caricaturizado en la figura de un duendecillo que se esconde tras un tulipán-, y en 1911, Peter Pan y Wendy, texto que dio lugar a una versión teatral que todavía hoy se representa con éxito. En 1928, la obra teatral se publicó también en forma de libro.
Comenzar a hablar de Peter Pan por Wendy y su familia, «que viven -of course- en el número 14», sería como empezar a vestirse por el sombrero. La frase es muy parecida a una de Barrie que se encuentra en el capitulo 11 de su primer libro sobre Peter Pan. Podemos reproducir las frases consecutivas a la que glosábamos: «... Peter ha existido desde hace mucho tiempo, aunque siempre tenga la misma edad, lo que en definitiva tampoco importa mucho. Peter no tiene más de una semana y, aunque nació hace mucho, no ha celebrado nunca un cumpleaños, ni probablemente lo celebrará. La razón de ello es que dejó de existir cuando tenía siete días. Huyó por la ventana y regresó volando a los jardines de Kensington».
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En este primer libro, encantador y bastante triste, hay un precioso mapa de los jardines dibujado por Rackham, que todo niño debe consultar para conocer su geografía fantástica. Lástima que posteriores dibujantes no hicieran lo mismo con el País de Nunca Jamás. Pero menos mal que todos lo tenemos bien impreso en nuestros sueños infantiles.
Allí Peter reaprende a volar, vive con los pájaros, atraviesa el río Serpentina gracias a un billete de banco que echó al agua el poeta Shelley,
[ 7 ] conoce a las hadas, se convierte en su orquesta, y decide prescindir de las madres en un capítulo estremecedor. Pero, en el fondo, busca sustituirlas por ninfas que acceden a vivir con él. ¿Busca Peter una madre o una pareja?
Maimie, la niña de este libro, prefigura a Wendy, y de ella Barrie utilizará elementos como la casita construida a su alrededor y la confusión entre beso y dedal, pero su separación es más dolorosa. Por fortuna, Wendy llegaría, y las Wendys sucesivas, la hija, la hija de la hija de Wendy, irán a hacer la limpieza primaveral a casa de Peter. No todas las primaveras, porque él es muy desmemoriado y hay años en que se olvida de ir a buscarlas. Eso ya pertenece al segundo libro.
Del primero nos quedan aún por señalar algunas cosas, aunque no todas, claro. Que los vientos tienen color. Que Peter ya es un solitario desde el principio (aquí ni siquiera tiene a los niños perdidos), pero «a veces se caía y rodaba como un trompo de pura felicidad». Que las hadas nunca hacen nada útil (ya sabremos luego que por cada niño que no crea en ellas morirá una, aunque pueden escapar a la muerte si otro niño afirma su fe), y que se pinchan el cuello para conseguir tinta con su sangre azul. Que el perro San Bernardo de Barrie se llamaba Porthos, igual que uno de los tres mosqueteros. Y que las golondrinas son las almas de los niños muertos.