El Rapto de Europa

La encrucijada energética. Editorial

El Rapto de Europa nº 10, Mayo 2007

La idea de “futuro”, como sinónimo de progreso, ha derivado desde el optimismo de la revolución científico-técnica y los primeros ordenadores a inicios de los setenta, hacia una especie de cuenta atrás planetaria en la que suben los grados térmicos mientras disminuyen y se encarecen las reservas de combustible; con una población mundial que, ajena a todo ello, sigue su inexorable y amenazador crecimiento.

Las ideologías han dejado de articular el diseño social, y gobernantes y ciudadanos tratan de conciliar políticas y relaciones internacionales –en medio de nuevos escenarios bélicos– con la necesidad de asegurarse el abastecimiento de combustibles en esta última fase de un modelo de desarrollo que se agota.

Por otra parte, parecen volver los tiempos oscuros en los que las religiones recuperan la preponderancia de antaño, no sólo como consuelo y guía de creyentes y coartada de guerras, sino además como precipitadoras de identidades en conflicto (o que simplemente se desconocen y tergiversan) y mañana, probablemente, como heraldos de un Apocalipsis a la vuelta de la esquina.

Y mientras, se vuelve la mirada con recelo, J. Lovelock incluido, hacia la energía nuclear para cubrir una etapa de transición energética que permita reducir las emisiones a la atmósfera y alivie la dependencia de países exportadores, países que “casualmente” están en zonas de conflicto y guerra; pero una energía que deja en herencia a futuras generaciones cementerios nucleares con fecha de caducidad radioactiva de miles de años, sin que tengamos legitimidad para ello.

Europa, que ya no es el centro del mapamundi , trata, sin demasiada convicción, de reducir dependencias, diversificar fuentes, llegar al 2020 con un 20% de energías renovables y aumentar la eficiencia energética. Y pronto se verá obligada a apretarse el cinturón del ahorro, sin, eso sí, “comprometer un crecimiento” que en todo caso va muy por detrás de las nuevas potencias emergentes que componen el selecto club de los BRIC.

En España los movimientos de capitales en pos del control de algunas de las principales empresas del sector, se han adelantado a la puesta en marcha de una política energética responsable, que tenga en cuenta los previsibles escenarios futuros. Se tendrán que afrontar medidas impopulares de encarecimiento de precios, una mayor atención a los países del Golfo Pérsico –nuestros principales proveedores–, mucha “diplomacia” con nuestros conflictivos vecinos del sur, y abrir un nuevo debate social sobre la moratoria nuclear, además de un decidido impulso a las energías renovables y al ahorro en todos los sectores y actividades.

Antes de que “salten los plomos” de nuestra civilización es ya ineludible exigir a gobernantes y al concierto desafinado de naciones un plan global y todo el esfuerzo necesario para volver a la senda de la responsabilidad que sea garantía de vida futura.

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