Ciertamente eran los tiempos en que Tarradellas, decía, por ejemplo, y llevaba razón, que Cataluña no es la Mancha, y que los "autonomistas" de algunas regiones cabían en un taxi. Eran también los tiempos en que para quitarle fuste político e histórico a la recuperación de la Autonomía singularmente en Cataluña y el País Vasco, se pensó por algunos que la solución era tirar a la baja y repartir " café para todos ".
A Tarradellas, que era el presidente de la Generalitat en el exilio, Suárez lo trajo a España a los pocos días de las elecciones de junio de 1977. Si aquí ya estaban ocupando un escaño de diputados en el Congreso, Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, la Pasionaria, dirigentes históricos del Partido Comunista desde la guerra civil, el Honorable no era evidentemente ningún peligro. Así que el 29 de septiembre de 1977 el gobierno de UCD (Unión de Centro Democrático) pudo dictar el Decreto Ley de restablecimiento provisional de la Generalitat.
El significado de este hecho, no puede describirse de ningún modo asociándolo a la voluntad de establecer lazos con la tradición democrática y republicana. Más bien estaba asociado a otro hecho, que referiré mas adelante, en el que se expresaba no sólo la fuerza de la autonomía, sino el enorme vigor democrático de la sociedad catalana que en las elecciones de 1977 había dado la victoria a las fuerzas de izquierdas señaladamente el PSC (Partit dels Socialistas de Catalunya) y el PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya) que querían autonomía para Cataluña y democracia para toda España
[ 13 ] . No eran Tarradellas, ni su Generalitat en el exilio, ni el símbolo, ni la punta de lanza de lo que estaba ocurriendo. "
Ya soc aquí " dijo. Pero la fuerza democrática ya estaba aquí.
Hechos significativos descubren que las causas que llevaron a la generalización del sistema autonómico eran profundas y afectaban a todo el territorio del Estado.
Por una parte, la indudable fuerza de la reivindicación autonomista sobre todo en Cataluña, sustentada no solo por las fuerzas nacionalistas, que actuó como punta de lanza en el renacer de la diversidad cultural y lingüística de los pueblos de España y del necesario reparto del poder territorial del Estado. El 11 de septiembre de 1977, un millón de personas se manifestaron en Barcelona en demanda de una Autonomía que era parte de la recuperación de la libertad y de la democracia en toda España. Este es el hecho que antes anuncié. Hizo ver a Suárez que el simbolismo del " Ya soc aquí ", a él debido, podía operar para oscurecer el símbolo de la lucha por la democracia y la autonomía de los que estaban aquí.
En el País Vasco, la manifestación era continua aunque en ella pesaba mucho más la solicitud de Amnistía. El independentismo nacionalista vasco no se sentía vinculado a la tarea de la recuperación de la democracia en España; más que contra la dictadura, luchaban contra Madrid por su independencia aunque esta entonces era sólo una nebulosa mientras que la perspectiva autonómica una realidad potente. A ella se enganchó el PNV (Partido Nacionalista Vasco) -que había participado en los organismos unitarios contra la dictadura- y así, aunque se abstuvo en el referéndum constitucional, fue el principal beneficiario político del nuevo Estatuto de Autonomía.
Por otra parte, actuaba como causa el verdecer de un nuevo regionalismo , en el que el atraso económico era un poderoso factor de impulso. Los datos decían, para el caso andaluz por ejemplo, que durante las décadas de 1960 y 1970, época del desarrollismo gobernado por el centralismo, cerca de millón y medio de andaluces habían tenido que emigrar de su tierra. El andalucismo también podía acudir a antecedentes históricos y personalidades emblemáticas, Blas Infante en el que la defensa de la región y de España iban a la par. Y Andalucía no era una excepción; por ejemplo, en Castilla-La Mancha, medio millón de personas se habían visto emplazados a tomar la senda emigratoria en esas mismas décadas.
Es perfectamente lógico pues que si la democracia española trataba de reconocer la posibilidad de autogobierno dentro de la unidad, y que ésta conllevara un reparto del poder territorial, todos los pueblos de España y no sólo unos pocos participaran en la fiesta.
La generalización de las Autonomías, no fue pues -por encima de las apariencias de hechos ciertos- el resultado de un "golpe de mano". La democracia conllevaba las Autonomías; venía a responder a razones profundas de índole histórica, política, económica, cultural y social, aunque todos estos ingredientes estuvieran mezclados en distinta proporción en cada una de las 17 Comunidades Autónomas en las que finalmente se estructuró todo el territorio del Estado, más Ceuta y Melilla, como ciudades autónomas.
Si en unas, por ejemplo, la opresión cultural y lingüística y la recuperación de unos derechos políticos tenía la mayor importancia como causa de la Autonomía; en otras destacaba como razón la necesidad de salir de la marginación social y económica y lograr derechos que nunca antes se tuvieron. Baste decirlo así esquemáticamente. Aunque también podría añadirse, como plantea frecuentemente el Presidente de Castilla-La Mancha José Bono, que debe considerarse opresión cultural, provocada por el centralismo, haber mantenido en las regiones del centro geográfico, donde solo se habla la lengua de Cervantes, un alto grado de analfabetismo.
Repartir territorialmente el poder formaba parte de una modernización necesaria en la España postfranquista y, miren por donde respondía, sin buscarlo, a un nuevo signo de los tiempos: los grandes Estados nacionales en crisis tendrían que abrirse a esta perspectiva.
Pero tras la aprobación de la Constitución , y antes de admitir que el camino a seguir era la generalización del proceso autonómico hubo también retranca.
Se proyectó, por el Gobierno de UCD, restringir las Autonomías. Había que empezar limitándolas a País Vasco y Cataluña. Incluso se postergaba a Galicia, una de las tres nacionalidades históricas a las que la Disposición Transitoria Segunda de la Constitución había allanado extraordinariamente el camino para el restablecimiento de su Autonomía y hacerla plena en el nuevo marco constitucional. Si los Estatutos Catalán y Vasco, se aprobaron a los pocos días del referéndum Constitucional, el Gallego hubo de esperar al 6 de abril de 1981, para su aprobación por la Ley Orgánica 1/1981 de esta fecha.
En paralelo se intentó cerrar el camino a la vía rápida de acceso a la Autonomía establecido en el art. 151 de la Constitución, emprendida por algunas Regiones: Andalucía, País Valenciano, Canarias.
Pero Andalucía lo consiguió en diciembre 1981, y quien se había puesto enfrente (mejor dicho: quién había mantenido posiciones contradictorias, ambiguas, vacilantes), el gobierno de UCD, aceleró su disgregación como partido. Desde luego esta conquista basada en una extraordinaria participación popular, expresada también en votos y manifestaciones, fue decisiva para marcar la dirección y el camino a la generalización de las Autonomías.
[ 14 ]
El camino había quedado más libre cuando fracasó el golpe de Estado del 23 de Febrero.
Más libre aunque no existiera un proyecto acabado y bien definido de cómo iba a ser la España Autonómica: así lo había revelado el caso andaluz. Aquí tampoco hubo un proyecto de "ingeniería política" diseñado y ejecutado con precisión, sino configuración progresiva en la que intervenían muchas voluntades, algunas no previstas en los títulos de crédito de la película.