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La cultura pasa por aquí
Quórum 8-9 Quórum

Antecedentes para un debate actual sobre la unidad de España. Ruptura y engarce con la tradición: Identidad nacional

por José Sanroma Aldea
Quórum nº 8-9, primavera 2004

Número de páginas: 6
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Peter Burke se pregunta porqué algunas culturas parecen más propensas a recordar el pasado que otras; y después de aludir a la indiferencia de los indios por el pasado y al extraordinario interés de los chinos por el suyo, se responde: " Con frecuencia se dice que la historia la escriben los vencedores. También podría decirse que la olvidan los vencedores. Ellos pueden permitirse olvidar, mientras que los derrotados no pueden olvidar lo que ocurrió y están condenados a cavilar sobre ello, a revivirlo y a pensar en lo diferente que habría podido ser ". [ 9 ]
¿Qué resultaría si aplicáramos este parámetro para medir la intensidad del afán de los españoles por mirar hacia su pasado u olvidarlo?
Es atrevimiento por mi parte esbozar una respuesta, pero lo hago porque interesa al objeto que estamos tratando; diría, en primer lugar, que la posición de vencedores o derrotados la hemos de referir no sólo a la historia de la confrontación con pueblos extranjeros, sino a la confrontación interna social, ideológica y territorial, a las guerras civiles, que hemos padecido; en segundo lugar, que los españoles nos parecemos unos, o a veces, a los chinos y otros, o a veces, a los indios; y, en tercer lugar , que predomina una conciencia mítica sobre nuestra historia no depurada por la educación pública, a pesar de que en España hay un buen número de buenos historiadores, que discuten con afán entre ellos mismos sobre qué verdades históricas han de incorporarse a la cultura política democrática.
Pero, por encima de estas apresuradas conclusiones, diría que, en todo caso el franquismo -hoy derrotado, aunque sus secuelas en un cierto nacionalismo españolista, aún permanecen- derrotó y condenó al olvido a la democracia española -no a Cataluña, no al País Vasco- y que ésta derrota conllevó la de todo lo demás. Para mí esta es una clave, no solo para interpretar el pasado sino para que los españoles comprendan el presente y el futuro del Estado democrático y autonómico, cuyo origen está en esa transición -más míticamente comprendida que explicada con razones políticas-, sobre la que una y otra vez volvemos, porque aún, a ciencia cierta, no sabemos bien qué hicimos y cómo lo hicimos; aunque algunos parecen tenerlo muy claro. Para las generaciones jóvenes que no la vivieron, en buena parte les resulta ininteligible, mas ¿qué hay de maravilloso y encomiable en aquello si todos estaban de acuerdo en lo que había de venir?
Américo Castro, otro historiador español al que ya he citado, compuso todo un libro al que dio el título de " Sobre el nombre y el quién de los españoles ", en cuya primera parte mostraba las " razones y motivos " de esta palabra "español", palabra paradójicamente extranjera; en la segunda parte se ocupaba de cómo los españoles llegaron a serlo. Finalmente hizo preceder la tercera con la siguiente frase: " El descubrimiento de la auténtica historia de España tuvo lugar en medio de tales sufrimientos, que a veces pienso si no me hubiera valido más continuar envuelto en la bruma de mi ignorancia ".
En 1972, añadió un post scriptum: "porqué los españoles se resisten a serlo" que aún nos sirve: " Los jóvenes españoles ignoran que las expulsiones, emigraciones y contiendas civiles, han sido motivadas por circunstancias mal explicadas en los libros, y que los separatismos españoles -reprimidos o atajados por la fuerza- derivan de motivos muy lejanos de modos de conducirse la gente peninsular y de circunstancias históricas o desconocidas o no puestas de relieve con fines constructivos y remediadores ".
¿Acaso podemos pensar que más nos vale seguir envueltos en las brumas míticas de aquella transición en lugar de descubrir su auténtica historia? ¿Acaso los jóvenes no necesitan conocer las raíces de la evitable contienda social a la que empuja el nacionalismo independentista que se apoya en la violencia terrorista?
Peter Burke, al que he citado antes, escribió: " Aunque el pasado no cambia la historia debe escribirse de nuevo en cada generación para que el pasado siga siendo inteligible en un presente cambiante ".
Si tratamos de enlazar a las generaciones actuales con las que vivieron la transición, la tarea esencial para forjar una cultura política democrática está aún pendiente en buena medida.
AUTONOMIA ANTES Y DESPUÉS DE LA CONSTITUCIÓN

Autonomía ha sido en nuestra historia reciente y en la evolución de la cultura política de los españoles una palabra clave : con ella y desde la realidad que expresa, se abrió España a configurarse como un Estado en el que existe una distribución territorial del poder legislativo y ejecutivo.
" Autonomía " es y probablemente seguirá siendo una palabra clave en nuestra cultura política. Aunque ya no evocará los mismos sentimientos ni nos emplazará a las mismas tareas que en aquellos momentos en que comenzó a tomar un nuevo protagonismo en la vida pública española aproximadamente hace 25 años (¡ahora de casi todo hace 25 años!).
Surgió, como un fantasma que infundía pavor al régimen franquista, cuando en noviembre de 1971 la Asamblea de Cataluña, formada en la clandestinidad por todos los grupos de oposición, incluyó en su programa el restablecimiento del Estatuto de Autonomía aprobado en la 2ª República. Aún se mantenían en el exilio la Generalitat de Cataluña y el Gobierno Vasco; pero para la mayoría de los españoles, incluidos vascos y catalanes, autonomía era una palabra que no formaba parte de sus recuerdos vivos ni de su vocabulario.
Pero Autonomía se convirtió pronto, y aceleradamente en el clima de la transición política de la dictadura a la democracia, en una palabra hermosa con una fuerza grande de evocación del pasado y de ilusión sobre el futuro. Se asociaba a la recuperación de la libertad. Alimentaba la idea de las libertades públicas, cívicas y personales, y no sólo la recuperación del derecho de tres nacionalidades históricas que plebiscitaron sus Estatutos en el régimen político republicano. " República " era entonces (hoy ya no lo es, tanto quizá porque se la excluye del vocabulario políticamente correcto) una palabra inquietante; y la vinculación de una y otra podía producir una reacción química explosiva. No hubo lugar. Pero ya quedó avisado que democracia y autonomía vendrían juntas al igual que sucedió en la 2ª república , y que sus vidas estaban llamadas a marchar en paralelo, también como entonces.
Por ello "Autonomía" -esa palabra hermosa- también excitaba muchos ánimos en contra , señaladamente de los adversarios del proceso democratizador, y no sólo antes, sino también después de la fecha de aprobación de la Constitución.
Se podría citar una larga lista de significados políticos del anterior régimen, incluyendo algunos que han permanecido en activo, e incluso alguna personalidad de extraordinaria relevancia de la política española actual cuya edad no le permitió ocupar cargos en la dictadura, para los cuales el régimen de autogobierno autonómico encubría el separatismo y arrastraría a España al abismo de la desintegración (Está claro que tal catástrofe anunciada no se ha producido y esperemos que no se persista en hacer realidad el pronóstico). Por el contrario sí pudo, en cambio, tener lugar entonces una confrontación terrible, auspiciada desde aquellas ideas, a tenor de las cuales si se tocaba la "unidad de España" que habíamos heredado de los Reyes Católicos y de Franco, había que " hablar con ira ". Después en febrero de 1981, algunos de estos echaron mano a las pistolas. ¡De nuevo en nombre de España y de su unidad estaban dispuestos a romper la vida de los españoles y a despertar el "carácter nacional" expresado en el garrote!
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NOTAS
  • [ 9 ] Peter Burke, Formas de Historia Cultural, Alianza Editorial 2000, pág. 79

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